Rumbo a la Supercopa Argentina: por qué Pablo Pérez y Pity Martínez se reflejan en el espejo

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martinez y perez Fuente: LA NACION
Ariel Ruya
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9 de marzo de 2018  • 23:59

Iban 10 minutos del primer tiempo, Boca y River empataban sin goles en la Bombonera, el 24 de abril de 2016. De pronto, en el área xeneize, Pablo Pérez le pega una patada al colombiano Álvarez Balanta, fuera de toda lógica. Es expulsado el vehemente volante, lo que deriva en un tiempo de demonios internos y reproches externos. Ya no solo era amonestado sin darse cuenta en casi todos los encuentros: su estilo debía transformarse. Ese 0-0 marcó un antes y un después en su carrera.

Mara Villoslada, la psicóloga del club, lo ayudó a madurar. A serenarse y comprender que su estilo futbolero -el del nerviosismo y el de los excesos-, debía cambiar. Así lo hizo. Fue una de las figuras en el último súper, el 5 de noviembre de 2017, en el triunfo por 2 a 1, en el Monumental. Cuando juega Pérez, Boca es un equipo mejor. Tiempo atrás, ya le había convertido a River, en un choque doméstico, a los 41 minutos de la segunda mitad, le hizo un pase a la red, para sellar un 2-0 en 2015.

El partido era la expresión genuina de la máxima tensión. Es de noche, el 7 de mayo de 2015, el primer partido de los octavos de final de la Copa Libertadores. Gonzalo Martínez corre hacia adelante y Leandro Marín, con una sutil torpeza, lo derriba en el área. Penal. Carlos Sánchez define el 1-0, una semana antes del tristemente célebre encuentro del gas pimienta de la Bombonera. Como Pérez en Boca, Pity era observado con recelo. Un envase parecido: piezas de colección en el campo de juego, con la templanza en el subsuelo. Meses después, en febrero de 2016, Martínez convierte una obra de arte ante Quilmes y "silencia" a los hinchas, que suelen regalarle un manual de murmullos. El 10, horas después, pide perdón. Y empieza a surgir un nuevo jugador, con menos desvaríos y más claridad conceptual.

La reflexión de Marcelo Gallardo sobre Gonzalo Martínez: "Con Pity hubo que hablar y trabajar, porque no es fácil revertir situaciones; son pocos los que logran hacerlo. Una de las cualidades es no esconderse; siempre pide la pelota. Se lo ve más completo y maduro".

De volea, marca el primer tanto del triunfo por 3 a 1 en la Bombonera, a los 14 minutos de la primera mitad, el 14 de mayo de 2017. Algunos meses antes, en el verano, es una pieza indispensable en el súper que acaba 2-0.

Pablo Pérez tiene 32 años, nació en Rosario y aterrizó en Boca durante 2015. Tiene proyección de selección: Jorge Sampaoli, el entrenador, lo espía de lejos. No sería descabellado que juegue el Mundial: hay pocos futbolistas en el exterior con sus condiciones, visión de juego y pases filtrados. Gonzalo Martínez tiene 24, nació en Mendoza y se presentó en River, también, en 2015. Tiene proyección europea: suele ser el más observado por los emisarios. Su destino es inexorable: su zurda suele ser una debilidad en las principales ligas.

Guillermo Barros Schelotto considera a Pablo como un volante indispensable. Le encuentra detalles de su personalidad: hábil, mañoso, temperamental, ganador. Marcelo Gallardo admira el crecimiento de Pity. Sabe perfectamente qué significa actuar con la camiseta N° 10 con la banda sobre el pecho.

"Pablo es un jugador fundamental para nosotros", suele reconocer Guillermo Barros Schelotto, que lo expresa no solo con palabras: en ausencia de Gago, el rosarino Pérez es el capitán, con cinta o sin ella.

Pérez acaba de superar una distensión en el sóleo de la pierna izquierda, Martínez está recuperado de una... distensión en el sóleo de la pierna izquierda. El primero, regresará hoy como titular contra Tigre, en la Bombonera; el segundo, también hoy, volverá ante Patronato, en Paraná. Parecidos, casi idénticos -Pérez es fútbol, quite y temperamento, Martínez es un fino estratega con otros condimentos-, son piezas fundamentales para la finalísima prevista para el miércoles próximo, desde las 21.10, en Mendoza. Boca extraña a Pablo, River extraña aún más a Martínez.

El súper va a dibujarse en esa zona central, allí en donde Pérez y Martínez suelen encontrarse. Una vez, en aquellos duelos coperos que marcaron una era, el volante xeneize le lanzó un escupitajo a Pity, que sólo fue advertido por las cámaras. Sin embargo, esos excesos parecen haber quedado atrás. El motor del encuentro correrá detrás de sus cerebros; más allá de otros actores estelares.

Esa expulsión transformó la carrera de Pérez para siempre. Hoy es el capitán del equipo -la larga ausencia de Fernando Gago le permite ese desafío- y uno de los referentes. "Pablo Pérez está pasando un buen momento hace ya un tiempo largo", contó el Mellizo, semanas atrás, cuando la idea de que integrara el seleccionado parecía ser el próximo paso. Un par de lesiones en serie lo habían dejado en un compás de espera.

El dedo en la boca, en señal de silencio, fue el final de una etapa de vaivenes en la vida de Martínez, que durante 2017 fue el jugador que más partidos disputó en River (43 de 47), convirtió 12 goles y lanzó 10 asistencias. Detrás de un océano de deslices, Pérez y Martínez se observan en el espejo. Que les refleja un sentimiento compartido, gobernado por sus pasiones, con el balón de su lado.

Por: Ariel Ruya
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