Camilo Tiscornia: "Yo creo que tiene que haber gradualismo, pero no inacción"

El economista y director de C&T Asesores Económicos dice que hay que acelerar la reducción del déficit fiscal, tener una mirada exportadora y bajar el costo laboral
El economista y director de C&T Asesores Económicos dice que hay que acelerar la reducción del déficit fiscal, tener una mirada exportadora y bajar el costo laboral
Carlos Manzoni
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11 de marzo de 2018  

Camilo Tiscornia comparte la decisión del Gobierno de comenzar a reducir el déficit fiscal con un recorte de subsidios a los servicios públicos y no se muestra preocupado por la toma de deuda ni por la flotación del dólar. No obstante, el economista y director de C&T Asesores Económicos opina: "Creo que tiene que haber gradualismo, pero no inacción".

El camino contrario a la inacción, en su opinión, implica apuntar más a la exportación como una salida para el país, bajar los costos laborales para poder crear empleo de calidad y mayor velocidad en la reducción del déficit fiscal. "En la situación actual -afirma-, es muy difícil que haya una lluvia de inversiones".

-¿Cómo ve la economía local en la actualidad?

Creo que estamos atravesando un momento complicado en la percepción de la gente, con muchos desafíos en la parte económica, no solo acá, sino también en el mundo. Pero creo que el Gobierno está encaminando la economía a una situación que en el mediano plazo va a ir mejorando.

-¿Por qué la percepción de la gente no es la mejor?

-Es difícil tener la percepción de la gente, pero hay un indicador que yo sigo que es el Indicador de Confianza del Consumidor de la Universidad Di Tella, que muestra un momento bastante bueno después de las elecciones, pero luego bajó un poco. Eso sobre todo se debió a medidas impopulares, como la suba de tarifas públicas. Pero según otros indicadores macro (como salarios reales, nivel de empleo, producción por sectores) no está tan mal la situación. Obviamente, de fondo hay un problema estructural, que es el 30% de pobreza.

-¿Está de acuerdo con el gradualismo?

-Estoy de acuerdo. Yo creo que tiene que haber gradualismo, pero no inacción. Se tienen que resolver un montón de problemas macro, lo más apremiante es reducir el déficit fiscal. Las medidas de shock muy violentos pueden dar la sensación de que la situación fiscal se encamina, pero a un costo político y social muy importante. E incluso con un costo económico que puede complicar la reducción del déficit fiscal. Hay que ir con gradualismo, pero a paso firme.

-¿No lo preocupa la toma de deuda?

-Tomar deuda no es ni bueno ni malo, lo que hay que graduar es el ritmo al que se toma esa deuda y las condiciones, para ver si en el futuro se la podrá pagar. Yo creo que, avanzando en la reducción del déficit fiscal al ritmo que el Gobierno propone, la toma de deuda no es peligrosa. Ahora, si no se cumple con la reducción del déficit fiscal, sí puede haber un problema.

-Si hoy tuviera el manejo de la economía, ¿por dónde empezaría a reducir el déficit fiscal?

-Lo que el Gobierno está haciendo es correcto, porque el lugar donde hay que cortar es en los subsidios a los servicios públicos (electricidad, gas y transporte). Es ahí donde el gobierno anterior generó un gran problema, que transformó un superávit de 3% en un déficit de 4% en solo seis años por no querer aumentar las tarifas. Pero creo que también hay un trabajo más de fondo, que consiste en detectar todas las ineficiencias que hay en el Estado. No se trata de que el Estado sea chico, sino que lo que tiene que pasar es que funcione eficientemente.

-¿Por qué cree que no se termina de domar la inflación?

-Es muy difícil que baje la inflación si no se tiene una trayectoria de reducción del déficit fiscal. El gradualismo en la parte fiscal trae como costo un gradualismo en la baja de la inflación. Todo esto más allá de que la inflación en la Argentina está sostenida por un tema de expectativas: la gente espera determinado nivel de inflación y torcer esa percepción es muy difícil. Por eso, muchos proponen que tiene que haber un shock. Ejemplo de eso fue la convertibilidad, pero hoy algo de ese estilo es imposible. Dicho esto, creo que el Gobierno debería ser más veloz en la reducción del déficit fiscal.

-El dólar volvió a subir en la última semana. ¿Qué tan preocupante es?

-El Gobierno hace una apuesta correcta por un sistema de cambio flotante. Eso quiere decir que el dólar puede subir o bajar. Si uno se para en marzo de 2017, la preocupación era que el dólar estaba demasiado bajo. Incluso en abril del año pasado el Banco Central anunció que iba a intervenir. Ahora pasa lo contrario, pero hay que acostumbrarse. Lo que sí creo es que en un contexto mundial ahora muy complejo va a haber volatilidad y puede haber movimientos bruscos del tipo de cambio. Eso es lo que el Banco Central debería moderar.

-¿Por qué cree que se demora la lluvia de inversiones?

-Me parece que esa lluvia de inversiones iría asociada a un cambio muy drástico de la economía argentina, que generaría un horizonte tremendamente positiva, similar al pasaje de los 80 a la convertibilidad de los 90. En ese contexto sería lógico esperar una lluvia de inversiones, pero me parece que hoy no hay un cambio tan estructural en la economía argentina. Hubo un cambio político muy fuerte y un golpe de timón en lo económico, pero no se espera un crecimiento del 7%. Sí creo que mejoró notablemente el panorama para la llegada de inversiones, porque durante el gobierno anterior el país no figuraba en ningún mapa de inversión. Puede haber inversión fuerte en algunos sectores, como el agro y la energía.

-¿Coincide con los que dicen que la Argentina todavía es un país cerrado?

-Sí, coincido. No tenemos una estrategia de inserción exportadora, de pensar que nuestra salida puede venir por la exportación. Y creo que es una salida posible, porque nuestro mercado es de solo 45 millones de personas. Ahí el sector más preparado es el agro, pero creo que falta mucho en otros sectores. Hay que trabajar en la competitividad, el tipo de cambio no es favorable para la exportación, estructuralmente los costos internos son altos. La situación no es fácil, pero todos los sectores deberían pensar en eso.

-Dos cosas llaman la atención dentro del mapa actual del consumo: récord de ventas de autos y récord de escrituras de inmuebles. ¿Por qué se da eso?

-Lo que había con el esquema del gobierno anterior era un excesivo impulso al consumo, pero no se podía comprar un inmueble, porque no había crédito. Entonces la salida era alimentos y bebidas, electrodomésticos y autos. Hoy hay crédito y la gente dedica sus ahorros a eso y pone el freno en otros consumos. En el caso de los autos, yo creo que siempre son atractivos. Además, hay varios autos importados de Brasil que llegan con precios atractivos.

-Otro tema sensible en la actualidad es el empleo. ¿En qué medida se irá reactivando?

-En un corto plazo lo que se ve es que la generación de empleo está asociada al nivel de actividad económica. Si hay una economía que crece, está garantizada cierta creación de empleo. De hecho, cuando uno ve las estadísticas del Ministerio de Trabajo, que hablan de empleo formal, ve que hubo un aumento. Ahora, para que eso se potencie y se creen empleos de calidad, hacen falta más cosas. El costo laboral aquí es muy caro, sobre todo por presión impositiva y falta de flexibilidad. El Gobierno amagó con una reforma laboral, vamos a ver cómo evoluciona. Creo que lo que quiere el Gobierno es trabajar después sector por sector. Tiene que estar clara la meta de que el mercado laboral argentino debe ser muchísimo más flexible, pero hay que combinarlo con que no haya destrucción de puestos de trabajo.

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