La soledad del arquero: el desconsuelo de Ezequiel Unsain tras el error que le dio el empate sobre la hora a Belgrano

El lamento de Unsain, una de las postales del cierre de la fecha
El lamento de Unsain, una de las postales del cierre de la fecha Crédito: Captura TV
Ariel Ruya
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12 de marzo de 2018  • 23:40

Alguna vez, César Menotti expuso su idea revolucionaria, la de las pequeñas sociedades, con una frase conceptualmente eficaz. "Son jugadores con un mismo concepto futbolístico, con características diferentes, aunque complementarias. Unidas, pueden ser fundamentales en función del equipo. Uno es receptor y el otro es creador; uno distrae y el otro concreta", contó más de una vez.

En los últimos días, más cerca de los que deciden el destino del fútbol argentino -la AFA, en un primer paso y el seleccionado, en un futuro-, su mirada se ofrece imprescindible ahora, ya que las sociedades siguen siendo un motor. Ocurrió anoche, en el triunfo de Unión por 3 a 0 sobre Temperley.

Franco Soldano es el número 9 del equipo santafesino. Nació en Córdoba, tiene 23 años y conoce cada centímetro del área. Lo quiso Betis, lo pretendió Vélez: se quedó en Santa Fe, en donde forma una pareja ideal con Lucas Gamba, de 30, de extensa trayectoria en equipos de ascenso. Un cabezazo y un toque suave, a la salida de un córner, fueron los goles de Soldano que, con 9, alcanzó a Lautaro Martínez, de Racing y Darío Benedetto, de Boca, y está a dos de Sebastián Ribas, el sorprendente artillero.

De penal, Gamba -que suele ser su cómplice perfecto, con sus corridas y sus asistencias- selló el tercero, todo un estímulo para Unión, que de 9 partidos de local, se impuso en cinco y consiguió cuatro empates. Nunca perdió.

Otra frase que suele repetirse en el fútbol es una sentencia referida a los arqueros. Oliver Kahn, uno de los mejores de la historia, la aceptaba con cierta resignación. "El puesto de arquero es el más ingrato", comentó, como tantos otros a lo largo de la historia. Una pizca de ese sentimiento, seguro, sintió Ezequiel Unsain, el arquero de Defensa y Justicia, de 23, que ganaba por 1 a 0, con un tanto de Ciro Rius. En el tiempo agregado, se arrojó a un costado, ante el tiro de Epifanio García, de Belgrano, pero intuyó que el balón salía desviado, por lo que no estiró los brazos. Resultó un error: fue el empate 1-1, lo que provocó su llanto desconsolado. No podía parar de llorar. Lo contuvieron todos, también los rivales, en un gesto conmovedor.

Por: Ariel Ruya

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