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El tejido político para elegir un nuevo presidente en la UAR y sus entretelones

Jorge Búsico
Jorge Búsico PARA LA NACION
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15 de marzo de 2018  

La estantería política de la Unión Argentina de Rugby (UAR) volvió a moverse y desde el próximo 23 el sanjuanino Marcelo Rodríguez será el nuevo presidente por el lapso de cuatro años, siguiendo una línea similar a la que ejerció el titular saliente, el rosarino Carlos Araujo. No se prevén, a priori, grandes cambios en lo estructural. Quizá para la Copa del Mundo de 2019 se levante la veda para los que están en Europa; ¿habrá una previa a esa decisión en este o en el siguiente Rugby Championship? Aunque es probable que otros sean los modos y se busquen otras alternativas tras un período que incluyó el debut del profesionalismo doméstico, el ingreso en el Súper Rugby, la híper competencia amateur y un circuito del negocio que estuvo en brazos de un número no mayor al de los dedos de una mano.

Sin embargo, el tejido que se hizo para llegar nuevamente a una lista única, aunque esta vez con la candidatura a presidente de un representante Unión de Rugby de Buenos Aires (URBA), merece un análisis más fino y amplio de lo que dicen las noticias y los comunicados. Si bien se privilegió no tirar la estantería, lo cierto es que el resto de las Uniones provinciales (24 en total) se abroquelaron, sin fisuras, detrás de Rodríguez. Ese bloque se armó empujado desde adentro mismo de la UAR por Araujo no bien la URBA sacó a luz a su hombre, el ex Puma Gabriel Travaglini. Hubo desde el comienzo, aunque no se llegó a la sangre, un escenario de enfrentamiento.

Después de un mes y medio de reuniones entre los 6 negociadores (3 por cada lista), la URBA entendió que no iba a poder imponer a Travaglini de presidente. Entonces, en esa mesa chica, acordó a cambio: retomar la presidencia en 2022, retener todos los cargos que tenía en el Consejo anterior (especialmente la vicepresidencia, ahora con Travaglini, y la secretaría, con Fernando Rizzi, que repite) y la presidencia de competencias (también a cargo de Travaglini); nombrar al ex Puma y presidente del CASI como representante ante la World Rugby y, aquí el meollo, reducir en tres fechas el Nacional de Clubes a partir de 2019.

La URBA celebró este acuerdo como un éxito y puso especial énfasis en su voluntad de mantener el orden establecido en los últimos años. Si bien ningún club objetó las gestiones que presidió el titular de la entidad, Patricio Roán, se sabe que Buenos Aires solo logró lo del Nacional de Clubes, ya que el camino hasta 2022 es largo y pueden ocurrir infinidad de variantes en el medio; que la presidencia de Competencias ya la tenía y que en la World Rugby manda Agustín Pichot.

Lo cierto es que quizá molestos por el tono triunfalista de la URBA o por lo que entendieron como alguna derrota política, desde algunos sectores del llamado Interior se empezaron a alzar en las últimas horas voces contrarias a la reducción del Nacional de Clubes. El runrún llega desde Tucumán, que se quedó sin representantes en la mesa chica, y tiene eco en Córdoba. Las dos son de las Uniones más fuertes luego de la URBA y con gran presencia de poder en la UAR los últimos 8 años.

Si la mecha que se encendió sigue sin apagarse, los acuerdos firmados pueden llegar a estropearse. Faltan solamente 8 días para la asamblea de cambio de autoridades y es de esperar que se mantenga lo establecido. Pero lo que se vislumbra, como bien señaló un consejero, es una tensa calma. Hay desde los dos lados miradas de desconfianza. Un dato no menor es que el sábado, segundos antes del partido de Jaguares, Pichot escribió un tweet criticando a la UAR por encimar el Nacional de Clubes con el Súper Rugby, algo que ya había pasado el año anterior. Nada más que en 2017 el cielo estaba -o parecía, al menos- despejado.

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