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De boliche bailable de Caruso Lombardi a supermercado chino, la transformación de una esquina de Palermo

La transformación de la esquina de Bulnes, El Salvador y Soler
La transformación de la esquina de Bulnes, El Salvador y Soler Fuente: LA NACION
Verónica Dema
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16 de marzo de 2018  • 00:19

Antiguamente fue un taller mecánico. Unos años después, al cartel de "Buenos Aires hoy", el boliche para solos y solas que tuvo el entrenador de fútbol Ricardo Caruso Lombardi en los 90, sólo le bastó cambiar una palabra para reciclarse como "Buenos Aires templo" e instalar una de las dos iglesias evangelistas que funcionaron en esta esquina porteña de Bulnes, El Salvador y Soler. Ahora cuelga un nuevo cartel, le da nombre al supermercado chino que recién inaugura.

Esta zona de Palermo, conocida como Palermo viejo, y que antes fue Villa Alvear, está comprendida entre las avenida Santa Fe y Córdoba, y Coronel Díaz y Scalabrini Ortiz (hay quienes la extienden hasta Juan B. Justo, lo que fue el arroyo Maldonado, uno de los límites naturales de la ciudad).

Una esquina, un espacio cuyo pasado es experiencia y cuyas huellas conviven en la actualidad.

La transformación de la esquina palermitana de Bulnes, El Salvador y Soler
La transformación de la esquina palermitana de Bulnes, El Salvador y Soler Fuente: Archivo

El historiador Daniel Balmaceda relata que esta zona de Buenos Aires fue de quintas desde 1850 en adelante. Esa es una de las razones por las cuales algunas manzanas son desparejas, tiene que ver con el final de los terrenos. "Allí estaban las tierras de la familia Nicolini. Sus terrenos iban desde Coronel Díaz hasta Bulnes y de Santa Fe a Soler", precisa. Esa zona empezó a lotearse en 1890, entonces desaparecieron las quintas y empezaron las construcciones. Entre 1900 y 1930 se construyeron las casas que "marcaron la identidad del lugar, de buen material y pintorescas", señala Balmaceda.

El presidente de la Junta de Estudios Históricos de Palermo, Benjamín Bravo Canedo, menciona que este siempre fue un barrio de grandes diferencias sociales. Convivían unos pocos palacetes con la mayoría de casas tipo conventillos o casas de departamentos. "Más bien era un barrio humilde", dice. Mira por la ventana de la refinada pastelería de Soler y Salguero en la que transcurre la entrevista y acota: "Ahora hay pisos de valores incalculables por acá. La transformación desde aquella época ha sido gigantesca".

A pocas cuadras de ahí, sobre Medrano, se encuentra uno de los antiguos conventillos que menciona Bravo Canedo y que resulta conocido porque se filmó parte de la película El secreto de sus ojos. De estos hay varios que sobreviven y es un milagro encontrar uno disponible para alquilar o comprar, porque son de lo más requeridos. A metros de allí una casona antigua, hoy el restaurante La Robla, conserva dos aljibes de 1890.

Bravo Canedo, que tiene 78 años, nació en el barrio y luego se dedicó a estudiar su historia, recuerda las calles empedradas (incluso la avenida Santa Fe, con adoquines de madera), las ferias y mercados callejeros, la cervecería Palermo (donde está el Alto Palermo Shopping), las carbonerías, los vendedores ambulantes. "Pasaba por casa el señor al que le comprábamos los pavos que venían puestos en ganchos", relata. Hasta el pescado se vendía casa por casa. También estaban las despensas con despachos de bebidas y los boliches exclusivos para los varones. "El hombre era el que salía y traía la realidad de la calle", dice.

Con el paso de los años repara en la aparición de los primeros supermercados. Habla de la revolución que causó en Palermo en los 60 Grandes Despensas Argentinas (GDA) y del Minimax, del Grupo Rockefeller, con tecnología y equipos de EE.UU. que fueron incorporados por comercios locales. Pero el super que Bravo Canedo recuerda como emblema de este barrio es el Gigante, que inauguró en 1965. En los '80 se instalaron masivamente las cadenas internacionales y en los 90, los supermercados chinos, con la ola más fuerte de inmigración asiática: en Capital y Gran Buenos Aires controlan casi el 20% de las ventas de productos de la canasta básica y hay zonas de Palermo en las que hay uno por cuadra.

Construcciones históricas de Palermo viejo
Construcciones históricas de Palermo viejo Fuente: LA NACION

Una esquina, sus árboles, el vecindario. En La ciudad vista, Beatriz Sarlo cita Poética del espacio, del filósofo Gaston Bachelar, para decir que no recordamos el tiempo, sino el espacio. Regresar a ciertos lugares obliga a un retorno al pasado.

El bajo valor de los terrenos de aquel barrio de casas modestas explica en parte que a mediados del siglo pasado esta fuera una zona de talleres mecánicos y lavaderos de autos. Leo es vecino del barrio y se define como fierrero de siempre. "Históricamente, por más de que no viviera acá, venía. Tuve un taller y buscaba arreglos: soldaduras, rectificación de árbol de levas, de carburadores, además de casas de repuestos", enumera. "Después no lo pude sostener, talleres quedaron muy pocos", dice. Se debe a la revalorización de los terrenos, que empezaron a destinarse a edificios, y a la reducción de la demanda, ya que circulan más autos nuevos que requieren menos reparación.

Uno de los talleres mecánicos que sobrevive está en su misma cuadra, entre su edificio y la emblemática esquina de Bulnes, El Salvador y Soler que hoy es el supermercado chino "San Martín". Claudio Fernández, "El Pelado", para los vecinos y clientes, trabaja acá desde 1989, el mismo año en que el exfutbolista Caruso Lombardi instaló su boliche. "Me achiqué mucho. Tenía cuatro empleados y quedé solo. Me fui dedicando a restaurar autos clásicos, fui cambiando para resistir", dice. Cuenta que taller que cierra se tira abajo y es firme candidato a ser un edificio. "Acá me salvé porque desde hace un tiempo no se puede construir más de dos pisos para arriba. Lo prohibieron", dice aliviado.

El Código de Planeamiento Urbano determina que esta zona está destinada a "residencias de baja densidad de ocupación", cuyas edificaciones no pueden superar los 10,50 metros de alto.

Claudio Fernández, mecánico, vecino de esta emblemática esquina de Palermo
Claudio Fernández, mecánico, vecino de esta emblemática esquina de Palermo Fuente: LA NACION - Crédito: Verónica Dema

"Había muchos talleres. Este de la esquina era un taller", señala el supermercado chino. "Adentro tiene una rampa para subir autos, arriba tenía un depósito y, cuando lo vaciaron para vender después de que se fue Caruso, sacaron pilas de repuestos viejos de los años 40 y 50. Partes de autos también había", relata este mecánico barbado, histórico en el barrio.

El estuvo en ese momento porque al ser vecino de esta polifacética esquina siempre fue testigo privilegiado. "A Caruso lo conocí porque vino a instalar su boliche. Entonces le empecé a atender su camioneta y como estaba bastante tirado de plata me lo pagaba con trabajo. En esa época él y su padre hacían carteles, así que hicieron el de su negocio y también el mío", dice. "A este cartel me lo hizo él. Vino, lo colocó, todo". Mecánica modelo's, aun se lee en letras rojas y azules.

Como otros vecinos él también iba al boliche. Por entonces, con veintipico, era joven para el target del lugar, pero tomaba algo, conversaba con Caruso en la barra, hasta se le permitía subir un rato con el disk jokey a poner algunos temas. "El era bailarín de rock, muy divertido", dice. "Es como lo ves en la televisión".

Los viernes y sábados a la noche, los días en que abría "Buenos Aires hoy", el barrio tenía un movimiento fuera de lo habitual. Los autos estacionaban en 45 grados y bordeaban toda la esquina y buena parte de las cuadras cercanas. Con el tráfico de hoy sería imposible semejante despliegue en esa zona en la que ya no es fácil encontrar un lugar para estacionar. "En aquella época yo tenía siempre siete u ocho autos de los que estaba arreglando en la calle; ahora no hay lugar ni para uno", contrasta Fernández. Pablo Rubín, vecino de Palermo de hace 40 años y editor del sitio Palermonline, aporta su ejemplo: "Podés estar una hora dando vueltas para estacionar por ahí al mediodía".

En esta histórica esquina de Medrano y Costa Rica se albergan dos aljibes del 1800
En esta histórica esquina de Medrano y Costa Rica se albergan dos aljibes del 1800 Fuente: LA NACION

Pese a que pasaron casi 30 años de aquello, Caruso Lombardi también recuerda a sus vecinos y al boliche bailable para solos y solas que montó en esas cinco esquinas con la ayuda de su familia y que sostuvo por once años. "Empecé porque antes era el bailable de un amigo de mi viejo, él lo dejó porque se dedicó a otra cosa. A mí me gusta mucho la música, entonces lo agarramos nosotros. Yo lo renové todo. El cartel era hermoso, tenía dibujado un edificio, una autopista y el obelisco", lo recita como de memoria.

"Costó un poco al principio, pero fui rescatando gente de otros lados". Esa fue su estrategia de difusión. "Nada de redes sociales, nada de eso. Era otra época", dice. Los mayores de 40 tampoco contaban con aplicaciones como Tinder, Badoo o Meetic, sino que ­estaba la costumbre de ir a los boliches y, en el caso de las mujeres, esperar a que con una cabeceada el varón las invitara a bailar. "Yo armé más parejas que Roberto Galán", se enorgullece. Habla de aquellos días como intensos, porque al principio aún entrenaba y jugaba al fútbol y luego empezó a dirigir, actividades incompatibles con la vida nocturna. "Yo estaba siempre en el boliche y atendía lo que hiciera falta: mozo, la barra, la puerta, lo que se necesitara".

Y también bailaba. Rolando, "Rolo" para los vecinos, encargado de un edificio en Soler al 3800, da fe de esos bailes: "Acá a media cuadra vive una chica que siempre bailaba rock con él, eran compañeros de baile". Pese a su promesa de buscarla, no pudo dar con la bailarina. Quizá forme parte de una leyenda del barrio.

La transformación de la esquina de Bulnes, El Salvador y Soler
La transformación de la esquina de Bulnes, El Salvador y Soler Fuente: LA NACION

Esa esquina que supo de motores, de bailes, de ceremonias religiosas -los domingos por la mañana los cantos se escuchaban hasta mitad de cuadra- resiste, a diferencia de otras casonas antiguas listas para ser demolidas: una emblemática en riesgo es la que fue la casa del poeta Evaristo Carriego, en Honduras y Bulnes. Pero muchas otras también están en peligro de extinción, ya cercadas por chapas o portones de hierro.

"Esto cambió mucho, hoy es otro mundo, muy distinto al que conocí", dice el presidente de la Junta de Estudios Históricos de Palermo. Lo ha vivido, lo ha estudiado, pero parece no salir de su asombro. No es optimista sobre los resultados de sus gestiones por la preservación patrimonial. "Palermo tiene un gran problema: la gente está orgullosa de vivir acá pero no forma parte del barrio, no se involucra; más que pertenencia Palermo tiene chapa, ya no está aquel espíritu barrial", dice.

En uno de los poemas de los años 20 sobre su barrio en Buenos Aires, Jorge Luis Borges escribió: "Alguna vez era una amistad este barrio, un argumento de aversiones y afectos, como las otras cosas del amor". Quizá ambos hablen de la misma pérdida.

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