De la dura infancia en Mendoza a la final de un Mundial: vida y conceptos de Enzo Pérez, que no se cree socio de Messi

Enzo Pérez repasa su vida y su carrera, en diálogo con LA NACION
Enzo Pérez repasa su vida y su carrera, en diálogo con LA NACION Fuente: LA NACION
Juan Patricio Balbi Vignolo
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12 de marzo de 2018  • 23:49

Enzo Pérez no quiere ser ejemplo de nadie, pero intenta, día a día y desde su lugar, que los más chicos aprendan a valorar lo que tienen. Claro, él nunca tuvo ninguna facilidad para llegar al lugar en el que está. Y por eso, cuando habla de su infancia en Mendoza, infla el pecho y saca todo su orgullo a relucir. Solo él y su familia saben lo que la pelearon para salir adelante en los momentos más difíciles. De chico, cuando el sueño de jugar en la primera de River era completamente impensado, hasta tuvo que trabar junto a su padre Carlos en los trabajos de albañilería para poder comer. Hoy, el volante de River, en una charla con LA NACION, cuenta que intenta inculcar en sus hijos Enzo Santiago (9) y María Pía (4) los valores que lo formaron.

-Tuviste una infancia complicada en Mendoza, ¿qué podés recordar?

-A mí me tocó vivirla y padecerla. Mis hermanos eran más chicos y no se daban cuenta de todo lo que pasábamos. Yo vi a mi vieja llorar, a mi viejo vender cosas personales de mucho valor emocional aunque le dieran dos mangos. Hasta llegó a vender su alianza de matrimonio: vi cómo se la sacó para que le dieran un poco de plata para darnos de comer. Eso a mí me formó. Mi vieja me decía que tenía sueño pero era para darnos más comida a nosotros y ella no comer. Al vivir eso de chico, hay valores que no cambian por más que tenga lo que tenga. Y lo que tengo es porque lo he ganado. Cuando empezás a jugar la pelota, es de cero y todo va a depender de vos, de las ayudas y de lo que quéres hacer en tu carrera. Yo empecé con un 147 y ahora tengo un Audi porque me lo gané. Nadie vino y me dijo: 'tomá, te regalo un Audi'. Es la vida de cada uno y sus elecciones.

-Tenés dos hijos, ¿ves que todo ha cambiado hoy?

-Ahora los chicos vienen diferentes a lo que era anteriormente. Yo tuve mi primer celular a los 21 años y me lo regalaron para un cumpleaños. Ahora un chico de 4 o 5 años ya tiene un Ipad. El mundo ha cambiado. Pero yo trato de transmitirle a mis nenes los valores que mis viejos me dieron.

-¿Eso también lo ves reflejado en el mundo del fútbol?

-Sí, claro. El fútbol ha cambiado. Los pibes ahora vienen muy cambiados a lo que era antes. La otra vez lo escuchaba a Aimar, que decía que no le importaba si ganaban o si perdían, le importaba más la formación. Y es un mensaje muy bueno, que es lo que tratamos de hacer los más grandes. Yo no quiero ser un ejemplo, pero sí quiero que los más chicos, que tienen 18 o 19 años y están en la primera de River, traten de valorarlo. Porque no sabés si el día de mañana te va a tocar estar. Son privilegiados, no todos tienen esto. Yo que soy del interior, y que me ha costado mucho más llegar hasta acá, lo veo. Debuté en primera a los 20 y hoy a los 15 o 16 ya tienen contrato, ropa deportiva, representantes, autos, departamentos. El jugador de fútbol hoy tienen mucha más facilidades que antes no había. Acá en River los más chicos a los más grande les tienen mucho respeto.

-¿Cómo es Enzo Pérez fuera de los entrenamientos y los partidos?

-Vivo mirando fútbol, me encanta, ja (risas). En mi casa mi señora por ahí viene y me dice: '¿me podés dejar un televisor para ver?'. Porque está el tele de arriba con una Liga, en el tele del comedor otra y el de la cocina, otra. A cada paso que doy, mecho un partido. Miro muchos videos también. Y con mis hijos, ahora que compartimos muchas cosas más en el verano, trato de jugar mucho y estar presente porque cuando arrancan los partidos entre semana y se concentra más, se pierde eso. Me gusta que vayan a la cancha, que vivan lo que yo vivo y me vean jugar. Soy un padre tranquilo que les doy libertad pero siempre con modalidades y valores.

La "sociedad" con Messi y sus chances en el Mundial

-¿Sos de prestarle atención a lo que se dice?

-Sí, consumo mucho fútbol y estoy muy metido en el ambiente, no soy de los que se aíslan. Estoy al tanto de lo que se dice y se comenta. Tomo las críticas concretas, pero otras no. Hace seis meses atrás hablaban de un refuerzo de jerarquía. y ahora jugás un par de partidos mal, estás mal con la pelota, errás pases que no solés hacerlo y ya te ponen en duda en el equipo, en la Selección. se exagera mucho. También cuando jugás bien, que te quieren vender a 40 millones y debés ser titular en Selección.

-Como lo de tu sociedad con Messi, por ejemplo.

-Claro, yo no me creo eso de que soy socio de Messi en la Selección porque jugué un partido bien. Es mentira, socios son otros jugadores que han compartido muchas cosas con él, Xavi, Iniesta, Neymar, que han ganado cosas con él. Creo que puedo ayudar y puedo aportar en el equipo. Hay que tener una medida, un equilibrio, tanto en la autocrítica como en los elogios. Pero nosotros seguimos discutiendo a Messi, imagínate. Yo los escucho y me río. Lo critican al mejor del mundo, ¿qué nos queda a nosotros? ¿Vos creés que yo me voy a poner mal porque dicen que Enzo Pérez es un burro? No me importa, si lo critican a Messi. Ha roto todos los récords, lo va a seguir haciendo y con él siempre vamos a tener chances de salir campeón.

-¿Qué te sorprende de Messi?

-Es un pibe muy tranquilo y me cuesta entender su tranquilidad por lo que representa y lo que es futbolísticamente. Es una de las personas más importante del mundo y no entiendo cómo se lo toma. Es un pibe común y corriente y quizás por eso le sale lo que hace. Otro en su posición tendría otro ego, se manejaría de otra manera. él si se tiene que sentar con vos a tomar un mate o conversar de la familia, lo hace. Y me lo ha demostrado a mí y a todo aquel que está en su alrededor. Es una persona normal, nosotros lo hacemos intocable. Dios hay uno solo, el de arriba, después todos los demás somos personas.

-En Quito rompiste la veda con el periodismo en medio de las lágrimas, ¿qué recordás?

-La otra vez hablaba con mis amigos, uno de los chicos que vino de Mendoza, y le dije: nunca estuve tan cagado como ese día. Ni siquiera en la final del Mundial, porque estaba tranquilo y la quería disfrutar. Pero en Ecuador estaba cagado, nunca estuve así. Nerviosismo, ansiedad. fui cuatro veces al baño antes, suelo ir una sola vez. Tomaba mucha agua, no sabía qué hacer. Si no clasificábamos, por más que haya jugado solo dos partidos en las Eliminatorias, tu carita aparece. Como los prófugos, sos buscado (risas). No le importa a la gente si jugaste 15 minutos, no les interesa. Pero cuando entro en la cancha, me enfoco en lo que pasa ahí en el partido. Cuando nos hicieron el gol nos miramos a la cara y nos dijimos vamos que falta, hay que meterle, y nos tenemos que jugar. Nos fuimos soltando cuando empezaron a salir las cosas.

-¿Te ves en el Mundial?

-Sampaoli dio un simple mensaje: el único asegurado es Messi. Todos los demás nos tenemos que ganar el puesto y hay 50 o 60 que pueden estar. Después dependerá de lo que haga cada uno y lo que quiera el técnico. Por más que muchos digan que soy un jugador puesto, no me creo eso de que me gané el lugar. Y tampoco me quedo solo con haber hecho un buen partido con Ecuador. No soy un crack. Si fuera un fuera de serie, bueno, la manejás diferente. Pero sé que hay que pelearla y meterle.

-¿Cómo es Sampaoli?

-Cuando estuve con Jorge vi un técnico que vive el fútbol a mil, se debe acostar y debe dormir a mil, con los cables haciendo chispas. Una cosas es verlo en la tele, otra es en persona, ahí en la práctica. Lo veo correr en el banco y debe hacer más kilómetros que nosotros que corremos (risas). Y el cuerpo técnico también es así, lo viven con mucha pasión.

-Se viene un año con muchos desafíos: Superliga, Supercopa, Libertadores, Mundial.

-Es un año con muchas cosas en juego y hay que tener una cabeza muy fría, pero un corazón muy caliente a la hora de tomar decisiones, de pensar dentro del campo.

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