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Martín Páez, entre el cómic, el afiche y el art brut

Martín Páez en familia: con Fito, Cecilia Roth y su hermana Margarita, en la inauguración de su primera muestra de arte en Rosario
Martín Páez en familia: con Fito, Cecilia Roth y su hermana Margarita, en la inauguración de su primera muestra de arte en Rosario Crédito: Guillermo Turín Bootello
Daniel Gigena
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16 de marzo de 2018  • 09:44

Martín Páez, 18 años, tiene su taller en la casa de su papá, Fito
Martín Páez, 18 años, tiene su taller en la casa de su papá, Fito Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli

Nació en 1999 en Rosario. Es hijo de una pareja de artistas y es probable que él mismo se convierta en artista con los años. Es muy joven todavía. Pinta desde los cinco, pero solamente vendió obras en dos ocasiones. Una vez, puso en venta varios cuadros en una fiesta de cumpleaños de su madre, la actriz Cecilia Roth. Cada obra costaba diez pesos y las vendió todas. A los trece, en vez de vender una pintura, la trocó por un celular porque el suyo se había roto. Desde el 6 de marzo, por invitación del Centro de Expresiones Contemporáneas, situado en la inmensa costanera pública de Rosario, Martín Páez expone sus pinturas. Eligió las obras con la ayuda de Lila Siegrist, artista, gestora cultural y reciente exfuncionaria de la Secretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad de Rosario. "Elegimos once pinturas de gran formato; dos son de 2010 y 2011, y las otras, más recientes", cuenta Páez a LA NACION.

Para la inauguración de La invención de Hugo, viajaron Roth y Fito Páez, que cerca de la hora del cierre dio un concierto con una banda local. También estuvieron la hermana menor de Martín, Margarita, y un grupo de amigos. "Todavía no me dio una opinión sobre la muestra", dice entre risas cuando se lo consulta por el juicio de la hermana. En su casa, varias de sus pinturas llevan el nombre de Margarita.

"A los cinco ya hacía bosquejos -cuenta-. A los siete empecé a pintar en tela. Hice cursos con Mirta Kupferminc y después con María Casalins. Fui a varios talleres. Si bien me enseñaron a hacer caras y cuerpos, nunca pude dibujar bien una cara. Todavía no puedo. Me gusta que algunas obras parezcan a medio terminar."

Asesorado por el galerista Horacio Dabbah, Páez trabaja horas en un taller minúsculo mientras cursa el último año de secundaria. Dibuja y escribe en libretas de tapa negra y cuando pinta, escucha música a todo volumen. Prince, Bob Marley, Sumo; el bajista de la banda de Fito Páez, Mariano Otero, le recomendó escuchar jazz. Miles Davis, Paul Bley, Thelonious Monk inspirarán nuevas visiones, a medio camino entre el cómic, el afiche y el art brut.

-Elegiste telas grandes para la mayoría.

-Me resulta más fácil trabajar en telas grandes que en chicas. Uso brochas para los fondos y pinceles para las figuras. A veces le doy varias capas y hago yo mismo los pigmentos.

-¿Por qué le pusiste como título La invención de Hugo?

-Por la película de Martin Scorsese, La invención de Hugo Cabret. El protagonista es un chico huérfano, que creaba juguetes y arreglaba cosas. Cuando yo era chico, en un taller de carpintería siempre hacía muñecos y objetos. Esa película me marcó mucho y me sentí identificado con el protagonista. Siempre hice cosas manuales.

-¿Qué sentiste cuando te invitaron a exponer en Rosario?

-Primero pensé que no podía ser cierto. Me alegró mucho. El día de la inauguración estaba muy nervioso, había muchas personas. La galerista Gabriela Gabelich me presentó a algunos artistas de Rosario, como Inés Beninca, que participa en la otra muestra del CEC. También fueron muchos amigos de Buenos Aires a ver la exposición. A la mañana llamaron al hotel y dijeron: "Acá estamos".

-¿A tus padres les gustó la muestra?

-Sí. Fuimos a verla juntos un día antes, cuando no había nadie. Papá insiste en que tengo que mejorar la técnica; mamá no me dice nada sobre eso. Los dos tienen pinturas mías en sus casas. Me pasó algo muy curioso en Buenos Aires, después de la muestra. Sentía que estaba vacío, no entendía qué me pasaba pero solamente tenía ganas de pintar. Entonces puse una tela y empecé a pintar algo que todavía no me termina de gustar. En estos días pinté sin música.

Martín y Fito Páez en el living de su casa de Buenos Aires
Martín y Fito Páez en el living de su casa de Buenos Aires Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli

" Papá insiste en que tengo que mejorar la técnica; mamá no me dice nada sobre eso. Los dos tienen pinturas mías en sus casas"

-Si tu galerista es Gabelich, ¿qué papel cumple Horacio Dabbah?

-Él me va guiando, me da consejos. Me dice que estudie. Con Horacio vamos al Museo Nacional de Bellas Artes y ahí me cuenta las historias de las obras y de los artistas. Los sábados a la tarde, cuando siento que no puedo seguir pintando o me tildo, salgo a caminar solo, me tomo un helado en Recoleta y voy al MNBA o al Malba. De ahí vuelvo con ganas de pintar.

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