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Mujer, dignidad y libertad

Mujeres de todo el mundo reclamaron por sus legítimos derechos, entre ellas, las del mundo árabe, protagonistas de duras y prolongadas batallas
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9 de marzo de 2018  

Cuando en todo el planeta miles y miles de mujeres alzaron sus voces ayer para conmemorar su día, reclamar mayores libertades, no discriminación y, en definitiva, por su propia dignidad como personas, en el mundo árabe comienzan a exteriorizarse movimientos impensables hasta hace poco. Desde la mirada occidental, en tiempos de selfies y liberación sexual, cuesta imaginar que una rebelión de ese tipo pueda consistir en que las mujeres publiquen sus fotos sin velos tomadas clandestinamente en lugares públicos, en expreso rechazo al código de vestimenta que rige en Irán desde 1979, cuyo incumplimiento se penaliza con multas y arrestos.

Una treintena de personas fueron detenidas recientemente en Irán acusadas de alterar el orden público por considerar que, en el ejercicio de la libertad, las mujeres pueden hacer flamear sus pañuelos lejos de sus cabezas, que es donde el régimen pretende que estén, siendo que el uso de la hijab -término que aplicaba antiguamente a la ropa que cubre el cuerpo, pero más modernamente a la cobertura de cabeza que deja libre solo la cara- es obligatorio para mayores de 13 años.

La disidente Masih Alinejad (foto) periodista fundadora en 2014 de un movimiento social online desde su exilio americano ( www.facebook.com/StealthyFreedom/) convoca a las iraníes a llevar pañuelos blancos los miércoles ( #WhiteWednesdays), quitándoselos en señal de protesta y agitándolos atados a una vara, algo que viene ocurriendo desde hace un mes en Teherán y que, gracias a las redes sociales, se ha extendido a otras ciudades iraníes. Alinejad argumenta que el presidente Hassan Rohani está en el centro de un tenso debate sobre el tema y critica que haya asumido lo que denomina una postura populista poniéndose al frente de las protestas, mientras destaca que las mujeres necesitan más acción y menos promesas. Invitada por el Parlamento Europeo al debate, tilda de hipócritas a muchas europeas que se oponen al burkini, pero no a la hijab.

Los testimonios, videos y fotos en la página web son impactantes. Madres y abuelas se suman a pesar de estar ellas mismas usando velos. Muchos hombres también han expresado el apoyo a sus mujeres, hermanas o amigas, subiendo fotos a sus perfiles o compartiendo hashtags.

Fuente: LA NACION

Algunas iraníes proclaman seguir el ejemplo de la exjueza y militante por los derechos humanos y la democracia Shirin Ebadi, premio Nobel de la Paz 2003, quien recorre el mundo dando conferencias sin su pañuelo de cabeza, destacando que fuera del país no rige el código penal iraní.

Las protestas pacíficas contra esa obligatoriedad no cesan y revelan que no hay posturas monolíticas, sino que se diversifican al punto, por ejemplo, de que quienes no adhieren a la campaña de los miércoles se expresan contra la obligatoriedad del velo otros días de la semana.

Hijabs, chadors, niqabs, burqas que cubren enteramente el cuerpo o el rostro son formas de opresión y deshumanización cuando su obligatoriedad se impone más allá de una adhesión religiosa o una decisión personal, pero no son los únicos. Se suman a prohibiciones tales como la de cantar en público -recordamos el documental No Land's Song- y la de tramitar un pasaporte sin el consentimiento del marido, entre otras. De los cuatro millones de estudiantes universitarios iraníes, el 65% son mujeres que han ido ganando terreno y pelean por mayor protagonismo y libertad.

Muchas iraníes temen que la cuestión del velo desplace su larga lucha contra leyes discriminatorias relacionadas con el divorcio o la herencia, tales como las que plantea la premiada y reconocida campaña iniciada en 2006 bajo la denominación "Un millón de firmas". Está claro que hay derechos de validez universal que las leyes de los países no deben violentar. Uno de ellos es el de poder elegir qué ropa vestir sin ser por ello castigadas. Están en juego la dignidad de las mujeres y su libertad. El verdadero debate se extiende ciertamente más allá de un simple pedazo de género.

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