California: el Parque Yosemite no cierra por mal tiempo

Un clásico veraniego, esta pionera entre las áreas protegidas también tiene mucho para mostrar en invierno
Un clásico veraniego, esta pionera entre las áreas protegidas también tiene mucho para mostrar en invierno
Julieta Bilik
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11 de marzo de 2018  • 00:00

Es el parque de los árboles más antiguos y más grandes del mundo. Es el que le da la toponimia a los sistemas operativos de las computadoras de Apple. Y el que alberga el gran mito para escaladores y alpinistas.

En verano es uno más populares de Estados Unidos y aunque en invierno hace un poco de frío, brinda oportunidades para ser redescubierto, aunque puede llegar a nevar, porque el paisaje se transforma y el letargo colabora con la más pura de las contemplaciones.

A 320 kilómetros de San Francisco, el Parque Nacional Yosemite fue una reserva natural pionera. Más precisamente, el segundo parque nacional en ser declarado en Estados Unidos. En 1890 y gracias a la intervención de John Muir, científico escocés que estudiaba la zona, el gobierno federal decidió retirar de la venta las tierras que lo componen con el fin de proteger su ecosistema. Es que las secuoyas que lo habitan, esos árboles inmensos, que pueden llegar a medir 115 metros de altura (casi lo mismo que dos Obeliscos), son de esas maravillas naturales que impresionan y con su inmensidad se logran imponer. Incluso, sobre la urbanización y la explotación de tierras.

Patrimonio de la Humanidad desde 1984, la biodiversidad que ofrece este parque es inconmensurable. En ese contexto, el valle Yosemite es solo una parte del espectáculo natural que incluye atracciones naturales como la Cascada de Fuego -que entre el 15 y el 26 de febrero se hace visible por el reflejo que genera la posición del sol-, el Grizzly Giant -una sequoia de 1800 años que hasta la primavera no puede visitarse porque están cerrados por reformas los accesos al Bosque Mariposa-, el Lago Espejo, el Pico del Águila o vistas panorámicas como Glacier Point y Tunnel View.

Con una oferta al aire libre variada y para todos los niveles de exigencia, se destacan las caminatas (hay señalizadas que toman desde 10 minutos y hasta 9 horas con diversos grados de dificultad), la escalada, los paseos en bicicleta, el avistaje de árboles y aves, y las estrellas del invierno: esquí de fondo, patinaje y snowboard.

Temporada baja

No todo hiberna durante la temporada fría. Y si bien hay sectores del parque que cierran por las heladas, la nieve y los caminos congelados, es mucho lo que se puede recorrer con la ventaja de cierta privacidad y menos amontonamiento que en primavera y verano, las estaciones más populares.

Sin embargo, para pasarlo lo mejor posible (en sus momentos más crudos las temperaturas pueden alcanzar varios grados bajo cero) es recomendable llevar ropa térmica y calzado para la ocasión, así como no olvidar los pilotines de lluvia ya que quizás llueve o ¡nieve! Pero a no desesperar porque si es el caso, dentro del parque hay actividades bajo techo, como la visita a distintos museos.

Imperdible para aficionados de la fotografía, la galería Ansel Adams recupera las imágenes del legendario fotógrafo californiano que inventó el sistema zonal (mediante el cual se establece una relación entre lo que el ojo ve, lo que el fotómetro de la cámara mide y cómo se imprimirá en el papel) y lo inmortalizó con los imponentes paisajes de Yosemite.

Con entrada gratis, está en la zona del Valle e incluye obras de otros artistas, además de una suculenta tienda de regalos. También se puede visitar el museo Yosemite, que describe desde un perfil antropológico cómo fue poblándose el Valle a través de la muestra de objetos de sus primeros habitantes.

Otro de los recomendados son las caminatas que organiza el propio parque con guías locales que, en lapsos de dos horas, hacen recorridos para dar detalles, información y anécdotas sobre árboles, aves y otras especies. Además, hay salidas fotográficas, clases de escalada y montañismo seguro, conciertos nocturnos y proyección de películas alegóricas. La info detallada de la temporada está en la guía que entregan cuando se ingresa al Parque. ¿Lo inevitable? Completar la agenda hasta las cinco de la tarde cuando empieza a caer la noche.

Más allá del Valle, hay infinitas ofertas para los que cuenten con movilidad propia: hoteles con spa, más museos, cervecerías artesanales, viñedos, canchas de golf, más caminatas, más cascadas y atracciones a la medida de todos los gustos. Definitivamente, un lugar para tomar aire y visitar.

Para llegar

Ni tan lejos ni tan cerca, los casi 400 kilómetros que separan Yosemite de San Francisco pueden ser un dolor de cabeza. Pero hay tres opciones posibles para subsanarlo: la primera es alquilar un coche, que en Estados Unidos es muy accesible (solo piden licencia de conducir y tarjeta de crédito), pero hay que tener en cuenta que a medida que la ruta se acerca al parque se vuelve sinuosa como las de montaña y en invierno es posible que se necesiten cadenas si está nevado (no dejan ingresar vehículos sin ellas a partir de mediados de diciembre) o que la lluvia lo complique aún más al volverlo resbaladizo.

Además, hay un pequeño detalle a tener en cuenta: dentro del parque es casi imposible cargar nafta así que mejor llenarlo con anticipación.

La segunda opción es el transporte público: Yarts es el sistema de buses que lo provee y llega al parque desde cuatro centros urbanos cercanos: Merced, Fresno, Mammonth Lakes y Sonora. Cuesta entre 2 y 32 dólares, según dónde uno elija subirse y hasta qué parada del parque ingrese, y tiene los itinerarios con los horarios publicados en su web: yarts.com. La tercera posibilidad es contratar los tours que incluyen -además de transporte- guías especializadas y alguna caminata. Hay muchos y de variados términos, entre las empresas que los ofrecen se destacan Extranomical.com y Green Tortoise Adventure Travel. Es cuestión de bucear en sus páginas y optar por el más acorde.

Un dato: San Francisco puede no ser el único origen para elegir Yosemite ya que desde Los Ángeles hay solo 500 km de distancia y de Las Vegas, 547. Por eso para quienes quieran hacer un paréntesis en sus típicas vacaciones urbanashay varias opciones para elegir.

Dónde hospedarse

Lo ideal es quedarse -al menos- una noche dentro de Yosemite para contar con dos días completos y lograr recorrer algunos de sus 3081 km² de superficie. Por ubicación y cercanía con el valle y las atracciones más populares hay dos hospedajes recomendados. Uno es un mito. Se trata del hotel de madera y piedra que solía llamarse Ahwahnee y fue rebautizado como Majestic.

Inaugurado en 1927, entre los miles de huéspedes que ha recibido se destacan John F. Kennedy, Barack Obama, la reina Elizabeth y Walt Disney. Un clásico, si no se elige para pasar la noche dado lo suntuoso de su precio igual es posible -y recomendable- circular por sus jardines y espacios públicos (hall, lobby y algunas habitaciones en exhibición) y tomar una copa en el bar o hasta disfrutar de su brunch de domingo. También se puede participar de uno de los tours guiados y gratuitos.

Con valores más accesibles, Yosemite Valley Lodge ofrece habitaciones espaciosas y con privacidad; un gran comedor con minutas variadas y un drugstore bien provisto para sentirse como en casa. Además, cuenta con una ubicación estratégica en el trayecto del shuttle -gratuito- que atraviesa el valle y que a lo largo de 20 paradas acerca a los visitantes a los puntos clave para iniciar caminatas y paseos; y que en verano cuenta con un servicio especial para acceder a El Capitán: el desafío por excelencia para los escaladores septentrionales.

Datos útiles

El Parque: Yosemite está abierto todos los días del año, excepto que haya problemas de acceso en sus rutas por imprevistos climáticos. El precio de la entrada es de 30 dólares por auto y es válido por siete días consecutivos. Si se ingresa en un tour el costo desciende a 15 dólares por persona. Más información en yosemite.com, incluidas las actividades diarias y el estado actualizado de los accesos.

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