Boca pone en juego no (volver a) perder por falta de carácter

Christian Leblebidjian
Barros Schelotto, con todo decidido para el superclásico
Barros Schelotto, con todo decidido para el superclásico Fuente: FotoBAIRES
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14 de marzo de 2018  

Es cierto que Guillermo Barros Schelotto habló emocionado tras el éxito ante Tigre, todavía envuelto en esa alegría indescriptible para cualquier DT después de ganar un partido en el cuarto minuto adicionado, pero enseguida empezó a jugar la final contra River. Primero con la arenga a sus jugadores en el círculo central, luego mandándolos a agradecerles a los hinchas por el aliento hasta el final en la Bombonera. A Guillermo siempre le gustó el fútbol ofensivo, asumir los riesgos para conseguir objetivos. Pero también sabe (incluso desde su época de jugador) que los clásicos exigen otras cualidades, como la actitud, la concentración, la picardía, el oficio y saber asumir las presiones. Y también sabe que, quizás, estos últimos ítems fueron los que le faltaron a Boca justamente en las últimas dos ediciones coperas frente a River, en la Copa Sudamericana 2014 y la Copa Libertadores 2015. Si bien él no era el entrenador xeneize en esas llaves, algo de arrastre sufrió como contagio su equipo en los duelos mano a mano tanto en la Libertadores 2016 como en la última Copa Argentina 2017.

Por eso, lo que se juega Boca, sobre todo, es saber si estará a la altura de la final desde el carácter, desde la intensidad con la que suelen disputarse esta clase de partidos. Porque, puertas adentro, en el mundo xeneize afirman que se podrían permitir perder la final porque River fue superior desde el juego y la lucidez con la que se levantó ese día, desde los rendimientos individuales y colectivos, pero jamás porque los futbolistas millonarios metieron más, tomaron mejores decisiones desde lo táctico y aportaron una mayor fortaleza mental en las pelotas divididas o en situaciones adversas. Quizá por eso hace ya un mes que el Mellizo tiene resuelto que la línea de volantes la conformará con Nández, Barrios y Pablo Pérez. Quiere despliegue, juego y combate, en el buen sentido de la palabra. El uruguayo le aporta tenacidad, dedicación y pisar el área por sorpresa, "atacando el espacio", poder de desequilibrio en el ida y vuelta. El colombiano es uno de los jugadores con mayor porcentaje de aciertos en la toma de decisiones (casi siempre resuelve bien en función de lo que pide cada contexto de las jugadas) y el ex-Newell's es una mezcla de "cuchillo entre los dientes", pase claro, visión de juego y finalización. Pérez deberá controlar su temperamento para no caer en el exceso, pero (en su ración justa) es la combinación entre sabiduría y eficacia.

Boca mantiene el liderazgo en el fútbol argentino desde hace más de 400 días. Aun con altibajos, tiene un estilo definido y los Mellizos Barros Schelotto lograron verse representados por el juego del equipo. Cuenta con un poder de gol elogiable -aun con Benedetto lesionado desde hace varios meses- no solo por la cantidad de anotaciones, sino también por la variedad de alternativas que encuentra para convertir. Y la defensa, incluso tomando riesgos, luce más sólida que a fines del torneo pasado.

Pero hasta Guillermo vio que Boca juega mejor con Barrios que cuando en la mitad de la cancha estaba Bentancur, por más proyección que tuviera el hoy mediocampista de Juventus. Porque los clásicos o las llaves directas se siguen jugando con un solo balón (como en los torneos largos), pero también inciden la actitud, la concentración y no permitir que el adversario empuje con más ganas. Por eso Guillermo, quizá por primera vez desde que está en Boca, avisó que estos partidos "hay que jugarlos con el corazón". Y también que Boca es "matar o morir".

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