El Gobierno y la UIA: tregua, acupuntura y tiempo

Claudio Jacquelin
Claudio Jacquelin LA NACION

Claudio Jacquelin en Analisis pm: ¿Qué hay detrás de la tregua del Gobierno con la UIA?

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12 de marzo de 2018  • 20:09

El Gobierno volvió a hacerlo: ganó tiempo, sacando de la agenda pública los reclamos, y, como le gusta, cortó en pedacitos el problema para digerirlo mejor. Los industriales, a su vez, lograron salir del corralito de los villanos (junto con Moyano, Baradel y el kirchnerismo) en el que el macrismo los había puesto, después de sus quejas por el impacto de la política económica en el sector.

¿Mejorará la economía, los empresarios invertirán más, habrá más empleo, crecerán las exportaciones, bajarán los precios después de la reunión en la Casa Rosada? No. O, al menos, no necesariamente y mucho menos en lo inmediato.

Lo que se resolvió fue profundizar las mesas de trabajo sectoriales para tratar asuntos puntuales. Acupuntura. Lo que más le gusta al macrismo. Nada de andar comiendo elefantes enteros. Mucho menos, tener que escuchar reclamos conceptuales en lugar de planteos (y, sobre todo soluciones) concretos. Gente práctica.

También, una forma de ganar tiempo y de anestesiar quejas en momentos en que lo peor que le puede pasar al Gobierno es que se le sumen voces críticas a una opinión pública sensible y con altos grados de insatisfacción, que no culpa más por la situación económica a la herencia recibida, sino que le pide soluciones a un gobierno que ya consumió más de la mitad de su mandato. La cuestión es sencilla: si los que más tienen gritan, ¿qué queda para los que menos pueden y más padecen? Mejor no probarlo. Sobran lecciones en la historia.

El Presidente de la UIA Miguel Acevedo, puso en blanco sobre negro el meollo de la cuestión: "El Gobierno siente que no lo estamos apoyando como tendríamos que apoyar. Se siente solo en la parte económica, y que solo se pone el foco lo que todavía falta".

Una admisión pública de la discusión que en privado había mantenido con el ministro de Producción, Francisco Cabrera, por las críticas en los medios de los empresarios al Gobierno mientras guardan silencio con adversarios comunes, como Moyano, causante de varios de sus problemas, según los industriales admiten por lo bajo.

Hoy para el oficialismo el bien más preciado y más caro (por querido y por costoso) sigue siendo la paciencia social. Y no está en condiciones de afrontar una suba en el precio de las expectativas. Por eso, respiraron (y se sonrieron) en la Casa Rosada cuando recibieron el pedido de tregua de los industriales, en forma de solicitud de audiencia.

El reto pegado por Cabrera a los empresarios había logrado el cometido de frenar una escalada de reclamos. Por eso, ayer en el Gobierno todo transcurrió sin sobresaltos: el ministro de Producción se permitió una postura distendida y el jefe de Gabinete, Marcos Peña, hizo de amable anfitrión. Macri, en cambio, volvió a ser el Capitán Frío y no aportó su presencia al descongelamiento de la relación. Se mantuvo a pocos metros, en su despacho, reunido con la presidenta de Croacia¸ Kolinda Grabar-Kitarovic.

Las diferencias continuarán, pero con sordina y en ámbitos más recoletos, ahora que cada uno sabe sin intermediarios lo que él otro demanda. Todo sigue siendo cuestión de acupuntura, no de cirugía mayor, y, sobre todo, de ganar tiempo. Como el lanzamiento anticipado de la campaña por la reelección presidencial.

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