Un tesoro que llega desde el Medioevo

Verónica Chiaravalli
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11 de marzo de 2018  

La edición bilingüe y anotada de Lancelot y Elaine, de Alfred Tennyson (Dedalus), coordinada por Susana G. Artal Maille, con traducción de María Inés Castagnino y Susana V. Caba y supervisión de Ana Inés Aldazabal, es un pequeño tesoro.

Una de las pasiones medievalistas de Artal Maille consiste en rastrear los modos de circulación de leyendas y relatos del Medioevo a través del tiempo, y su influencia (muchas veces solo visible para el ojo experto) en distintas y sucesivas manifestaciones artísticas y culturales. Si bien, en sus estudios preliminares a la obra, las investigadoras señalan que el interés por Tennyson menguó durante gran parte del siglo XX en los ámbitos académicos o eruditos -distanciados del romanticismo cultivado por el poeta y seducidos por las vanguardias-, a la vez que su repercusión fue débil en los países hispanohablantes, también destacan la perenne presencia del mundo artúrico en el imaginario popular y su huella en creaciones contemporáneas, como el cine y la comedia musical (o la novela policíaca de Agatha Crhistie).

Un estímulo para el equipo que realizó este rescate literario fue el descubrimiento de las escasas traducciones existentes en castellano de los Los Idilios del Rey (de los doce poemas que integran el libro, "Lancelot y Elaine" es el séptimo), pieza crucial en el "revival artúrico" que tuvo lugar en la Inglaterra victoriana. Esta nueva edición, además de trabajos esclarecedores de Artal Maille, Castagnino, Caba y Aldazabal sobre el contexto histórico y literario de la obra, incluye las versiones, también bilingües, del poema "The Lady of Shalott" -en el que Tennyson se ocupa por primera vez del personaje de la damisela- y de la novella LXXXII de Cento Novelle Antiche, anónimo italiano de fines del 1200, y una de las principales fuentes de inspiración para el escritor británico.

El poema recrea las desventuras de la doncella Elaine, que muere de amor por el maduro caballero Lancelot, incapaz de corresponderla pues su corazón, partido entre la lealtad y la pasión, pertenece a su reina, la esposa del rey Arturo a quien el caballero sirve como uno de sus mejores hombres. La metáfora sobre la desmesura en el ansia de pureza, que los críticos encuentran en el poema, pasa del campo de lo simbólico al de lo literal cuando la reina infiel, al ponderar las virtudes rayanas con la perfección que su noble marido cultiva y exige a sus caballeros, confiesa lo que sigue (dando, de paso, alguna clave acerca de la naturaleza de la pasión erótica): "para mí es puro defecto quien no tiene defecto alguno; pues quien me ame debe tener un poco de tierra".

Lancelot y Elaine. Alfred Tennyson, Dedalus

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