El encuentro con Kim, una apuesta peligrosa para Trump

Nicholas Kristof
Nicholas Kristof MEDIO: The New York Times
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9 de marzo de 2018  • 11:23

NUEVA YORK.- Esto es apabullante: el presidente Donald Trump aceptó una invitación de Kim Jong-un para una cumbre cara a cara.

También creo que es una apuesta peligrosa y una mala idea.

No puedo creer que estoy diciendo esto. Durante muchos años y habiendo viajado varias veces a Corea del Norte, he argumentado en favor de negociaciones directas entre Estados Unidos y Corea del Norte y, por cierto, es mejor entablar contacto con el Norte que bombardearlo. Si la opción es misiles versus conversaciones, estoy por las conversaciones.

Pero la manera apropiada de organizar una cumbre es con una preparación cuidadosa para asegurarse de que la reunión logre avances en favor de la paz y, por cierto, que sirva a un propósito más elevado que simplemente legitimar el régimen de Kim.

Kim y Trump son ambos showmen, hombres que saben manejar el espectáculo, con un gusto por lo dramático y lo inesperado. Eso haría apasionante una cumbre, pero crea grandes riesgos si todo sale mal.

Lo que los líderes norcoreanos han deseado por muchos años es el respeto y la credibilidad internacional; quieren ser tratados como iguales por los estadounidenses, por lo que una escena con Trump y Kim parados lado a lado constituiría un triunfo para Pyongyang. Los norcoreanos desde hace mucho han buscado relaciones directas con altos funcionarios norteamericanos. En el pasado a veces lo lograron trayendo estadounidenses (tales como Bill Clinton después de que dejara sus funciones) como condición para liberar ciudadanos de estadounidenses a los que habían detenido.

Por lo que una visita de un presidente estadounidense en funciones a Corea del Norte sería un inmenso presente para Kim y es sorprendente que nuestro Gran Negociador ceda tanto de entrada. Marea que Trump vaya de amenazar en septiembre con "destruir totalmente" Corea del Norte y de decir luego que su botón nuclear es más grande que el de Kim, a planificar una amable cumbre. El procedimiento más normal sería, primero, negociar el camino hacia la cumbre y asegurarnos de obtener toda concesión que fuera posible y, segundo, asegurarnos de que la cumbre sirve a las metas principales para resolver la crisis nuclear.

Esto significaría despachar primero diplomáticos a Pyongyang para establecer las bases y ver qué tipo de acuerdo se puede trabajar y, por supuesto, lograr la liberación de los tres estadounidenses detenidos en Corea del Norte. Enviar a H.R.McMaster, el asesor nacional de seguridad, o Mike Pompeo, el director de la CIA. (También sería una posibilidad el secretario de Estado, Rex Tillerson, pero los norcoreanos lo han despreciado, diciendo que no es alguien de peso en Washington).

Negociadores de cada parte estarán preparando la cumbre en los próximos meses para definir los objetivos, pero al comprometerse a ir en mayo, Trump ha disminuido su poder de negociación. Va a ir, que es algo que los norcoreanos quieren enormemente.

Francamente, otra preocupación respecto de una cumbre Trump-Kim es que nuestro presidente impetuosamente acordará con algún esquema alocado para lograr un pacto. ("¿Retirar las tropas de Estados Unidos de Corea del Sur y de Okinawa? No hay problema, si me construyen un muro").

Ha habido ocasiones en que Trump hizo compromisos intempestivamente en reuniones en Washington y luego sus asistentes explicaron que no quiso decir lo que dijo, pero sería mucho más problemático hacer un compromiso inadvertidamente o tonto a Corea del Norte. Con la imposición de los aranceles sobre el acero y el aluminio hemos visto que Trump no siempre sigue el consejo de sus asistentes o piensa a fondo sus acciones y Corea del Norte es un problema mucho más complicado.

Para Trump, este anuncio también tiene el beneficio de lograr que los titulares dejen de reflejar los problemas con una actriz porno y la investigación sobre las relaciones con Rusia. Quizás Trump analizó a fondo esta cumbre o quizás simplemente quiere cambiar de tema.

También tenemos que tranquilizar a nuestros aliados y socios en Asia, en particular Corea del Sur y Japón, respecto de que no vamos a abandonarlos livianamente como parte de un acuerdo con Corea del Norte. Trump debiera incluirlos en las discusiones y la planificación.

Aún así es alentador que Kim hizo esta invitación, que no objeta la reanudación de ejercicios militares de Estados Unidos y que aparentemente está hablando de suspender pruebas de misiles y nucleares. Esto último es lo más importante: si está dispuesto a suspender las pruebas, entonces puede haber un acuerdo para negociar.

Tal acuerdo involucraría que Corea del Norte abandone su programa nuclear (y detenga todas las pruebas) a cambio del fin de las sanciones y la normalización de relaciones, con algunos compromisos de Corea del Norte también en materia de derechos humanos.

Una pregunta obvia: ¿Trump recibe crédito por llevar a los norcoreanos a hacer concesiones, tales como suspender las pruebas?

La respuesta, según creo, es que quizás sí, en dos sentidos.

Primero, Trump aumentó la presión económica sobre Corea del Norte con sanciones adicionales y mayor apoyo de China, y los efectos eran visibles cuando visité Corea del Norte en septiembre pasado. Kim intentó hacer que la elevación del nivel de vida sea una marca de su liderazgo y las sanciones han amenazado ese pilar de su legitimidad.

Segundo, las declaraciones de Trump sobre ataques militares pueden haber sacudido a Corea del Norte o no, pero por cierto que horrorizaron a Corea del Sur. El resultado fueron los hábiles contactos de Corea del Sur con el norte lo que llevó a la promesa norcoreana de suspender las pruebas.

Por lo que hay que dar algún crédito al enfoque de Trump. Pero hay abundantes razones para mostrarse escéptico respecto de a dónde conduce todo esto. Nadie ganó plata apostando a la moderación norcoreana y Kim puede tener ideas ilusorias respecto de lo que Estados Unidos estará dispuesto a acordar. Si Kim cree que Trump acordará sacar las tropas estadounidenses de la península coreana, entonces la cumbre podría, este., estallar.

Aún no sabemos cuáles son las expectativas de Kim y una cumbre fallida podría provocar una nueva escalada por ambas partes, dejándonos peor que antes. Aún hay especulación entre los expertos de que Kim querría realizar una prueba nuclear atmosférica, para demostrar que tiene programas misilísticos y nucleares que pueden funcionar, como dice, y uno puede imaginarlo realizando tal prueba atmosférica luego de una cumbre fallida.

Pero, a pesar de toda esta incertidumbre, ahora se puede ver un camino de avance entre Estados Unidos y Corea del Norte. Es un camino de avance que entusiasma, pero puede llevar a un callejón sin salida o un precipicio. Desearía que el camino hubiese comenzado con un extenso debate al nivel de los asesores de seguridad nacional y que después de eso se hablara de una cumbre, pero al menos sugiere un reconocimiento por ambas partes de que el camino hacia adelante pasa por las conversaciones en vez de por los tanques.

Traducción de Gabriel Zadunaisky

© 2017 THE NEW YORK TIMES

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