Gran Premio Latinoamericano: Roman Rosso, puro corazón hacia la gloria en Uruguay

Con Wilson Moreyra, el caballo que es entrenado en Palermo le dio a la Argentina su sexta victoria en la carrera y la tercera como vistante
Con Wilson Moreyra, el caballo que es entrenado en Palermo le dio a la Argentina su sexta victoria en la carrera y la tercera como vistante Crédito: Gentileza HRU
Carlos Delfino
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12 de marzo de 2018  

MONTEVIDEO.- Para cualquier caballo, pasar cuatro meses sin competir y volver a hacerlo en el máximo nivel, con un cambio de país de por medio, puede resultar una cuesta difícil de remontar. No lo fue ayer para Roman Rosso, que elevó la vara de la calidad de sus victorias y a la conseguida en noviembre en el Gran Premio Nacional de Palermo le añadió el Gran Premio Longines Latinoamericano, en los 2000 metros de Maroñas, un hipódromo uruguayo en el que los argentinos ya habían hecho historia once años atrás con Latency, el primero en darle al país un triunfo de visitante en la Copa Libertadores del turf.

Y Roman Rosso ganó porque tiene un corazón enorme y una marcha más. Era necesario dar un plus para seguir el ritmo del local Fitzgerald y del peruano Barbon, ponerse a pelear con éste la mayor parte de la recta final y tener resto para mantener el primer puesto cuando apareció en el epílogo el brasileño Leao da Prata, su escolta desde un cuerpo. La historia que comenzó hace tres años en un restaurante, cuando tres mozos de una desaparecida cantina presentaron al entrenador Jorge Mayansky Neer y a Luis Pagella, un agropecuario apasionado por los caballos, sigue sumando capítulos por entonces insospechados. Una sociedad entre ellos incipiente, una cabaña (Melincué) que estaba liquidándose por la muerte de su dueño, un potro que necesitaba terminar de recriarse y un futuro incierto pero plagado de ilusiones, como el de cada pura sangre que sale a la cancha.

Tras imponerse en el Derby, Roman Rosso tuvo un descanso y lejos de perder gimnasia competitiva, junto energías para una obra superior. Su nombre es uno de los apenas seis representantes argentinos que han vencido en las 34 versiones del Latinoamericano, aunque una decena de esos cotejos se corrieron en Buenos Aires. Ser el principal productor de caballos de carrera de la región no asegura el éxito. Acaso por eso se viva con tanta emoción, intensidad y descarga. Por eso la infinidad de abrazos en la espera de que Wilson Moreyra termine de festejar sobre la montura del ganador e ingrese al recinto en el que se toman las fotos. Y otra vez la locura, los gritos, los llantos y las rosas de la corona que le pusieron en el pescuezo al campeón esparcidas en el aire, porque su jinete las arrancaba y las arrojaba en un ataque de felicidad.

"La clave estuvo en la atención que nos brindaron, en el gran recibimiento, en la predisposición para facilitarnos la aclimatación y hacernos más fácil la última parte del entrenamiento", dijo Jorge Mayansky Neer, entrenador del ganador, que había apelado a tres palabras desde que llegó el vuelo desde Ezeiza a Carrasco: "No hay excusas". Roman Rosso lo certificó ganando su tercer gran premio consecutivo, con un jinete que durante la semana puso la cabeza exclusivamente en el Latinoamericano como si no hubiera otra cosa en el mundo. "No me interesaba más que ganar esta carrera. No sabés cuándo vas a tener la posibilidad de correrla y qué puede deparar el destino después de conseguirla", sostiene el muchacho que se crió en Córdoba, fue peón desde los 16 años cuando se radicó en Palermo y egresó de la escuela de aprendices hace siete años.

"Roman Rosso había evolucionado desde lo físico, pero en lo mental recién lo hizo en el segundo semestre del año pasado. Ahí fue para adelante, y llegaron los triunfos y pudimos ir soñando sin límites", repasa Mayansky Neer, que apenas conoció que su caballo estaba nominado elaboró un plan ideal que se fue cumpliendo como pocas veces sucede. "Confiaba en que se diera un buen resultado, pero me asombró. En Buenos Aires estaba bárbaro y aquí lo noté mejor", agregó el preparador, en una jornada que parecía seguir un guion para la Argentina, porque antes hubo otra victoria premium, la de la yegua Sexy Reasons en el Clásico Diana (G 3-1600 m), la otra carrera auspiciada por la marca de relojes suiza.

A un año de la fantástica conquista de Sixties Song en Valparaíso, Chile, Roman Rosso replicó en Maroñas la hazaña valuada en 300.000 dólares y una gloria incalculable.

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