La amistad de dos mujeres valientes

12 de marzo de 2018  

Un puñado de rasgos hermanan los rostros de Margarete Buber-Neumann y Milena Jasenská. Dolor y determinación; lúcida melancolía que no empaña la voluntad de vivir, irradian las fotos de Milena, el libro que Buber-Neumann escribió para honrar la memoria de su amada amiga. Hay en él dos historias, contenida una dentro de la otra como una alhaja en su estuche no menos valioso: la biografía de Jasenská -conocida por haber sido la destinataria de las Cartas a Milena que escribió Franz Kafka-, envuelta por la trama de la amistad inquebrantable entre estas dos mujeres valientes.

Se conocieron siendo prisioneras en el campo de concentración de Ravensbrück, en 1940. Margarete llegó allí entregada por la Unión Soviética a la Alemania nazi. Había sido una activa militante del Partido Comunista hasta que cayó en desgracia, acusada de practicar "actividades contrarrevolucionarias". Estaba casada con Heinz Neumann, dirigente del comunismo alemán que luego se opuso a Stalin y fue detenido y ejecutado sin proceso en 1937. Margarete, recluida, llevaba años sin noticias de su marido. En 1940, cuando hablaba con su nueva amiga en el campo de concentración, se le llenaban los ojos de lágrimas al recordarlo y preguntarse si alguna vez volvería a verlo. Ignoraba que Heinz había sido asesinado hacía tres años. Por su parte, Milena -periodista y traductora destacada en la bohemia cultural praguense- ayudaba a los judíos en su patria ocupada y editaba una revista clandestina a favor de la resistencia contra los invasores. Ravensbrück fue su destino cuando la detuvo la Gestapo.

No bien se encontraron, Margarete cayó deslumbrada por Milena. Su modo de moverse, el tono de su voz, la intensidad de su mirada, su belleza singular y, en especial, la libertad que emanaba de su personalidad rebelde -aun sometida al brutal régimen de esclavitud que regía el campo- fascinaron a su amiga alemana. Rápidamente se instaló entre ellas una complicidad apasionada, hecha de tristezas y alegrías compartidas, sazonada por el humor irónico y mordaz que aportaba Milena. Hablaban de todo, se contaban sus vidas y cotejaban sus amargas experiencias políticas. Sobre esto último, una frase de Margarete punza, aún hoy, con cruda actualidad: "Ambas constatamos, pues Milena también había sucumbido temporalmente a la doctrina comunista, que un comunista es extraordinariamente imaginativo cuando se trata de inventar disculpas ante los fallos evidentes de su partido o el incumplimiento del programa originario; hasta que el Partido no lo hiere en sus sentimientos más profundos, no es capaz de reconocer la falsedad del comunismo y encontrar por tanto la fuerza suficiente para salirse de él. Y juntas empezamos a indagar en las raíces de la maldad del comunismo".

Alentada por esas largas conversaciones políticas y filosóficas, Milena comenzó a acariciar un sueño: cuando salieran de Ravensbrück escribirían juntas un libro sobre los horrores de las dos dictaduras, la de Hitler y la de Stalin. El libro se titularía "La época de los campos de concentración". Margarete se sobresaltó: nunca había escrito un libro y no se sentía a la altura de tamaño desafío. Su amiga, con el entusiasmo y el empuje de siempre, le insufló confianza.

Pero Milena había llegado a Ravensbrück enferma, y las condiciones inhumanas del campo -el hambre, el frío, los castigos y los trabajos extenuantes- no hicieron más que agravar su condición. Hacia 1944, año en el que finalmente murió, estaba claro que Milena no viviría para ver el fin de su cautiverio. Margarete sí tuvo esa suerte, y cuando recuperó la libertad se convirtió en escritora para denunciar lo que su amiga había soñado que denunciaran juntas y, más que nada, para dejar testimonio de la vida de Milena, una vida rica, apasionada, trágica y luminosa. Sobre la que volveremos pronto.

TEMAS EN ESTA NOTA