"Las patentes están en el corazón de la nueva economía basada en el conocimiento"

Lo afirma Benoît Battistelli, presidente de la Oficina Europea de patentes, que acaba de pasar por Buenos Aires para firmar un acuerdo con el Instituto Nacional de Propiedad Industrial
Lo afirma Benoît Battistelli, presidente de la Oficina Europea de patentes, que acaba de pasar por Buenos Aires para firmar un acuerdo con el Instituto Nacional de Propiedad Industrial
Nora Bär
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14 de marzo de 2018  • 01:05

Aunque "innovación" parece ser la palabra del momento y en diversos ámbitos se cifra el éxito de estrategias económicas en la creatividad de los "innovadores", todo indica que no basta con la prédica para impulsarla. Según el último informe de la Red de Indicadores de Ciencia y Tecnología Iberoamericana e Interamericana, las patentes argentinas solicitadas en la década que fue de 2006 a 2015 disminuyeron un 40%.

Para revertir esta situación, acaba de firmarse un acuerdo entre el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (INPI) y la Oficina Europea de Patentes (OEP) que permitirá a ingenieros e inventores argentinos acceder a los últimos avances científicos y tecnológicos con sus pares estadounidenses, europeos y de otros mercados, y agilizará los trámites para la concesión de patentes.

El encargado de sellar la colaboración fue Benoît Battistelli, presidente de la OEP, organización internacional integrada por 38 Estados miembros que incluye a todos los países de la Unión Europea y a otros como Noruega, Suiza, Turquía y varios Estados del sureste de Europa.

Graduado en el Instituto de Estudios Políticos de París y la Escuela Nacional de Administración francesa, Battistelli es considerado una de las mayores autoridades en patentamiento.

La OEP es la segunda organización internacional de servicio público de Europa. Emplea a 7000 personas, recibe anualmente 160.000 solicitudes y alberga más de 100 millones de documentos con información acerca de invenciones y avances tecnológicos.En el país, de 4000 aplicaciones presentadas al INPI en 2015 y 2016, apenas 10 fueron presentadas y aceptadas en la OEP.

-Doctor Battistelli, ¿cuál fue el propósito de su visita a Buenos Aires?

-Nosotros cooperamos con diferentes oficinas del mundo. En América latina, en especial, con México y Brasil, pero también más recientemente con países como Colombia y Chile. Con la Argentina hasta ahora era difícil, pero claramente la protección intelectual se está transformando en una prioridad. Firmamos un memorando de entendimiento, y tuvimos reuniones de discusión técnica y entrenamiento de los examinadores, para modernizar el proceso de patentamiento y analizar la posibilidad de utilizar herramientas que desarrollamos, como un nuevo esquema de clasificación.

-¿Cómo se compara la OEP con la oficina de patentes de los Estados Unidos?

-Somos más o menos del mismo tamaño; la diferencia es que solo nos conciernen las patentes, no las marcas comerciales. Hay cinco grandes oficinas de patentamiento en el mundo: en Estados Unidos, China, Japón, Corea del Sur y Europa, y representan el 85% de las patentes del mundo.

-¿Por qué está Europa interesada en este tipo de acuerdos?

-Son importantes para armonizar el sistema de patentes en todo el mundo. Facilitan los intercambios y las inversiones. Por eso, todos los países están tratando de desarrollar su capacidad de patentamiento.

-Todo el tiempo se habla de la necesidad de aumentar el número de patentes, pero ¿qué significa eso en términos económicos?

-Hay por lo menos dos razones por las que las patentes son el motor de la innovación y el progreso técnico. La primera es que para desarrollar un nuevo producto o un nuevo proceso se necesita una gran cantidad de dinero, y nadie lo va a invertir si no está seguro de que su inversión estará protegida y que será el único en explotar el resultado de su desarrollo. La segunda razón es que cuando uno obtiene una patente, por un lado tiene el beneficio de esta protección, y por otro, hace pública su invención, de modo que todo el mundo puede entender de qué se trata y cómo esta contribuye con el progreso técnico. Todos los países están convencidos de este círculo virtuoso: patentes, innovación, desarrollo económico y creación de empleos. Recientemente publicamos un estudio sobre el impacto económico de las patentes en la economía de la UE. Es interesante ver que las industrias intensivas en tecnologías innovadoras contribuyen con alrededor del 40% del PBI, pagan sueldos 60% más altos y representan el 40% del empleo en Europa. En una economía cada vez más basada en bienes intangibles, las patentes son una herramienta estratégica para desarrollar la economía de los países.

-A veces, las innovaciones vienen de personas individuales o pequeños grupos a los que se les hace difícil pagar una patente. ¿Qué rol debería jugar el Estado?

-El costo de las patentes no debería ser visto como un gasto, sino como una inversión. Cuando uno quiere desarrollar un nuevo producto, tiene que hacer inversiones, y una de ella es obtener una patente. Pero somos conscientes de que el precio es relativamente alto, especialmente para pequeñas compañías, por eso en Europa estamos en el proceso de desarollar lo que llamamos "patente única" y eso va a reducir el costo en un 70%.

-Argentina es un país con niveles muy bajos de patentamiento. ¿Lo atribuye a la falta de una cultura de la innovación o a un exceso de burocracia?

-Claramente, el número de patentes en la Argentina no está de acuerdo con su potencialidad económica. El hecho de que a Europa lleguen menos patentes de la Argentina que de Chile muestra que hay una posibilidad de progreso. Las razones no las conozco exactamente, pero hay un margen de progreso modernizando vuestro sistema de patentamiento, desarrollando una cultura de la innovación, mejores vínculos entre la industria y la investigación... Es de hecho lo que se está haciendo en todo el mundo. Antes de ser el director de la EPO, fui director de la oficina francesa de patentes (que, de paso, también se llama INPI). Y en Francia habíamos desarrollado programas específicos para mejorar los vínculos entre la investigación pública y las industrias que llevó a la multiplicación de startups. Las patentes están realmente en el corazón de esta nueva economía basada en el conocimiento.

-¿Cuánto cuesta solicitar una patente en la EPO?

-Varía bastante, pero en promedio 5000 euros. A eso hay que agregarles los costos vinculados con la consultoría de una firma privada (abogados de patentamiento). En total, ronda los 25.000 euros.

-¿Cómo se las arreglan para manejar el enorme volumen de datos necesarios para constatar que una solicitud contiene una innovación genuina?

-Hay tres criterios para patentar una invención. La primera es asegurarse de que se trata de algo nuevo. Y esta es una tarea enorme, porque tenemos que comprobarlo no solo comparándola con patentes anteriores, sino con todo el conocimiento disponible. Contamos con enormes bases de datos para las cuales diseñamos motores de búsqueda propios. En la EPO, más de la mitad de las solicitudes de patentes son rechazadas. El segundo criterio es que esa invención debe ser útil para alguien especializado en ese campo. Y el último, que no solo debe funcionar como prototipo de laboratorio, sino que tiene que haberse desarrollado en escala industrial. Somos muy selectivos. Se nos considera la oficina más exigente del mundo en lo que concierne a la calidad de las patentes. Esa es nuestra política.

-¿Qué papel le asignan a la inteligencia artificial en esa tarea?

-Estamos a la vanguardia en ese campo. Desarrollamos herramientas que, por ejemplo, nos permite usar palabras claves para reunir automáticamente el 60% de las referencias pertinentes cuando hacemos una búsqueda. Pero también estamos en la vanguardia de la patentabilidad de invenciones vinculadas con la inteligencia artificial. Por eso, recibimos cada vez más solicitudes en esta área. El año pasado rondaron las 5000, una cifra que representa un incremento de más del 50% comparada con el año anterior.

Por: Nora Bär

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