Suscriptor digital

La medida de todas las cosas

Nora Bär
Nora Bär LA NACION
(0)
9 de marzo de 2018  

Científicos de todo el mundo trabajan contra reloj para acordar la mayor revisión del sistema internacional de unidades de medida desde su creación, en 1960. Ocurrirá entre el 16 y el 20 de noviembre, en la Conferencia General sobre Pesos y Medidas de París.

En lugar de basarse en objetos materiales o definiciones arbitrarias, cuatro de esas unidades serán redefinidas a partir de constantes fundamentales de la física. Por ejemplo, actualmente el kilogramo patrón es un cilindro de platino e iridio, que se guarda en la Oficina Internacional de Pesas y Medidas de Sèvres, cerca de la capital francesa. El problema es que se vio que no es inmutable: algunas copias oficiales ganaron alrededor de 50 microgramos en un siglo. Por eso, desde mayo de 2019, para determinar el kg, entre otros, se utilizará la "balanza de Watt" (que registra corriente eléctrica y voltaje), y así deberá poder medirse con un error de solo 1×10-8 (o 0,00000001). Modificaciones similares se realizarán con el amperio (la unidad de corriente eléctrica), el kelvin (temperatura) y el mol (unidad de sustancia que utilizan los químicos). El segundo y el metro ya pasaron por esta redefinición (el segundo está definido por oscilaciones de la radiación emitida por el átomo de cesio y el metro es el espacio que recorre la luz en el vacío durante 1/299.792.458 de segundo).

Así, investigadores y tecnólogos podrán trabajar con la más alta precisión en cualquier tiempo y lugar, y en cualquier escala sin perder exactitud, algo que los desvela desde hace cientos de años. Un paso en esta dirección se dio el 22 de junio de 1799, cuando se depositaron en los archivos de la república de Francia los patrones del metro y el kg. El 20 de mayo de 1875 se firmó la Convención Nacional del Metro (participaron 17 Estados, entre ellos, la Argentina).

Estas unidades son controladas por los institutos de metrología. En el país, esto concierne al INTI, encargado de realizar, reproducir y mantener los patrones nacionales de medida, y de calibrar los instrumentos de las industrias.

El camino que condujo hasta aquí tiene ribetes novelescos; en particular, la determinación del metro. Según cuenta Ken Alder en The measure of all things (Abacus, 2002), en junio de 1792, los astrónomos Jean-Baptiste Joseph Delambre y Pierre François André Méchain se lanzaron a una empresa extraordinaria. Uno hacia el norte y otro hacia el sur, dejaron la capital de Francia con los instrumentos científicos más avanzados del momento para medir la parte del meridiano que va de Dunkerque a Barcelona.

Se estima que en el ancien régime francés había ¡250.000! diferentes unidades de pesos y medidas. Los sabios soñaban con reemplazar esta Babel por un lenguaje universal de las mediciones que pondría orden y razón a los intercambios de bienes e información, y permitiría racionalizar las actividades del Estado.

Su trabajo consistía en establecer el metro como una diez millonésima parte de la distancia entre el Polo Norte y el Ecuador. Viajaron durante siete años para extraer este número de la superficie curvada del planeta. Treparon a lo alto de las catedrales y a la cumbre de volcanes, ¡y hasta corrieron riesgo de ser guillotinados! Al final, en un momento glorioso, presentaron sus datos a una comisión internacional, la primera conferencia científica internacional del mundo. "Las conquistas llegan y se van -sentenció Napoleón-, pero este trabajo permanecerá".

Pero hay más. Tras el logro científico, cuenta Alder, se oculta una trama fascinante, porque Méchain cometió un error en los primeros años de la expedición y, al darse cuenta, lo ocultó. Esto llegó a atormentarlo hasta tal punto que lo llevó al borde de la locura: comparado con mediciones satelitales, el metro calculado por los astrónomos queda corto en alrededor de 0,2 milímetros.

Desde noviembre, "monstruosas" inexactitudes como esta quedarán salvadas, esperemos que para uno o dos milenios, por lo menos...

Por: Nora Bär

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?