Con un nuevo secretario de Estado, Trump endurece su visión del mundo

Echó por Twitter a Rex Tillerson y nombró como su sucesor a Mike Pompeo, un halcón que hasta ayer era director de la CIA; se debilitó aún más el ala "globalista" de la Casa Blanca
Echó por Twitter a Rex Tillerson y nombró como su sucesor a Mike Pompeo, un halcón que hasta ayer era director de la CIA; se debilitó aún más el ala "globalista" de la Casa Blanca Fuente: Reuters
Rafael Mathus Ruiz
(0)
14 de marzo de 2018  

WASHINGTON.- En uno de los cambios más anticipados de su gabinete, el presidente Donald Trump despidió ayer al secretario de Estado, Rex Tillerson, que será reemplazado por un halcón: el director de la CIA, Mike Pompeo. La decisión puso fin a una relación tensa y alineó el día a día de la política exterior con la filosofía "Estados Unidos primero".

Tillerson se enteró de que había sido despedido a la par que el resto del mundo, según la versión de sus asesores. "Pompeo será nuestro nuevo secretario de Estado. ¡Hará un trabajo fantástico! ¡Gracias a Tillerson por su servicio!", tuiteó Trump.

"Gina Haspel se convertirá en la nueva directora de la CIA, y la primera mujer en serlo. ¡Felicitaciones a todos!", añadió Trump.

Aunque la salida de Tillerson del gobierno era un secreto a voces desde hacía meses, su salida -abrupta, desprolija- dejó atónitos a varios en Washington.

Tillerson mantenía una relación ríspida, incómoda, con el presidente, y el Departamento de Estado había quedado marginado del manejo de varios rincones estratégicos de la política exterior de Estados Unidos. Pero su despido quedó envuelto en una frialdad cruda, despojado de decoro: Trump tomó la decisión por su cuenta, solo, y no lo llamó hasta horas después de echarlo. Apenas le dedicó una línea en el comunicado oficial: le agradeció su servicio y dijo que se había "logrado mucho" durante su gestión. No identificó un solo logro.

"No lo discutí realmente mucho con él, sinceramente. Tomé esa decisión yo solo. Rex no estaba, como saben, en este país", justificó Trump a periodistas, ayer por la mañana, en los jardines de la Casa Blanca, antes de subirse a su helicóptero para emprender viaje a California, adonde ayer por la tarde visitó prototipos del muro que prometió construir en la frontera con México.

Tillerson había aterrizado unas horas antes en Washington, tras un furtivo regreso de una gira por África. Visiblemente cansado, con voz temblorosa, se despidió, horas después, solo, en la sala de prensa del Departamento de Estado. Dijo que se irá el 31 de marzo, agradeció la "honestidad e integridad" del cuerpo diplomático y al secretario de Defensa, Jim Mattis. No mencionó a Trump ni una sola vez, pero le dejó un mensaje al presidente ruso, Vladimir Putin.

"Rusia debe evaluar cuidadosamente cómo sus acciones están en el mejor interés del pueblo ruso y del mundo en general. Continuar en su trayectoria actual es probable que conduzca a un mayor aislamiento de su parte, una situación que no está en el interés de nadie", advirtió.

Trump había justificado el enroque en su gabinete en las diferencias de "pensamiento" que tiene con Tillerson, y en la "muy buena química" que construyó con Pompeo, algo que, reconoció, nunca tuvo con el texano, que dejó Exxon Mobil para sumarse al gabinete. Trump dijo que con Pompeo tiene "un proceso de pensamiento muy similar".

"Siempre estamos en la misma onda. La relación ha sido muy buena. Eso es lo que necesito como secretario de Estado", había dicho el mandatario.

Versiones

La decisión se precipitó en los últimos días. La Casa Blanca dijo que Tillerson sabía la medida desde el viernes pasado. Pero desde el Departamento de Estado surgió otra versión: el jefe de Gabinete, John Kelly, llamó a Tillerson el viernes para alertarlo sobre su precaria situación, y le advirtió que podía caerle un tuit. Nada más. Tillerson anticipó su regreso en un último intento por torcer su destino. Pero su suerte ya estaba echada.

"El secretario tenía toda la intención de quedarse debido a los avances críticos en seguridad nacional y otras áreas", dijo ayer Steve Goldstein, subsecretario de diplomacia pública del Departamento de Estado, después del fatídico tuit del presidente. "El secretario no habló con el presidente, y desconoce el motivo", agregó. Tras contradecir la versión oficial, la Casa Blanca echó a Goldstein.

Tillerson se había opuesto a varias decisiones fundacionales de Trump. Era, dentro del gabinete, un "globalista", una de las voces en discordia con la visión nacionalista y proteccionista del mandatario. Tillerson se opuso a la salida del Acuerdo Climático de París, defendió el acuerdo nuclear con Irán e intentó postergar el traslado de la embajada de Estados Unidos a Israel.

En los últimos días, Tillerson había alertado sobre el daño que las flamantes tarifas al acero y al aluminio que impuso Trump -una promesa de campaña- le imprimirían a varias relaciones estratégicas de Washington. Lo peor de todo: nunca negó del todo haber llamado a Trump "maldito estúpido".

Su salida del gabinete refuerza el aura de caos que rodea a la Casa Blanca desde el inicio de la presidencia de Trump. Ningún otro gobierno en la historia moderna de Estados Unidos ha tenido una rotación de funcionarios tan alta como el del magnate.

El plan para reemplazar a Tillerson con Pompeo, quien llegó a Washington montado en la ola ultraconservadora del Tea Party, en 2010, había sido ventilado por la prensa en diciembre último. Fue enfáticamente desmentido.

"Los medios han estado especulando que despedí a Rex Tillerson o que se iría pronto. ¡Noticias falsas!", tuiteó Trump, el 1° de diciembre de 2017. Ayer fue verdad.

temas en esta nota

0 Comentarios Ver

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.