Marcelo Bejanele, el carpintero de 53 años al que el skate le salvó la vida

El Moska Bejanele, en acción
El Moska Bejanele, en acción Crédito: Pablo Franco
Tomás Luiggi Arias
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13 de marzo de 2018  • 23:59

"El Moska", tal como se lo conoce, es un ídolo nacional en este deporte porque lleva una vida entera subido a la tabla. Hoy, Marcelo Bejanele es carpintero y diseñador de pistas de skate públicas en Argentina, gracias a que el skate lo salvó. "Trabajaba en los Estados Unidos, estaba muy solo y deprimido y pensé en quitarme la vida. Gracias a Dios encontré un motivo para seguir viviendo: el skate" afirma.

Algunos no quieren llamarlo deporte, sino más bien "estilo de vida". Los skaters son así y no hay discusión al respecto. Marcelo Bejanele es uno de ellos. Nació en febrero del año 1965 y es un skater de la vieja escuela, porque lleva andando más de la mitad de su vida.

Todo comenzó en 1976, cuando su abuela Lida le regaló una tabla de skate Leccese, un modelo de patinetas angostas y antiguas con ruedas plásticas, como se solían usar por entonces. Más adelante llegaron a su vida los modelos internacionales, como el de Tony Alva o Duane Peters, y los diseños de Jeff Phillips que lo inspirarían a surfear el pavimento eternamente, al son del rock de Slayer, Alice in Chains o Code of Honour, entre sus bandas favoritas.

El Moska Bejanele, en acción
El Moska Bejanele, en acción Crédito: Pablo Franco

Marcelo forma parte de un grupo de pioneros nacionales del skate en los que se encuentran otros personajes que siempre los han inspirado a continuar patinando, como Walas (cantante de la banda Massacre), Pato Martelli y Rolf Durrieu, otras leyendas vivientes del skate argentino.

Su día comienza normalmente a las 7.30 con una taza de café bien negro, un jugo de naranja y un tostado con pan de salvado y queso fresco. Luego se sube a su bicicleta y se dirige al skatepark de la Bristol en Mar del Plata, para empezar el día motivado y en movimiento. Bien temprano antes de comenzar a trabajar, Marcelo anda todos los días unas horitas en skate.

De regreso a casa, realiza su oficio: carpintero de muebles rústicos y convencionales, no sin antes tener su cuota diaria de patineta para mantenerse contento y en forma.

El Moska Bejanele, en La Feliz
El Moska Bejanele, en La Feliz Crédito: Pablo Franco

Entre trabajos entregados y nuevos pedidos de carpintería, Marcelo también ayuda a Guillermo de Diego (arquitecto marplatense) en el diseño y realización de nuevos skateparks o pistas públicas de skateboarding.

Su historia es la de un tipo simple, que vivió una etapa de su vida en Estados Unidos trabajando de carpintero en escenografías para fotos y videos hasta que un día llegó a pensar en suicidarse, arrastrado por una profunda depresión.

Marcelo trabaja en su casa donde cuida de su perra Luna, que ya está viejita. Al caer el día habla con su novia Maru y normalmente cenan juntos. Le preguntamos cómo consiguió la armonía que hoy lleva en su vida, a lo que nos respondió: "La clave para ser feliz es ser buena persona y hacer feliz a los seres queridos. Vivir en tranquilidad a pesar de todo y andar en skate. Gracias skateboarding".

Bejanele, en la pista de skate cerca de playa Bristol
Bejanele, en la pista de skate cerca de playa Bristol Crédito: Pablo Franco

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