Rumbo a la Supercopa: Boca y River solo se parecen en dos triunfos agónicos

Dos festejos en tiempo de descuento: Boca, en la Bombonera; River, en Paraná
Dos festejos en tiempo de descuento: Boca, en la Bombonera; River, en Paraná Crédito: S. Filipuzzi - Prensa River
Claudio Mauri
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11 de marzo de 2018  • 00:17

Guillermo Barros Schelotto festejó anoche el gol, cuando quedaban 45 segundos para que se cumplieran los cinco de descuento, como lo haría el miércoles en la superfinal contra River . El grito le salió desde el alma, se abrazó y colgó del resto del cuerpo técnico. Era algo más que una alegría, lo embargaba el éxtasis, lo desbordaba la euforia, no le cabía en el cuerpo. Apenas terminado el partido, todavía bajo la emoción, en una práctica que no es habitual en el Mellizo, reunió a los jugadores en el centro del campo y les dio una arenga que le salió de las vísceras, mientras la Bombonera bramaba.

Semejante estado de excitación no era solo porque el agónico 2-1 sobre Tigre lo mantiene en línea recta a la conquista de la Superliga, sino porque ese cierre era la mejor manera de empezar a enfrentar a River en Mendoza. Una puesta a punto cargada de energía positiva.

A medida que se acerca el día, esa Supercopa de escasa tradición y entidad se transforma en algo omnipresente para los dos clubes. Todo lo previo se calcula y analiza en función de esa definición que cruza el camino de los campeones vigentes del torneo de primera y de la Copa Argentina. Y una vez que el partido sea pasado habrá que empezar a medir las consecuencias e influencia en el futuro inmediato de cada uno.

Boca , cobijado por hinchas que antes del comienzo le recordaron que "en Mendoza cueste lo que cueste, tenemos que ganar", conseguía ante Tigre algo fundamental para lo que viene: combustible espiritual, envión anímico, inyección de confianza.

A diferencia de River, Boca no necesitaba el encuentro de ayer para decidir los titulares que saldrán al pie de la cordillera. Serán los mismos que vencieron a Tigre en uno de esos partidos que Boca ya jugó varias veces por la Superliga: combinó despliegue y vocación ofensiva con algunas distracciones que por poco no le cuestan el empate.

Lo de anoche fue un acto de reafirmación de los titularísimos de Boca si se los compara con la descafeinada versión de la formación alternativa que el lunes perdió sin atenuantes frente a Argentinos. Por la diferencia que sacó en el primer puesto, el Mellizo podría haber cuidado alguna pieza. Y quizá no se lo hubieran reprochado, habría tenido cierta lógica. Pero prefirió correr el riesgo de sufrir algún lesionado a cambio de la ganancia que obtuvo. En definitiva, si Boca llega mejor parado que River es gracias a su muy buena campaña en la Superliga, y a eso se dedicó anoche para que no le entren las dudas a 72 horas de la final.

River desea fervientemente que se cumpla uno de esos tantos axiomas que dan vuelta por el fútbol, que dice que "un superclásico es un partido aparte, que poco tiene que ver con los antecedentes inmediatos de cada uno". Necesita que su actualidad dé el miércoles un giro de 180 grados para aspirar con fundamentos a una victoria.

Las dudas que envuelven a River son de todo tipo. De composición del equipo, de estilo, de convicción. Gallardo mueve fichas sin acertar un pleno y toca esquemas sin dar con el dibujo exacto. En varios puestos -los laterales, un par de volantes y la delantera- el desfile de nombres es incesante.

Más que nunca está en juego la mano de Gallardo para sacar al equipo de esta situación. Lo avala una gestión de casi cuatro años, pero también se lo exige su condición de director técnico mejor pago de América y entre los primeros 15 de Europa.

El partido frente a Argentinos le demostró a Barros Schelotto cuáles son sus once mejores del momento. River los viene buscando hace rato sin encontrarlos. Pasan el tiempo, las flojas producciones y los malos resultados, y la superfinal se le vino encima con interrogantes de larga data. Con un origen que habría que fijar en los traumas que dejó la eliminación en la Libertadores ante Lanús. Desde entonces entró en un túnel por el que apenas se filtró el fogonazo de la Copa Argentina, insuficiente para que volviera a ver la luz.

La del miércoles será una final postiza, a la que ambos llegaron por vías diferentes. Boca por haber sido el mejor en el último torneo de 30 de primera, algo que sigue ratificando en este de 28. River, por coronarse en una competencia en la que superó a Atlas, Instituto de Córdoba, Defensa y Justicia, Atlanta, Morón y Atlético de Tucumán. No hay equivalencias entre un recorrido y el otro.

El único punto en contacto es que los dos ganaron anoche de manera agónica. Aunque también ahí surgen las analogías: Boca lo hizo con un movimiento colectivo coordinado: apertura, centro y definición; River, con el imponderable de un gol en contra por rebote.

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