Días históricos, con un inesperado búmeran

Pablo Sirvén
Pablo Sirvén LA NACION
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11 de marzo de 2018  

A pesar del clip vertiginoso de episodios trascendentes y superfluos en el que a los argentinos nos encanta vivir cada día, lo que importa, finalmente, es lo que quedará en los libros de historia, la llamada "posteridad".

Cada época prescinde de la hojarasca del momento y lega a la posteridad aquello que la marcó a fuego para bien o para mal: el juicio a las juntas, el acuerdo por el diferendo del canal de Beagle y la ley de divorcio, en el gobierno de Alfonsín; la convertibilidad, el fin del servicio militar y los indultos, durante la era menemista; los derechos humanos, el matrimonio igualitario y la pelea con los medios, en tiempos del kirchnerismo.

No hay una foto definitiva de la gestión de Cambiemos porque está transcurriendo y aún no tenemos perspectiva suficiente para saber cuáles serán esos dos o tres hitos esenciales de su paso por el poder que quedarán grabados para siempre en la memoria. Pero, sin duda, uno de ellos será el haberse convertido en el primer impulsor gubernamental en la historia del debate por la despenalización del aborto y desde una perspectiva más que original: al igual que su antecesora, el presidente Mauricio Macri en lo personal se opone a la legalización más amplia de la interrupción del embarazo. Pero, a diferencia de Cristina Kirchner, no solo no se convierte en el obstáculo principal para su tratamiento, sino que, por el contrario, facilita y alienta el debate trasversal de la sociedad en un tema tan crucial y delicado.

Este último punto es el más importante de todos porque esa transversalidad bien entendida y practicada podría empezar a dejar atrás, por fin, la malhadada "grieta" reagrupando, en interesantes cruces, voces a favor y en contra del tema, más allá de las identidades partidarias. Un cambio cultural, que si se da, será valioso y profundo.

Esto es precisamente lo que se vio durante la presentación del proyecto de interrupción voluntaria del embarazo en el Congreso, que tuvo lugar en la semana que pasó, con la firma de 71 diputados pertenecientes a nueve partidos distintos.

Entre radicales y macristas lo avalaron 19 legisladores. Sorprende que el número más amplio de voluntades a favor (38) proviniesen del Frente para la Victoria, fuerza que no fue capaz, cuando estuvo en el poder (¡doce años y medio!), de tan siquiera pronunciar palabra alguna sobre el tema. También asombra, por la escasa adhesión (solo una legisladora), el minúsculo aporte del Partido Justicialista.

Como saben que es inevitable que el día de mañana la gestión macrista sea recordada por este debate que se está abriendo, a la ostensible aflicción que ya venían experimentando porque las urnas favorecieran al oficialismo en los tres últimos comicios nacionales, se agrega ahora esta inesperada bandera progresista que hace flamear el líder de una agrupación en origen de derecha y de pasado personal machista ("el feminista menos pensado", lo calificó Fabiana Tuñez, titular del Instituto Nacional de Mujeres al presentar a Macri el jueves cuando anunció el proyecto de igualar salarios de ambos sexos).Esto los irrita y los preocupa sobremanera porque complica sus planes de demonización constante del gobierno de Cambiemos que, de esta manera, primerea una agenda progresista con la fuerza y la difusión que solo otorga hacerlo desde la cumbre del poder político de la República Argentina.

Poco importa ya si lo hace por oportunismo o para no hablar de un tema tan poco sexy como el "crecimiento invisible" de la economía. Importa que se haya convertido en el facilitador oficial de una lucha que hasta el momento venía encapsulada en los movimientos feministas y que ahora está haciendo eclosión en toda la sociedad.

Por esa y otras reivindicaciones femeninas, más que nunca, mujeres, y también hombres, se lanzaron a las calles en el Día de la Mujer, el jueves último. Que cualquier parcialidad partidaria quisiera apropiarse de esa marea humana era ruin. Y sucedió.

Qué oportunidad perdida el documento de la Asamblea del 8M, sectario, kilométrico y fuera de tono, que leyó una vociferante Liliana Daunes. En vez de elaborar un manifiesto compacto y específico sobre las distintas demandas de género pendientes, prefirió caer en la fácil del alegato contra el Gobierno. ¿Cómo se habrán sentido los miles de simpatizantes de Cambiemos que fueron a la marcha? ¿O piensan que los que se expresan en las urnas son extraterrestres que solo visitan nuestro país para votar?

Desde luego, habría sido igual de ruin y fuera de lugar si el discurso hubiese sido a favor del Gobierno. Era una jornada sin distinción de banderías, para estar todos del mismo lado. Pero lo mancharon y encima cometieron otra torpeza más: hasta los canales de TV, que prácticamente estaban en cadena en el horario central del encendido en los hogares, se cansaron del interminable mensaje monocorde e ideologizado y dejaron de transmitir. Para satisfacer las angustias de las minorías K y troskas diluyeron las legítimas demandas feministas en medio del lodazal antigubernamental. Una vez más, se dieron el gusto. No aprenden la lección del búmeran, que insisten en lanzar sin avivarse que vuelve y les pega. El Gobierno también ganó por ese lado porque la maniobra fue grosera y contraproducente. Una pena.

psirven@lanacion.com.ar Twitter: @psirven

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