La novela del fin de semana: ¿A qué hora juegan Independiente-Argentinos y Lanús-Estudiantes?

Mariano Elizondo, titular de la Superliga
Mariano Elizondo, titular de la Superliga Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri
Alejandro Casar González
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9 de marzo de 2018  • 23:59

El fútbol argentino se supera a sí mismo todos los días. El último eslabón de la cadena de dislates organizativos se dio el viernes, cuando los dirigentes de Independiente salieron del edificio de la AFA dando por hecho que la asociación, primero, y la Superliga , más tarde, aprobarían el cambio de horario de los partidos Lanús-Estudiantes de La Plata e Independiente-Argentinos Juniors. El primero pasaría de 17 a las 21.30. El segundo haría el camino inverso: de las 21.30 a las 17. A las cuatro de la tarde, ni la Superliga ni la AFA habían recibido comunicación alguna de un eventual cambio.

El pedido de la agencia de Prevención de la Violencia en el Deporte ( Aprevide ) bonaerense llegó recién pasadas las 18. Fue una carta dirigida a Claudio Tapia , presidente de la AFA. La agencia encargada de la seguridad argumentó "razones operativas" de la comisaría departamental involucrada en ambos operativos de seguridad para pedir la modificación, de los horarios. Tapia hizo una de torero: se abrió. Como no organiza el torneo de la Superliga, cursó el comunicado a los responsables del torneo de primera. En las oficinas de Puerto Madero se miraron asombrados: debían haber sido los primeros en enterarse. Eran los últimos.

La primera respuesta de la Superliga fue informal. Negarse al cambio de los horarios, aduciendo que el pedido estaba fuera de plazo (las modificaciones se tratan en las reuniones de Mesa Directiva, y la próxima es el martes) y pedirle a la ApreViDe que, si no podía garantizar el operativo policial, suspendiera los encuentros. Además, faltaban menos de 48 horas para el inicio del primero de los partidos, lo cual conspiraba contra cualquier modificación en la logística del evento.

Por lo bajo, cerca de Mariano Elizondo, el presidente de la Superliga, bramaban contra la decisión de los funcionarios bonaerenses: "Consensuamos el calendario con ellos [por la seguridad bonaerense]. Pusimos el clásico Huracán-San Lorenzo para que nadie se cruzara con los hinchas de Independiente, que recién jugaría a las 21.30. Y a menos de 48 horas se despachan con este pedido". Más tarde hubo una comunicación más formal, por correo electrónico. La Superliga se mantenía en sus trece: no acceder al pedido de la ApreViDe.

Mientras las autoridades bonaerenses, las de la AFA y las de la Superliga se llamaban unas a otras, los dirigentes de los clubes libraban su propio partido. Estudiantes juega por la Copa Libertadores el miércoles, por lo que salir a la cancha el domingo a última hora le quitaría horas de descanso a sus futbolistas. Lo mismo vale para Independiente: jugar el domingo a la tarde haría que Ariel Holan, su entrenador, tuviera disponibles a todos sus jugadores a primera hora del lunes.

Hubo chicanas y reproches cruzados. Ni en Estudiantes ni en la Superliga le creyeron a la ApreViDe los motivos de la postergación. A última hora del viernes, en la agencia bonaerense confirmaron haber recibido la comunicación de la Superliga. Pero aseguraron que hasta mañana, sábado, no habría novedades con respecto a los dos partidos que, de este modo, quedan en el aire. Y faltan menos de 48 horas para que la pelota empiece a rodar. En el país de los subcampeones del mundo la planificación se fue al descenso.

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