Empoderamiento sexual: conocé tu deseo y expresate

Cómo es deconstruirse para fortalecerse y así volar por los aires lo que se espera de vos.
Denise Tempone
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15 de marzo de 2018  • 00:13

Aguante nosotras
Aguante nosotras Crédito: juan francisco sánchez. Producción de Natalia Señorales.

Tu cuerpo no es solo lo que ves. Tampoco es únicamente ese conjunto de procesos fisiológicos tan misteriosos que a veces no entendés ni el caudal asombroso de información que encierran tus genes. Tu cuerpo es el eje de muchos campos de batalla. Sobre él se tienden silenciosas redes de creencias, preceptos aparentemente incuestionables, discursos, cultura, educación y hasta religión. Bajo todo eso (o por encima), además, aún queda espacio para las fuerzas del instinto. En los cuerpos femeninos, todos estos cruces biológicos y culturales son especialmente complejos. Reconocerlos, comprenderlos y, de ser necesario, desarticularlos es una tarea que requiere nuevas formas de pensarnos. Cuando esta tarea está orientada hacia la autoaceptación, el disfrute y la integración de otras formas de belleza y placer, su resultado es el tan aclamado “empoderamiento”. Y aunque bien sabemos que este empoderamiento se viene dando en diversos ámbitos –como el económico, el político y el social–, ninguna de estas áreas de nuestra existencia se desliga de lo sexual. Después de todo, es a través de nuestro cuerpo que salimos al mundo y es a través de él también que –por ser mujeres– muchas veces se nos agrede o humilla y se nos ha enseñado a sentir culpa y vergüenza. ¿Cómo desenredarnos de las redes que sujetan nuestros cuerpos?

¿En qué consiste el proceso de empoderamiento sexual?

¿Qué sos o dejás de ser por mostrar abiertamente tu cuerpo sin complejos, expresar abiertamente tu deseo, pedir lo que te gusta hacer en la cama o permitirte explorar fuera de la convención? ¿Qué sos por no hacerlo? ¿Sos acaso menos mujer si no te mostrás o si no seducís bajo las convenciones del mercado del deseo? Deconstruirse es tener las agallas para mirar de frente aquello que nos enseñaron a creer en el contexto en que crecimos, un contexto repleto de “verdades” intocables durante mucho tiempo, a veces siglos.

Y entonces, darnos el permiso para preguntarnos de dónde pueden haber surgido esas verdades, a quién le convinieron si a nosotras no y si nos están permitiendo tener vidas más ricas y expansivas o si, por el contrario, nos mantienen asustadizas, como si fuéramos nenas y no mujeres.

Un ejemplo de esto son l as creencias sobre la menstruación que se han mantenido intocables a lo largo de la historia. Estas ideas –que todas ya conocemos– siempre están asociadas a lo “sucio” o “incapacitante”. Y a veces están tan arraigadas que no nos dejan construir otros sentidos mucho más positivos o, al menos, interesantes y honrados a su alrededor: la conexión con la naturaleza imparable en nuestro cuerpo, la conexión con nuestra sensibilidad y los múltiples mensajes que nuestra sangre puede contener. No hay que olvidar que, después de todo, la presencia, ausencia o forma de manifestarse de la menstruación es siempre un indicador claro del estado de nuestra salud.

Cuestionar lo dado

Esto trae una interesantísima posibilidad de crear lo nuevo. Si los modelos que existen no nos representan, no nos cierran, no nos hacen bien y nuestra cultura no nos ofrece otros..., ¿por qué no aprovechar la era de la información en la que vivimos para comprender los que llegan de otras culturas, otros contextos y otras cabezas? Es parte de muchos talleres de empoderamiento sexual acercar representaciones distintas de los procesos naturales que son los mismos en cada mujer de este planeta. Uno de los más interesantes es, por ejemplo, la representación que se nos hace de la menopausia. Mientras que en nuestro contexto, la llegada de la menopausia pareciera ser el momento de “desaparición” de la vida social, de pérdida de valor como objeto de deseo y de “vencimiento” como ser sexual, es interesante enterarse de que desde otras cosmovisiones se trata de un momento de “pasaje de energía” que se celebra como la posibilidad de desligar el placer sexual de la reproducción y de cambiar nuestra relación con el mundo. Desde este punto de vista, podemos recordar que la búsqueda de contacto y sensualidad es imperecedera, y que eso es lo que nos convierte en seres sensibles y sexuales más allá de tener la capacidad de reproducirnos.

hermanate con lo diferente

La idea detrás del empoderamiento jamás es imponer una forma de vivir la sexualidad por sobre otras ni que hay una manera de disfrutar más correcta que otra. Todo es válido, nadie puede dictar cómo hay que ser para entrar al mercado del deseo: flaca, pulposa, joven, sana, educada, heterosexual, fértil, soltera y otras decenas de requisitos que a veces nos mantienen tan exigidas. Acá, el único “enemigo” es el pensamiento homogeneizador, el que baja línea, el que quiere domesticar esas zonas indomesticables, como el deseo y el amor. Nunca antes en la historia las mujeres tuvimos tanta información. En este contexto, podemos sufrir el bombardeo y morder cada uno de los anzuelos que nos hacen sentir inseguras. O podemos aprender a resistirnos a esas versiones de nosotras que no nos hacen bien, filtrar y comenzar otra búsqueda. Aprovechar con lucidez esa posibilidad es el comienzo del camino del empoderamiento.

Ponelo en práctica

Ponelo en práctica
Ponelo en práctica Crédito: juan francisco sánchez. Producción de Natalia Señorales.

1. Conocete. Te recomendamos un corto animado francés llamado “Le clitoris” (está disponible en YouTube), que, de una manera amena y clara, habla acerca del único órgano humano diseñado únicamente para sentir placer.

2. Desinhibite. Hacé cosas que usualmente no hacés. Para cada una es algo diferente, quizás es empezar a hablar en la cama o disfrutar de una búsqueda porno que no solés hacer. Además, podés reservarte una charla íntima con una sexóloga, escribir tus fantasías en un diario, tomar clases de twerking, hacer un taller de eyaculación femenina (¡sí, hay!) o unirte a un círculo de mujeres. Permitite la exploración.

3. Respirá. Experimentá lo mucho que la respiración influye en la excitación y la llegada al orgasmo.

4. Ejercitá la zona pélvica. Aprendé ejercicios para la musculatura pélvica que te ayuden a desbloquear tu movimiento y a dejar de sentir que esa zona de tu cuerpo es un misterioso agujero negro. Pero también, bailá, activá de mil maneras tu cadera.

5. Unite a otros mundos. Aprendé cómo viven sus sexualidades las personas que no comparten tu orientación ni tu identidad sexual.

6. Desbloqueá. Si sentís que la expresión de tu propia sexualidad está un poco trabada, sabé esto: el sexo es orgánico. No dudes de tu fuerza natural de amar y desear. A veces le metemos mucha cabeza y eso traba el movimiento natural que, cuando tiene que suceder, sucede.

Otras miradas

Estos documentales nos hicieron pensar diferente.

La luna en ti: es de la eslovaca Diana Fabiánová y reune cuatro años de investigaciones, entrevistas a profesionales de la salud, hombres, expertos en tai chi, mujeres atormentadas con su ciclo menstrual y sacerdotisas celtas. Nos lleva a un viaje para conocer el mundo femenino en su nivel más básico y sublime. Está en vimeo

L’eau sacrée (El agua sagrada): es del director belga Olivier Jourdain y revela las profundidades de la eyaculación femenina en Ruanda y una práctica tradicional llamada kunyaza. Está completo en YouTube.

The Perfect Vagina (La vagina perfecta): la inglesa Lisa Rogers indaga en los orígenes de nuestra incomodidad estética respecto de nuestra genitalidad. ¿Qué intereses mueven la idea de que lo que tenemos entre las piernas es feo? Está en YouTube.

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¿Disfrutás a pleno de tu sexualidad? ¿Sentís que todavía te queda terreno por explorar? También te pasamos: Entrená tus partes íntimas con el kung fu vaginal y Tattoo love: historias que se llevan en la piel

Experta consultada: Silvina Valente, especialista en sexología. ginecología y obstetricia, silvinavalente@speedy.com.ar.

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