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Diego El Cigala presenta Indestructible: amor eterno y un dolor profundo que se marcha cantando

El cantaor basó el show en los ritmos latinos
El cantaor basó el show en los ritmos latinos Crédito: Laura Tenenbaum
Gabriel Plaza
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12 de marzo de 2018  

Diego El Cigala presenta Indestructible / Músicos: Diego El Cigala y La Cali Big Band / Dirección musical: José Aguirre / Sala: teatro Gran Rex / Nuestra opinión: buena

"Si te contara el sufrimiento, si tú supieras la pena tan grande que llevo yo dentro". El Cigala tiene un dolor, un vacío adentro. La mirada está perdida en el horizonte. Delante de él no existe nada. El teatro Gran Rex está lleno. Para Cigala sólo existe el piano de Jaime Cabaluch y ese bolero son que funciona como remedio para un dolor y una soledad existencial.

El cantaor flamenco encontró remedio para ese dolor en un disco dedicado a la salsa, donde combina quejío gitano, tragedia latina y rumba de la calle. El disco Indestructible que vino a presentar con La Cali Big Band está dedicado a su esposa Amparo, fallecida en 2015. El proyecto lo habían imaginado juntos. La idea era rescatar a los maestros de la salsa, desde Colombia a Cuba, para combinarlos con el espíritu del flamenco en una gran descarga de jazz latino.

En el primer tramo del concierto el sonido de La Cali Big Band se devora la voz de El Cigala. En ese ensamble de diez músicos el cantaor es un instrumento más y también el director de la orquesta. Deja que la formación se exprese a través de las intensas versiones de "Nací moreno", "Amar y vivir" y "Juanito alimaña", un abrasivo ritmo de salsa dura, que es un tributo a Héctor Lavoe.

Sobre el escenario El Cigala tiene sus rituales. Sin ellos no avanza sobre los temas. Toma un trago, dos o tres. Mete sus dedos en la bebida y luego rocía el piso. Se persigna como un torero. Se pasa un pañuelo negro por la frente y lo dobla prolijamente. Se toca el pañuelo rojo que sobresale del bolsillo izquierdo del saco. Y luego espera el momento para entrar. Pueden ser una, dos o tres vueltas, hasta que clava la voz como un estilete.

Cigala mira a cada a uno de los músicos, desde el trombonista José Aguirre (arreglador de los temas) al pianista Jaime Cabaluch, su compañero desde la segunda parte del proyecto Lágrimas negras, el disco que junto a Bebo Valdez lo transformó en una estrella mundial del género, para que hagan su solo.

El flamenco y el público disfrutan de las versiones de "Inolvidable" y "Corazón loco" con la orquesta: son las primeras gemas del disco Lágrimas Negras, que empiezan a calentar el clima de la sala. El pico de emotividad llega cuando la orquesta se retira y Cigala se queda solo con el pianista. El dolor existencial del Cigala reaparece en "Te quiero, te quiero" de Nino Bravo y cala hondo cuando cita: "Mi voz igual que un niño te pide con cariño. Ven a mi, abrázame. Porque te quiero te quiero, te quiero, te quiero, te quiero, te quiero. Y hasta el fin te querré".El público lo ovaciona de pie. Cigala, agradece, aunque su mirada y sus pensamientos parecen estar en otro lado junto a Amparo.

Lágrimas Negras y Dos Gardenias marcan el final con dos músicas indestructibles. El Cigala se retira entre tristezas y alegrías. Como un torero que acaba de matar y también de morir un poco en su faena flamenca.

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