Una disciplina joven que cambió de paradigma

Emilio Vaschetto
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9 de marzo de 2018  

La psiquiatría es una disciplina relativamente joven. Posee poco más de dos siglos, durante los cuales atravesó diferentes paradigmas en su concepción de la locura. En nuestro país, la aldea colonial hacia mediados del siglo XVIII contaba con la asistencia del hospital de San Martín y luego Santa Catalina, a cargo de los padres betlemitas, mientras que la cárcel del Cabildo tenía el dudoso privilegio de alojar algunos locos agitados. Los demás estarían errantes o mendigando en las calles.

El "loquero", como vulgarmente se lo llamaba, comenzó a oficializarse luego de la creación del virreinato (1776), pero pasaría medio siglo para que el gesto fundacional de Diego Alcorta se plasmara en la primera tesis acerca de la locura en el Río de la Plata ("Disertación sobre la manía aguda", 1827). Inspirado por las enseñanzas de Pinel en el asilo de Bicêtre (Francia), destacó la importancia médico-filosófica de las enfermedades del alma y la propuesta de un "tratamiento moral", lo cual les otorgaba la dignidad de un estatuto médico a los "alienados" y su causalidad en las pasiones.

El acontecimiento histórico que en Europa transformará la práctica asistencial, acercando al galeno a un diálogo con el insensato, llegaría en eco tardío a nuestra tierra con la creación de los hospitales pabellonados, tales como pueden verse en el Borda y el Moyano, las colonias Montes de Oca u Open Door, por citar algunos. Las "pasiones fuertemente contrariadas" como germen de la locura según Esquirol (discípulo de Pinel) encontrarán a un sujeto que pueda responder por lo otro de la razón.

Sin embargo, pasaron algunas décadas para que la ilusión neuropatológica de Bayle, al descubrir los efectos de la sífilis sobre las membranas del cerebro, quisiera extender esa concepción a toda la medicina mental. Ya no habrá un sujeto que pueda responder. En nuestro país, la clínica francesa del siglo XIX y principios del XX fue acompasando el movimiento positivista, a la vez que se iba cimentando la matriz disciplinar de la mano de figuras como Lucio Meléndez (quien fue director del Hospicio de Buenaventura, actual Borda), José Ingenieros o Domingo Cabred. Ciertamente, aquel aspecto conjetural de la biología aún no ha languidecido.

De todos modos, en virtud del descubrimiento freudiano y de la excepción cultural que significa el psicoanálisis en nuestro país, muchos practicantes se acercan a los hospitales monovalentes de salud mental para dar crédito a la lengua del loco.

El autor es médico psiquiatra y psicoanalista

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