Boca-River. Rubén Suñé y Leopoldo Luque, actores determinantes de aquella exclusiva final

El torneo Nacional 1976 es el único antecedente de una definición de un título entre River y Boca; un viaje entre el recuerdo del gol de tiro libre del Chapa que no logró bloquear el delantero y el presente
El torneo Nacional 1976 es el único antecedente de una definición de un título entre River y Boca; un viaje entre el recuerdo del gol de tiro libre del Chapa que no logró bloquear el delantero y el presente Fuente: Archivo
Patricio Insua
Gustavo Yarroch
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14 de marzo de 2018  

Es la cuenta regresiva para un partido histórico. Lo saben los jugadores, lo advierten los entrenadores y lo gritan los hinchas. Boca y River van a protagonizar una final después de casi 42 años, la segunda desde la instauración del profesionalismo en 1931. El único antecedente se remonta al 22 de diciembre de 1976, cuando en la cancha de Racing definieron el torneo Nacional de ese año, que se pintó de azul y oro con el gol de Rubén Suñé.

"En este tipo de partidos pueden ocurrir cosas inesperadas. Mi gol en aquel partido fue algo inesperado, porque quizá lo lógico hubiera sido que pateara al otro palo; también fue sorpresivo por el lugar en el que entró la pelota", recuerda el Chapa, en la charla con LA NACION, sobre el tiro libre que dejó inmóvil nada menos que a Fillol.

Leopoldo Luque fue titular en aquella final y, de alguna manera, tuvo responsabilidad directa en la caída de River: era el encargado de impedir que los jugadores de Boca remataran rápido los tiros libres, luego de una advertencia del árbitro Arturo Ithurralde de que dejaría ejecutarlos sin la necesidad de que la barrera estuviera armada. "Todo arrancó con un pelotazo que me tiraron a mí: piqué y no llegué. Gatti sacó rápido, hubo dos o tres toques, un foul, y yo era el que tenía que cuidar que no patearan rápido. Cuando el Pato estaba armando la barrera, Suñé le pegó y la clavó en un ángulo. Me faltó un metro para taparle el tiro; encima le pegó bárbaro, como un monstruo. Yo les había dicho a mis compañeros que estuvieran atentos porque, al jugar arriba, podía pasar que no llegara a tapar algún tiro libre. Y eso fue lo que pasó", afirma con el tono de quien entiende que la culpa no fue toda suya.

Antes de aceptar las preguntas, Luque ensaya un pedido. "Quiero que el clásico sea en paz, no sea una guerra. Quiero que sea una fiesta del fútbol. Tiene que ser una fiesta... y que gane River", enfatiza.

Aquel encuentro le dejó enseñanzas a Luque, que se anima a trasladarlas al presente. "En esta clase de partidos, lo principal es no distraerse, estar atento a todo. La concentración es clave hasta en un lateral. Y después, cuando uno tiene la pelota, hay que tratar de jugar bien. Porque en el fútbol es clave jugar bien para hacer la diferencia".

Desde la vereda de enfrente, Suñé resalta: "Es un partido sin favoritos, aunque Boca puede tener alguna ventaja porque viene mejor, con cinco o seis jugadores de jerarquía". Cree que Boca puede ganar el partido de contragolpe, pero deberá tener mucho cuidado de no perder la atención. No puede dar ninguna ventaja".

Luque también es de los que piensan que los 23 puntos que Boca le lleva a River en la Superliga no se verán reflejados en la Supercopa Argentina. "Todos los partidos son diferentes. Boca lleva una ventaja muy grande sobre River en el campeonato, pero los clásicos son verdaderamente partidos en el que no juegan los antecedentes. El que diga que no, que me dé una explicación válida. Además, Boca está muy bien en la tabla, pero bajó su nivel en los últimos partidos. Y River no está bien en puntos, pero ti ene jugadores de jerarquía", afirma. Y, convencido, agrega: "River no está jugando del todo bien porque los refuerzos recién se están acomodando, pero tiene un gran plantel y considero que contra Boca será el partido bisagra. Le tengo mucha fe, va a ser el partido para la levantada definitiva del equipo".

Para el campeón mundial con Argentina en 1978, el jugador que marcará el pulso de River en Mendoza será Leonardo Ponzio. "Si él anda bien, River va a funcionar y estará equilibrado. Y arriba hay jugadores que te pueden hacer un gol en cualquier momento". Claro que Luque también es consciente de la potencia de Boca: destaca que no es Tevez, sino Cristian Pavón el jugador a seguir de cerca: "River le va a tener que cerrar los espacios, es un jugador muy rápido. En diez metros puede sacarte cinco".

"Los jugadores deben estar más nerviosos que de costumbre y es lógico, porque esta vez el superclásico es una final", cuenta Suñé, que ganó una Copa Intercontinental, dos veces la Copa Libertadores y cuatro campeonatos locales con los xeneizes. Hace un tiempo no visita la Bombonera: los problemas en la rodilla izquierda le quitaron mucha movilidad. De todas maneras, sigue al detalle al equipo por televisión. "Lo veré con la familia", anticipa.

Antes de la despedida, Luque suelta una frase de quien se siente una suerte de cábala: "Hasta ahora no lo vi perder nunca a River en Mendoza. Esperemos seguir con la racha". Del otro lado, el deseo es opuesto. "Ojalá que vaya todo bien y que gane Boca", concluye Suñé, el autor de aquel tiro libre que entró en el terreno de la leyenda al no conservarse ningún registro fílmico.

Labruna y Lorenzo, aquel duelo de estrategos

Si hubo dos directores técnicos identificados con River y Boca en aquel tiempo, ellos fueron Ángel Labruna y Juan Carlos Lorenzo. Angelito, en 1975, cortó la racha de 18 años sin títulos de los millonarios; el Toto, con las conquistas de 1976 -los xeneizes también ganaron el torneo Metropolitano- inició un ciclo de éxitos que incluyó la Libertadores y la Intercontinental.

El torneo de 34 equipos que necesitó de un sponsor

Fue la primera vez que el fútbol argentino juntó a 34 clubes en un torneo, aunque el certamen, debido a los problemas económicos, necesitó de un sponsor : la empresa Nobleza Piccardo hizo el aporte.

Directo a jugar: el sorteo se realizó en el vestuario

Con 70 mil personas en la cancha de Racing y para que los jugadores entren concentrados en el juego, el árbitro Arturo Ithurralde hizo el sorteo en el vestuario: Suñé y Perfumo eran los capitanes.

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