Un obstáculo menos hacia el gabinete que sueña el magnate

Rafael Mathus Ruiz
Rafael Mathus Ruiz LA NACION
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14 de marzo de 2018  

Le tomó un tiempo. Pero ahora, confiado, más suelto, con la economía a tope, Donald Trump inauguró la fase más trumpista de su presidencia.

Con el despido de su canciller, Rex Tillerson, Trump amplió una purga que ha retocado el perfil de su gabinete, que ahora tendrá menos "globalistas" y menos voces disidentes y más figuras afines a su estilo y a su visión del mundo.

Un giro a favor del nacionalismo y el proteccionismo, de los "halcones" y del poderío militar como pilar de la política exterior norteamericana.

El despido de Tillerson, uno de los "globalistas" que sobrevivían en el gabinete, profundizó ese giro. Tillerson, aun aislado, con poco peso interno y una gestión criticada, era a la política exterior lo que Gary Cohn, quien dejó la semana pasada el Consejo Nacional Económico, era a la política económica: una voz que aportaba equilibrio interno a las posturas más radicales del jefe de la Casa Blanca.

Su salida era esperada por todos, y su reemplazo por el ahora director de la CIA, Mike Pompeo, un "halcón", también estaba en los papeles.

Pero la confirmación, ayer, de ese cambio no dejó de ser vista como una novedad que abonó a la radicalización del gabinete. "Está a la derecha de Trump en todo", confió, al hablar de Pompeo, un diplomático con buena llegada a la Casa Blanca.

Trump seguramente hará más cambios.

"Conocí mucho a mucha gente durante el año pasado y estoy realmente en un punto en el que nos estamos acercando mucho a tener el gabinete y otras cosas que quiero", afirmó el presidente ayer, en un breve ida y vuelta con periodistas en los jardines de la Casa Blanca, un rato después de que anunció, en Twitter, el despido de Tillerson, un empresario históricamente vinculado con la industria del petróleo.

Esa frase dejó dos confirmaciones más: aunque Trump ha comenzado a darle forma al gabinete que siempre quiso tener, esa tarea aún está inconclusa. La purga no ha terminado.

Para sus críticos, el altísimo recambio del gobierno es un síntoma del caos interno. Pero para el presidente es un trámite necesario en busca de la "perfección".

"Todavía tengo algunas personas que quiero cambiar (siempre busco la perfección). ¡No hay caos, solo gran Energía!", había tuiteado el presidente la semana anterior.

¿Quién será el primero en seguir los pasos de Cohn y Tillerson? El nombre en boca de todos para ser el próximo en abandonar la Casa Blanca es el asesor de Seguridad Nacional, el general H.R. McMaster. Es otro "moderado" del gabinete, que llegó a apagar el incendio que dejó la escandalosa salida de Michael Flynn, hoy condenado y a la espera de sentencia por mentirle al FBI.

Su reemplazo podría ser John Bolton, exembajador de George W. Bush ante las Naciones Unidas y uno de los "halcones" mas ásperos en el coro de voces que integran la comunidad de política exterior de la primera potencia global.

Otros candidatos a dejar el gobierno son el fiscal general, Jeff Sessions, de relación tirante con Trump, y el jefe de gabinete, John Kelly, quien, paradójicamente, se mudó al Ala Oeste para "disciplinar" al gobierno. Sin embargo, en las últimas semanas, el militar dejó trascender su malestar con Jared Kushner, asesor, yerno y uno de los protegidos del jefe de la Casa Blanca.

Eso, con Trump, es casi una misión imposible.

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