Una persona siempre está inacabada

Federico Pinedo
Federico Pinedo PARA LA NACION
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9 de marzo de 2018  

Me pareció brillante el artículo en la nacion en el que mi amigo nuestro ministro de Ciencia y Tecnología Lino Barañao defendía la despenalización del aborto. Con el placer de percibir el impacto de su inteligencia, decidí volver a leerlo para rebatir su tesis. Esta es mi opinión sobre el tema.

Barañao afirma, desde una mirada científica, que es verdad que la vida comienza en el momento de la concepción, a la que define, creo que con razón, como aquel momento en el que aparece un nuevo ser, con una información genética (ADN) única y distinta de la de sus padres. Sin embargo, a pesar de ello, sostiene que no está mal eliminar a ese ser durante un tiempo posterior a su existencia, porque si bien es un ser vivo, no es una "persona". La conclusión de esa conclusión es que en un homicidio se mata a una persona y en un aborto realizado cierto tiempo después de la concepción se termina con algo que vive pero no es una persona.

Barañao arriesga que si se elimina la vida antes de una "primera señal de actividad cerebral" no hay homicidio porque el feto no sería una persona; la persona no estaría aún formada, no estaría completa. Ahí me parece que está el error de Barañao. Sinceramente creo que la persona casi nunca está formada y completa, eventualmente hasta el momento de su muerte. La excepción pueden ser los santos iluminados de perfección, que son bien pocos. Un chico de un año tiene menos capacidad cerebral que un adulto y eso no quiere decir que merezca más que lo maten. Un criminal depravado tiene menos capacidad moral, espiritual, amorosa, que un místico, y eso no le da un pasaporte a la eliminación por no estar completo. Y que no se nos diga que en un hombre es más importante el desarrollo de un órgano que su capacidad de relacionarse con sus prójimos y con el mundo por medio del amor.

Barañao concluye su nota con un efecto teatral casi insuperable. Sostiene que no convencerá a quienes no comparten su punto de vista, porque según un fulano que enseñó alguna materia en una universidad norteamericana prestigiosa las personas no buscan la verdad, sino que actúan como rebaños, adecuando sus posiciones a los valores de su grupo de pertenencia o de su tribu. De esa manera, quienes creemos que el valor vida es el primer valor de la convivencia en paz, no podríamos refutarlo. Es bueno el intento de paralizar al avergonzado antagonista y mejora con la falacia ad hominem del hombre de Yale. Sin embargo, seguimos preguntando: ¿cuál es la verdad?

Un padre del pensamiento científico, Karl Popper, enseñaba: sobre definiciones no se discute; si querés definir lo blanco con el color de lo negro, está todo bien, nos entenderemos. El truco de definir "persona" como aquel que tiene alguna actividad cerebral es lo mismo que hacerlo como aquel que tiene algún nivel de intelecto, amabilidad, sabiduría. Pero esas definiciones arbitrarias no habilitan a terminar con vidas de seres vivos cuya esencia humana les permitirá seguir desarrollándose como solo los humanos pueden, con razón, libertad, sociabilidad y amor, hasta su muerte.

Presidente provisional del Senado. Autor del libro Ser humano , Editoral Mar Dulce, 2017

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