Trabajar por cuenta propia no garantiza más ingresos

La mayoría de los independientes tienen baja calificación
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11 de marzo de 2018  

La vida de un cuentapropista, muchas veces ilustrada con hombres y mujeres felices que administran sus tiempos y trabajan desde su casa iluminada y minimalista, no suele ser tan armónica.

"No se puede tomar al cuentapropismo como un grupo homogéneo. Lo mismo sucede en servicios, donde hay grupos muy distintos", dice el sociólogo Daniel Schteingart, uno de los autores del trabajo Argentina 2030 sobre el empleo en la Argentina. Según el especialista, muchas veces los trabajadores que lo hacen por su cuenta están lejos de la profesionalización y, más bien, mayoritariamente esconden una precarización laboral.

Los números le dan la razón. "Fue, quizás, una de las cosas que más sorprendieron", dice el sociólogo. En la Argentina, alrededor de 70% del cuentapropismo es de bajo nivel educativo e ingresos relativos bajos. "El arquetipo de ello podría ser el vendedor ambulante, el albañil que hace changas o una costurera que trabaja en su casa", dice Schteingart. El 30% restante es de alto nivel educativo e ingresos relativos altos (el arquetipo podría ser una arquitecta o un consultor freelance).

Del mismo modo, aproximadamente dos de cada tres asalariados son formales y con amplitud de derechos laborales (vacaciones pagas, licencia por enfermedad, aportes jubilatorios u obra social), y uno de cada tres es informal y sin tales derechos.

En efecto, las características socioocupacionales de los cuentapropistas de bajo nivel educativo tienden a asimilarse a la de los asalariados informales -con pobreza muy superior a la media- y a la inversa ocurre con la de los cuentapropistas de alto nivel educativo y los asalariados formales, con números de pobreza muy inferiores a la media. "El grueso de cuentapropismo en el mundo, y también en la Argentina, es de baja calidad. En los países desarrollados, al igual que en la Capital Federal, está ligado a los servicios profesionales, pero es una minoría. Hay que tener en cuenta que la mayoría la pasa mal", agrega el experto.

Otra de las cuestiones que surgieron es que es impreciso hablar de la industria o los servicios como un todo homogéneo. "Las diferencias en materia salarial -las cuales a su vez se relacionan con diferencias en niveles de calificación y formalidad- son muy diferentes en su interior. De allí la utilidad de discriminar entre sectores manufactureros de alta y baja tecnología, y lo mismo entre servicios de alta calificación respecto de los que no lo son", se explica en el trabajo elaborado por Argentina 2030.

"El grueso del trabajo de la industria está en sectores de muy baja demanda de tecnología", concluye el sociólogo.

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