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¡Lean el bendito manual!

Ariel Torres
Ariel Torres LA NACION
Es uno de los componentes más importantes de cualquier dispositivo; incluso, de los más insólitos
Es uno de los componentes más importantes de cualquier dispositivo; incluso, de los más insólitos Crédito: SHUTTERSTOCK
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9 de marzo de 2018  

Las siglas RTFM eran la respuesta que con mayor frecuencia uno recibía tras preguntar en un foro de Linux alguna tontería que, en efecto, figuraba en el manual. La traducción más elegante sería "¡Leé El Maldito Manual!", y en el título opté por una versión menos agresiva. Pero en inglés suena un poquito más fuerte, ya saben. En Unix/Linux, de hecho, existe la instrucción man, que, seguida del nombre de un programa (por ejemplo, man grep), pone en pantalla todo la ayuda disponible. Era una solución práctica en la época en la que no existían las interfaces gráficas, y a mi juicio sigue siendo muy útil.

Pero, más allá de las anécdotas y las siglas carentes de tacto, el manual del usuario es uno de los componentes fundamentales de cualquier cosa electrónica y, con no poca frecuencia, también del software. Sólo que el software no se rompe, mientras que los dispositivos, sí.

La historia más antigua que conservo en mi memoria respecto de los manuales de uso tiene que ver con un vocoder de Korg, de uno de los miembros de la banda en la que intenté participar en mis veintes. Lo había comprado usado y fuimos a su casa a probarlo. Por su casa me refiero a la de sus padres. Recuerdo que le pregunté por el manual. Todos me miraron como si, frente a un arcón repleto de monedas de oro, hubiera solicitado el recibo correspondiente. Y se pusieron a jugar con el instrumento.

Pero los sintetizadores analógicos no tienen límites, como los digitales. Son capaces de producir toda la energía que se les pida, en asociación ilícita con el amplificador. En lo personal, para entonces, tenía bastante experiencia en la programación de estos instrumentos y, como consecuencia, también sabía los desastres que podían causar. Con mi Yamaha CS-5 había hecho volar el cono de un altavoz como el corcho de un espumante. Lo que iba a pasar en esa casa de familia, unos minutos después, sería muchísimo peor.

Tras unos cuantos experimentos, su entusiasmado e inexperto dueño tocó un control y el amplificador lanzó una frecuencia que entró en resonancia con todos los vidrios de la sala, que, tres segundos después, antes de que pudiéramos atinar a detener la metralla sónica, estallaron graciosamente en (grosso modo) 5600 pedazos. No sé qué ocurrió después, porque todos, salvo el pasmado rompevidrios, salimos corriendo del lugar del hecho. Pues bien, esa costosa catástrofe se podría haber evitado leyendo primero el manual.

Por supuesto, sigo siendo un incomprendido. Acaso creen que no tengo emociones; no entienden cómo me compro, digamos, un horno eléctrico, un coche o un chaleco salvavidas y, en lugar de precipitarme a probarlos, me siento en un sofá y leo pacientemente todo lo que importa. En general, salvo algunas cosas absurdas que están ahí por razones legales (como que las cremas para la piel son de uso externo), todo lo que dice el manual sirve.

No, no es falta de sensibilidad. En papel PDF, HTML, como sea, pero soy un fan de los manuales de usuario, y hay al menos tres razones por las que siempre empiezo por este rito de lectura. Quizá cuatro. Hagamos cinco y quedamos a mano.

Un peligro para sí y para terceros

Primero, sirven para evitar que uno rompa algo (o lastime a alguien) con ese equipo. Es lo que pasó con aquél vocoder a principios de los '80. O con una bordeadora que llegó a mis manos sin manual y, por esto, hube de usarla sin el antes mencionado rito de lectura. El primer día una pequeña partícula de algo salió disparada desde el suelo hasta exactamente dos centímetros de mi ojo, donde me dejó una fea herida. Dos centímetros

La apagué, me puse una curita, fui a la caja de las herramientas, saqué los anteojos protectores y volví a la tarea. Ese consejo, a no dudarlo, figura en el manual. Me dirán que es sentido común, y es cierto. Fui imprudente. Pero de haber leído el manual, no habría desoído tal consejo.

Hay todavía una instancia ulterior, en este sentido. Es raro que ocurra con equipos digitales, pero hay máquinas que pueden dañar el medio ambiente, que no deben jamás usarse en el interior o en lugares cerrados, y así. Todo eso aparece siempre en el manual.

Obsolescencia no programada

Segundo, el manual sirve para no romper o desgastar prematuramente el equipo. Por ejemplo, el de mi auto me enseñó que no hay que dejar el tren delantero rotado por completo a izquierda o a derecha por más de 3 minutos, porque es en esas condiciones que el sistema hidráulico sufre más estrés. En general, nadie quiere someter a un estrés innecesario un componente tan vital y costoso. Es verdad, como me dice Gabriel Tomich, que suena un poco exagerado, pero aquí es donde entra uno de mis TOC: si lo dice el manual, yo acato. Nunca rompí nada por respetar lo que dice el manual.

Pero los secretos de esta clase están en los lugares más inesperados. Hace unos días me compré una armónica. ¿Qué es lo primero que uno hace en dichas circunstancias? Ponerse a tocar música, evidentemente. ¿Qué puede haber de complicado en una armónica? Muchas cosas, en realidad.

Por ejemplo, después de un rato de importunar a los oyentes, dentro del instrumento se condensa la humedad de nuestro aliento. Por eso, antes de guardarlo en su cajita y dejar a la audiencia en paz, hay que golpear la armónica suavemente contra la palma de la mano, de culata, para sacar el líquido. Es una forma de evitar que se oxide tempranamente. Suena lógico, sí, pero no en todos los casos. Si la armónica está afinada en sol o en una nota por debajo de sol, las lengüetas más graves pueden desafinarse. Así que con esas versiones es menester dejar que se sequen sólo con el aire.

¿Lamparitas para el coche? También tienen sus secretos. Cuando me tocó reemplazar una que se había quemado (conviene cambiar ambas a la vez, cosa que también dice el manual), compré los repuestos y, por supuesto, leí las instrucciones. Aprendí así que nunca hay que tocar la bombilla con las manos, porque el cristal alcanza temperaturas muy altas y la más mínima fracción de grasa podría hacerla estallar.

De verdad, tengo muchos datos curiosos de esta clase, pero nos los aburriré con la perorata; solamente tomen en consideración la importancia que tiene leer el manual de, digamos, cualquier cosa que ande a gas.

Es mi plata

El tercer motivo es que invertí dinero en ese equipo, y la única forma de explotar todas sus posibilidades es leer el manual. Dicho simple, no leer el dichoso librito es tirar la plata.

Esto es directamente proporcional a la complejidad del dispositivo, pero eso no significa que existan equipos sin secretos. Por ejemplo, el otro día leí el manual de un chaleco salvavidas, y decía algo que jamás se me habría ocurrido (y que seguramente te enseñan en los cursos de canotaje). Para que el chaleco no se nos salga por la cabeza, en una situación de emergencia, hay que tenerlo bien ajustado (esto es obvio), pero además es necesario pegar los brazos al cuerpo. Tiene lógica, porque el chaleco queda anclado en las axilas, pero lo último que uno haría en una situación de emergencia es dejar los brazos pegados al cuerpo (salvo que hayas leído el manual). Llegado el caso, este detalle puede salvarte la vida.

Use un paño de algodón apenas humedecido

Cuarto, algo fundamental que, cuando la máquina está nuevita y lustrosa, no solemos tomar en cuenta: el mantenimiento. Toda cosa creada por el hombre requiere mantenimiento. No sólo no existen excepciones, sino que cada aparatito tiene sus exigencias. Lo sabemos por la ropa (no lavar en seco, no usar agua caliente, no usar lavandina, y así) y los autos (cada tantos kilómetros, cierto tipo de aceites y fluidos, etcétera). Pero cada máquina tiene sus bemoles en este sentido, y un error puede costar caro.

Eso no se puede

Quinto, el manual es una referencia también de aquello que la máquina no es capaz de hacer y de las condiciones en las que puede funcionar. Desde la presión que deben tener los neumáticos hasta las temperaturas mínimas y máximas de operación. ¿El smartphone está haciendo cosas raras, se cuelga a menudo, se reinicia? Antes de entrar en pánico, mirá el termómetro. Y leé el manual.

A mi regreso de las vacaciones, dentro de tres semanas, nos volveremos a encontrar. Tal vez antes, por una celebración largamente anticipada ;)

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