Paul Thomas Anderson, entre Daniel Day-Lewis y Tiffany Haddish

Con la película que marca la despedida de la actuación de su protagonista logró seis nominaciones; ahora piensa en su próxima obra junto a la actriz que entregó el mejor momento de la ceremonia
Con la película que marca la despedida de la actuación de su protagonista logró seis nominaciones; ahora piensa en su próxima obra junto a la actriz que entregó el mejor momento de la ceremonia Crédito: UIP
Marcelo Stiletano
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15 de marzo de 2018  

No es habitual que el estreno en los cines argentinos de una de las candidatas al Oscar a mejor película ocurra después de la entrega de premios. Y mucho menos cuando el título en cuestión llega precedido por los mejores elogios y por la particularidad de que su protagonista (también candidato al Oscar de este año como mejor actor) decidió voluntariamente abandonar el cine después de esta actuación. Pero ni el casi unánime veredicto favorable de la crítica internacional ni la expectativa por ver actuar (¿por última vez?) a Daniel Day-Lewis alteraron los planes originales de la distribuidora UIP.

El hilo fantasma ( The Phantom Thread) llega hoy a las salas locales, diez días exactos después de la ceremonia a la que había llegado con la elevada expectativa de sus seis nominaciones. Solo una de ellas se transformó en premio, la de mejor vestuario. De hecho, era la favorita en este rubro. Y ese reconocimiento fue visto por casi todos como algo casi natural: el eje narrativo de El hilo fantasma es la historia de amor que une a un prestigioso diseñador de moda llamado Reynolds Woodcock (Day-Lewis), el más prestigioso y brillante de su tiempo (la década de 1950) en Londres, y su inesperada musa, una camarera de misterioso origen (Vicky Krieps). En el medio, la silenciosa y severa hermana del modisto (Leslie Manville, nominada al Oscar), cuya influencia resulta tan imperceptible como decisiva.

De todas maneras, hay que reconocer que el lanzamiento local de El hilo fantasma tiene bastante de oportuno para los observadores más agudos de estas cuestiones. De hecho, aparecieron después de la ceremonia varias noticias relevantes alrededor de los próximos proyectos del director de El hilo fantasma y también, aunque parezca insólito, de lo que podría depararnos el Oscar 2019. Todo desde una perspectiva muy diferente de la que propone la película, un relato, que como todo lo que pasa con Anderson, resulta ajeno a las modas (aunque su nueva película hable más que nada de moda), a los debates corrientes y a las temáticas dominantes en el mundo Hollywood.

Anderson nos sorprende de igual modo con todas las noticias post-Oscar que remiten a él. Ahora sabemos que el momento más celebrado de la última entrega del Oscar, el único que pareció romper la tediosa previsibilidad de una ceremonia marcada por la necesidad de acentuar la corrección política. Tiffany Haddish y Maya Rudolph (la mujer de Anderson desde 2001 y madre de sus cuatro hijos) se conocieron un par de días antes de la ceremonia, pero al presentar en escena dos de los premios el domingo 4 parecían amigas de toda la vida. Hubo consenso de inmediato en señalar que el gran momento compartido por ambas merecía tener una continuación lo antes posible, y la propia Haddish respondió a esa expectativa hace un par de días al hablar con su colega Tracy Morgan por televisión. Dijo que ella, Rudolph y Anderson estuvieron intercambiando ideas alrededor de un posible futuro film.

"Antes del Oscar mucha gente me venía diciendo desde hacía tiempo que tenía que conocer a Maya y que seguramente funcionaríamos muy bien juntas. Hoy, Maya es la estrella de la vida de Paul Thomas Anderson. Si yo pudiera ser por un momento una minúscula coestrella de esta historia sería algo superextraordinario para mí. Estaría muy feliz", señaló Haddish, casi como respuesta agradecida a un gesto que el propio Anderson hizo público en Nueva York hace algunas semanas, durante una ceremonia de la temporada de premios que acaba de concluir. En esa ocasión le pidió a Leslie Manville que leyera desde el micrófono el número de teléfono del director, con la esperanza de que Haddish tomara nota y le hiciera una llamada.

Diez años después de la triunfal colaboración con Day-Lewis en Petróleo sangriento, coronada con ocho nominaciones al Oscar y el premio al mejor actor, director e intérprete se reencontraron para llevar adelante un proyecto cuya preparación resultó tan meticulosa como la personalidad de su protagonista. "Montones y montones de conversaciones telefónicas e intercambios de mensajes de texto. Viajes a Irlanda. Viajes a Londres. Viajes a Nueva York. Visitas a museos, a teatros de ópera, a funciones de ballet. Y también a la cima de varias montañas, con hermosos recuerdos de todo lo que cocinamos juntos allí. Hemos pasado muchísimo tiempo en el departamento de vestuario del New York City Ballet, en contacto con las cosas elementales que Daniel necesitaba saber para su personaje", recordó Anderson a la publicación especializada británica Screen International.

Un trabajo tan minucioso abrió más de una incógnita, alimentada por recientes declaraciones de Manville y de Krieps. Las dos figuras femeninas de la película contaron que hay varias escenas (algunas ciertamente extensas) que Anderson hizo y luego decidió voluntariamente dejar fuera del corte final. De hecho, el primer montaje de la película habría tenido una extensión cercana a las cuatro horas. ¿Habrá una versión más amplia con corte del director en una futura edición para consumo hogareño?

No tardaremos en saberlo. Y lo mismo ocurrirá con el futuro proyecto de Anderson, seguramente con Tiffany Haddish como figura central. Ambos ya se contactaron, según relató el director a Los Angeles Times. Y lo que Anderson cuenta allí es razón suficiente como para imaginar que su próxima película tendrá sí o sí a la carismática actriz: "Me pasó con ella lo mismo que sentí cuando vi por primera vez a Adam Sandler. No solo es divertida. Es una persona de enorme bravura. Siento como si la conociera desde hace mucho tiempo. Y con Maya pueden hacer una pareja explosiva. Un gran equipo".

Comienzo y final de un rodaje muy intenso

El rodaje de El hilo fantasma se inició en Inglaterra el día en que Donald Trump asumió formalmente la presidencia de Estados Unidos. Anderson acababa de volver de Estados Unidos, donde votó y explicitó su apoyo a Hillary Clinton. "Empezar una película así fue durísimo. Nadie podía concentrarse durante esos primeros días", relató. El final, en tanto, estuvo teñido de profundo dolor. En esa última jornada falleció Jonathan Demme, a quien Anderson siempre consideró como su mentor. "Siempre nos envuelve la melancolía al final de un rodaje. Al día siguiente estaba en vuelo hacia su funeral, envuelto en otro tipo de tristeza, hundido en las aguas heladas de la mortalidad".

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