"Todos conducen realmente mal, excepto yo": axioma y sofisma del automovilista argentino

Fernando Rodríguez
Crédito: Twitter
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13 de marzo de 2018  • 18:39

Las rutas se cobran, largamente, la mayor cantidad de muertes violentas en la Argentina. Veinte por día, según las estadísticas de la asociación civil Luchemos por la Vida, que no varían sustancialmente desde hace años y que, con 7213 decesos en 2017, confirman esa tendencia. La mortalidad en el tránsito es, en definitiva, una epidemia de salud.

Es un problema mundial, también: este fin de semana quedará conformada, en Irlanda, la primera ONG global formada por familiares de víctimas de la siniestralidad vial de todo el orbe: entre las cofundadoras de la International Road Victims Partnership (IRVP) está la asociación Madres del Dolor, representada en el encuentro inaugural de Mullingar, en el condado de Westmeath, por Viviam Perrone, gran impulsora de los cambios de leyes y de las medidas de prevención de incidentes viales desde que un conductor desaprensivo le arrebató la vida a su hijo, Kevin Sedano, el 1° de mayo de 2002.

Los choques mortales suman nombres, apellidos e historias a las estadísticas trágicas. Pero detrás de los hechos consumados hay un germen: la irresponsabilidad al volante; la impericia, en ocasiones; la imprudencia y la negligencia, en otras.

Una reciente encuesta de la Cámara de Empresas de Control y Administración de Infracciones de Tránsito de la República Argentina (Cecaitra), revela que sólo el 17% de los automovilistas tiene una opinión "relativamente buena" sobre el respeto general (es decir, del total de los conductores) a las normas de tránsito; en cambio, el 85% tiene una imagen positiva de sí mismos. Ese "todos conducen realmente mal, excepto yo" parece ser el principio de cabecera del automovilista vernáculo, en especial, del conductor urbano. En ese sofisma anida el riesgo que acecha en calles, avenidas y rutas. Hay un "colectivo argentino" que en apariencia no respeta las normas de tránsito, y conductores que, ante la consulta directa, se autoexcluyen de esa manada y desligan la propia responsabilidad en materia de conducta vial, se sostiene en el trabajo.

El primer informe del Observatorio de Seguridad Vial de Cecaitra -basado en 1934 entrevistas en el Área Metropolitana de Buenos Aires- revela otras "verdades": "Hay conocimiento de una alta tasa de accidentes, y la responsabilidad por los accidentes es adjudicada principalmente a la conducta de los conductores: no se atribuye ni a la falta de información o señalización, ni a los peatones. Los accidentes de tránsito se perciben como consecuencia de las costumbres de conducción de los argentinos", señala.

Algunos datos sintomáticos que surgen de las encuestas personales: cuatro de cada diez automovilistas admitieron haber usado el celular mientras conducía (quien escribe estas líneas admite, con vergüenza, ser uno de ellos). Un 21% reconoció que lo revisa "de vez en cuando o casi siempre", lo que, para los especialistas de Cecaitra, "muestra un grado bajo de conciencia respecto de la gravedad de su uso". Hoy nadie -ni legos ni especialistas, ni siquiera los escépticos- desmiente la altísima incidencia que la distracción a la que induce la atención al teléfono (más aun cuando se multiplican las opciones de comunicación) tiene en la ocurrencia de incidentes viales, desde leves hasta mortales. Sin embargo, son más los que admiten usar el teléfono cuando conducen que, por ejemplo, cruzar un semáforo en rojo.

Ante la consulta acerca de las causas de los accidentes viales, la transgresión a las normas fue la respuesta con mayor adhesión (35%), seguida de la existencia de conductores alcoholizados (26%), la falta de atención o cuidado de los conductores (18%) y el "causas ajenas a los conductores" (mala señalización, imprudencia peatonal, etcétera). En cuanto a la seguridad vial, resume el informe, "más del 50 % considera que las faltas de tránsito se relacionan con 'costumbres argentinas', seguido de la idea de que el sistema de sanciones y penas son muy bajas o no se aplican".

El 56% de los encuestados para el informe admitió que alguna vez había sido multado a través de una fotomulta, sistema que la mitad de los automovilistas entrevistados consideró que "ayuda a mejorar la conducta vial". En la Capital, por caso, el Metrobús (con un 70% de aprobación) y las ciclovías (50%) aparecen como iniciativas o dispositivos útiles para ordenar el tránsito. Más allá de ese contexto, la conducta personal es la que hace la diferencia.

"La primera cuestión que se presenta con fuerza es la dimensión sobre el respeto a las normas de tránsito. Las respuestas de los encuestados en gran medida, reflejan que entre los argentinos hay poco o escaso respeto a las normas de tránsito, pero ese mismo comportamiento no aparece cuando se responde sobre el apego a las normas en forma personal: tiende a haber una relación inversamente proporcional entre la percepción sobre sí mismo y de los argentinos en general en cuanto a la observancia de las normas.

Paradójicamente, la idea de que la falta de respeto a las normas de tránsito caracteriza a los argentinos, no coincide con el respeto a las normas que dice tener la mayoría de los encuestados", concluye el informe de Cecaitra.

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