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Su hijo murió tras una adicción y hoy busca contener a otros chicos

Mercedes Frassia fundó CasaSan, que brinda talleres artísticos a 200 chicos para alejarlos de la calle y de la droga
María Ayuso
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12 de marzo de 2018  

Su hijo murió tras una adicción y hoy busca contener a otros chicos

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Son las 17 de un miércoles y la música de "Macarena" se escapa por la puerta y las ventanas abiertas de la casona de Olavarría 815, en el corazón de La Boca, e invade la vereda. En la colorida fachada -en la que se destacan el amarillo y el naranja- se lee en grandes letras blancas la inscripción "CasaSan".

Adentro, en uno de los salones, unos 50 chicos de 3 a 15 años copian los pasos que indica la profesora de ritmos urbanos. Siguiendo por un pasillo, se llega hasta el patio, donde con cintas en las manos unas 10 nenas se paran para la clase de danza contemporánea; en otra de las habitaciones, un grupo de varones participan de una de rap.

Mercedes Frassia, que tiene 66 años y es una arquitecta apasionada por el baile, observa orgullosa el movimiento. Le encanta que la casa "explote de pibes": hace un año, ese panorama le parecía imposible. Ella es el alma mater de la fundación CasaSan, organización que creó en marzo de 2017, apenas tres meses después de la muerte de su hijo menor, Santiago, que hoy tendría 35 y quien vivía en esa casa. "Yo digo que ahora es la casa donde los pibes de La Boca bailan la vida", cuenta la mujer, y se le iluminan los ojos verdes.

La organización funciona de lunes a viernes, de 17 a 20, y más de 200 niños y adolescentes asisten a sus actividades. La gran mayoría pertenecen a familias vulnerables y muchos viven en conventillos de la zona. "CasaSan nace desde la intuición. Hoy es un lugar donde los chicos descubren su pasión y la desarrollan: en vez de estar en la calle o enfrente de una computadora, están acá utilizando su cuerpo, bailando, divirtiéndose, y esa es también una forma de protegerlos", sostiene Mercedes.

Las paredes están cubiertas de afiches que anuncian los talleres gratuitos. Hay para todas las edades: desde candombe y folclore hasta música, inglés, zumba, yoga, kung fu, skate o tejido de crochet. Además de las actividades educativas y socioculturales, por medio de acuerdos con otras organizaciones se dictan cursos de oficios y capacitación laboral, como electricidad, cuidado de niños y estampado.

Pero cuando repasa el comienzo de todo, a Mercedes se le llenan los ojos de lágrimas. "Santiago se suicidó después de una lucha de más de 10 años con las drogas. Hubo momentos en que todos pensábamos que iba a salir", asegura, quebrada por el llanto. Y agrega: "Su deseo era arreglar esta casa, que estaba realmente destruida".

Ese anhelo fue lo que la motivó a poner manos a la obra en pleno duelo. "No sé cómo empecé a arreglarla: era una de las cosas que me calmaban. Contraté a unos amigos de mi hijo que no tenían trabajo y les pedí que me ayudaran a limpiar. Después, aunque nunca habían tocado un pincel, les pregunté si no se animaban a pintarla", recuerda.

Cuando los jóvenes mezclaban las pinturas, jamás lograban que dos tonos fueran iguales. Así, la casa se fue llenando de rosa, verde, azul, rojo, naranja y amarillo. "Empezó a quedar relinda, pero estaba vacía", describe Mercedes, que además es madre de otro varón y tiene tres nietos.

Ella sentía que no podía dejar el lugar solo: hacerlo era como dejar solo a Santiago. Entonces se le ocurrió hacer unos talleres y les empezó a preguntar a conocidos quiénes podían darlos. Repartieron folletos y arrancaron con cinco.

La respuesta de los vecinos de La Boca la tomó por sorpresa. Enseguida, la casa empezó a tomar vida propia: se fueron sumando profesores (hoy son 15, casi todos voluntarios) y multiplicando los talleres. Además, se sumaron alumnos de otros barrios, como Avellaneda y Barracas. Hasta el momento no cuentan con donaciones: Mercedes les paga a algunos profesores de su bolsillo y también se ocupa de los costos de los servicios.

"Buscamos evitar que los chicos entren en las drogas, porque una vez que entraron hay muy poquito para hacer. Este lugar tiene mucho que ver con la prevención", afirma.

Mercedes Frassia, con algunas alumnas de danza
Mercedes Frassia, con algunas alumnas de danza Crédito: Bianca Moli

El arte como herramienta

"Relajá las manos, usalas para liberar la energía por ahí", le indica Inti Rap (ese es su nombre artístico) a Gael, uno de sus alumnos de entre 7 y 14 años. "El arte es una herramienta de transformación social muy importante. Los chicos comienzan a poder expresar y comunicar sus emociones, sus vivencias y cosas que muchas veces en la escuela o en la casa sienten que no pueden hacer", dice el profesor, de 26 años.

Patto Flores, que da ritmos urbanos, suma: "Muchos vienen con problemáticas en la escuela, en el hogar, en la vida. Andan en la calle a veces hasta cualquier hora y la idea es que acá puedan encontrar un lugar de pertenencia, donde la pasen bien, hagan amigos y puedan compartir algo lindo todas las tardes".

En esta línea, Mercedes rescata el sentido de pertenencia que tienen los chicos con la fundación. "Se convirtió en su casa. Pero además vienen acompañados por su familia, y por eso empezamos a hacer actividades también para adultos", explica.

Para ella, CasaSan es su vida: "Yo puedo llegar redeprimida acá, pero en este lugar no hay forma de estarlo: los pibes ya me conocen, me buscan, me esperan para caminar, me cuentan cosas, me mandan mensajitos. Una de las otras cosas que yo tenía que lograr era salir de la tragedia, y siento que mientras yo haga esto por los pibes, Santiago está en paz y mi otro hijo y mis nietos, felices".

Convocatoria para empresas Cómo colaborar

Dos proyectos de la Fundación CasaSan (uno de teatro comunitario; el otro, de formación de músicos de murga) fueron recientemente reconocidos de interés cultural por el gobierno de la ciudad de Buenos Aires y beneficiados con el sistema de mecenazgo cultural. El sistema permite que las empresas puedan donar un porcentaje de su contribución de Ingresos Brutos para poder hacer realidad estas acciones, que beneficiarán a muchos niños y adolescentes de sectores vulnerables de la zona sur. Cómo colaborar: Fundación CasaSan www.casasan.org

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