San Lorenzo consiguió un agónico empate ante Huracán en Parque Patricios

Argentina Superliga
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Huracán

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San Lorenzo

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  • Nicolás Reniero
Fernando Vergara
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11 de marzo de 2018  • 19:15

Huracán es un equipo consciente de su lugar en la historia del fútbol argentino. En un sube y baja permanente de emociones, en los últimos años supo de celebraciones y amarguras en dosis similares. Desde la llegada de Gustavo Alfaro disfruta de un presente auspicioso, aunque hoy volvió a retirarse con un sabor amargo por dejar escapar un clásico que tuvo en sus manos. Con goles de Chávez y Reniero, el Globo y San Lorenzo igualaron 1-1 en Parque Patricios. Posiblemente, pasarán algunas semanas antes de que la melancolía se desvanezca en Huracán.

Si bien logró un empate sobre el cierre en el clásico, San Lorenzo confirma que el equipo sigue en deuda consigo mismo y marcha a contramano de sus convicciones: darle batalla a Boca en la Superliga.

El gol de Chávez

Hay cuestiones que no se pierden. Este es uno de los pocos clásicos que conserva un sabor barrial, con mucho de cargadas de café y de calles empedradas. Y el historial siempre aparece presente en la previa. Para este cruce, con algunos datos significativos: San Lorenzo había ganado los últimos tres clásicos sin recibir goles en ninguno de ellos. Huracán, en tanto, se había llevado apenas dos clásicos de los últimos diez, ambos en el Ducó: 3-0 en el Apertura 2010 y 1-0 en el campeonato de Primera División 2015.

El principal desafío del Ciclón era recuperarse rápido del shock vivido en las últimas semanas, en las que obtuvo apenas cinco puntos de los últimos 15 que disputó. Tanto el Globo como San Lorenzo venían de igualar sin tantos en la pasada fecha.

El gol de Reniero

Hubo un comienzo de nerviosismo en un Palacio Ducó desbordado de hinchas. Huracán mostró garra y decisión; quiso hacerse dominador en casa, y a los nueve minutos tuvo la primera ocasión: Bogado envió un centro preciso desde la derecha y Navarro se lució tras un cabezazo de Matheu. La enjundia inicial del equipo dirigido por el Pampa Biaggio resultó apenas una cualidad dentro de una alineación desordenada que sólo responde a impulsos anímicos esporádicos. El local fue todo lo contrario: sistemático, aplicado y punzante cuando encontró asociaciones en el tándem conformado por Silva y Pussetto. Sobre ese patrimonio, el Globo puede fundar un optimismo justificado.

¿Cómo encender las luces de este apagón futbolístico?, se preguntan en San Lorenzo. No parece una misión sencilla porque últimamente no surgen las respuestas en el campo de juego. Quedó enredado también en los golpes, las fricciones y el cambalache verbal. Así, en varios momentos se degradó el partido que más ilusión despierta a los simpatizantes de Parque Patricios y Boedo.

Chávez festeja su gol, el que abrió el marcador
Chávez festeja su gol, el que abrió el marcador Crédito: Daniel Jayo

Dentro del desorden, a los 33, Pussetto contó con una de las situaciones más claras de la primera mitad. Luego de un centro de Araujo quedó cara a cara con Navarro pero el arquero cerró velozmente. A esa altura, el N°1 de Ciclón se iba convirtiendo en una de las figuras. Diez minutos más tarde, la lucidez de Pussetto por el sector derecho tuvo su recompensa. Otra vez con Silva como ladero armó una pared que terminó definiendo Chávez en el final de una gran jugada.

En Boedo sigue habiendo varias cuestiones pendientes de equilibrar. Las grietas en su confianza hacen mella en un elenco que no encuentra el rumbo en 2018. Sin frescura, le cuesta mucho producir situaciones de riesgo. Sin apariciones de Belluschi, su mejor intérprete, la tarea de los azulgranas se vuelve improductiva, aburrida. Las pocas aproximaciones que generó fueron por intermedio de Blandi, siempre de cabeza.

Pussetto, por su parte, encarnó como ningún otro esa fresca vivacidad que hace mejor a un equipo y lo ayuda a ganar partidos. A los 22 años, el jugador nacido en Cañada Rosquín representa el vigor y el empuje de Huracán. Hoy volvió a dar la talla en su sostenido crecimiento como jugador.

En definitiva, en el Palacio Ducó, el encuentro reprodujo con fidelidad el estado de ánimo de cada uno, hoy. Una situación que se modificó sustancialmente en el minuto 87, cuando Reniero conectó de cabeza y silenció al estadio. Sirvió para el desahogo azulgrana, aunque la tabla lo ubica a 13 unidades de Boca y el sueño de la Superliga ya parece una utopía.

La imagen final, con los futbolistas del Globo tapando sus rostros con las camisetas fue una muestra clara de lo que dejaron escapar en su casa.

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