El reto de Gallardo es despertar la fibra de un River adormecido

Claudio Mauri
Claudio Mauri LA NACION
Marcelo Gallardo, ante una nueva oportunidad
Marcelo Gallardo, ante una nueva oportunidad Fuente: Archivo
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14 de marzo de 2018  

Gallardo se ganó un prestigio en River armando y rearmando equipos sin resignar competitividad ni rebajar objetivos. En más de una oportunidad se lo elogió al director técnico por su capacidad para "reinventarse", de orfebre para acomodar nuevas piezas. A lo largo de casi cuatro años fueron cambiando intérpretes de una idea futbolística que sustancialmente no se modificó.

Por infrecuente, la actualidad de River sorprende más: Gallardo no encuentra el equipo y el estilo se diluyó tanto que la pregunta más repetida en 2018 es: ¿a qué juega River? Este tipo de interrogantes suele llevar una connotación negativa, señala carencias. Varias son fácilmente detectables: bajó el nivel de intensidad, el equipo se estira mucho, controla poco el juego y deja espacios cuando retrocede. De lo concreto a lo intangible, falta de confianza e inseguridad, hay un paso.

Este cuadro de situación sugiere que la superfinal contra Boca le llega en un mal momento, que no lo agarra bien armado ni parado. Hasta Gallardo reconoció que, por presente, "Boca es el favorito", si bien enseguida aclaró que "los clásicos son diferentes".

River puede asumir el partido como algo inoportuno o como una posibilidad caída del cielo. ¿Qué otra que no sea un triunfo sobre Boca lo puede sacar de la molicie en que se transformó su campaña en la Superliga, mientras la Copa Libertadores todavía está demasiado en pañales como para inflar el pecho?

La recuperación y soluciones futbolísticas seguramente a River le llevarán un tiempo. No es cuestión de un día. Para cambiar el ánimo, volver a respirar optimismo y mirar el futuro con otros ojos le puede alcanzar esta noche. Así como la insólita eliminación ante Lanús lo hundió en un pozo de profundidades aún incalculables, quedarse con la Supercopa puede marcar una bisagra, consolidar un operativo rescate. Ya tiene algún antecedente de una copa que le sirvió para poner tierra de por medio a una decepción. Cuando en el verano de 2015 Boca lo goleó, encontró redención inmediata con la Recopa Sudamericana que le ganó a San Lorenzo.

River tiene más para ganar que para perder, en términos de que el opaco presente no pone en riesgo la continuidad de Gallardo -seguramente la situación sería diferente con cualquier otro entrenador-y los jugadores no están ante un examen final.

El tipo de definición es lo que mejor le cae al River de Gallardo. En finales ganó los siete títulos, mientras que en las competencias de largo aliento -como los torneos locales-, al principio, en el medio o en el desenlace siempre se tuerce. Además, cuando hace memoria, encuentra que en los últimos dos mano a mano con Boca construyó un espíritu copero que no abunda en su historia. Es cierto, ya pasaron casi tres años y más también de esos partidos. Sigue Gallardo, cambiaron varios futbolistas y en lugar de Arruabarrena está Guillermo Barros Schelotto. La historia no juega, pero el fútbol es proclive a las rachas, y esta última favorece a River.

En juego también está para Gallardo sus dotes para despertarle la fibra a un plantel un tanto adormecido. Con su palabra supo llegarles a jugadores que en aquellos partidos de 2014 y 2015 mostraron mente y pierna fuerte. Hicieron del carácter y la cohesión un sello distintivo. Esos atributos hoy River no los tiene, pero sí cuenta con individualidades capaces de refrescarlos, como Ponzio, Maidana, Pity Martínez, Nacho Fernández, más un Enzo Pérez que encaja en esa línea.

River está en peligro, pero tiene la frase de Pierre de Corneille para inspirarse: "Vencer sin peligro es triunfar sin gloria".

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