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Stephen Hawking: el hombre que nos acercó a las estrellas

Fue un científico brillante, autor de best sellers mundiales y una personalidad que inspiró a multitudes con su curiosidad y su coraje
Fue un científico brillante, autor de best sellers mundiales y una personalidad que inspiró a multitudes con su curiosidad y su coraje Fuente: Archivo
Nora Bär
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15 de marzo de 2018  

Stephen Hawking, el hombre cuya mente le permitió vagar por el cosmos anclado a su silla de ruedas, y desafiar algunos de los problemas más profundos de la ciencia moderna -el origen del universo y la naturaleza de la gravedad- murió ayer en su casa de Cambridge.

Tenía 76 años, pero su muerte le había sido anunciada a los 22, cuando luego de un diagnóstico de esclerosis lateral amiotrófica (ELA) le anticiparon que le quedaban dos años de vida y la enfermedad avanzaba velozmente reduciendo al mínimo sus capacidades físicas.

A pesar de eso, asombrosamente preservadas sus facultades mentales, el físico británico hizo hallazgos notables y se convirtió en una figura célebre en los medios de comunicación. Su vida juvenil fue contada en un film (La teoría del todo) cuyo protagonista recibió el Oscar; fue invitado a los programas de entrevistas de más rating de la TV anglosajona; se convirtió en personaje de Los Simpson y de The Big Bang Theory; experimentó la falta de gravedady dio conferencias a multitudes.

"Estamos profundamente entristecidos -escribieron sus tres hijos, Lucy, Robert y Tim, en un comunicado-. Era un gran científico y un hombre extraordinario, cuyo legado sobrevivirá por muchos años. Su coraje y persistencia, su brillo y humor, inspiraron a millones en todo el mundo. En una ocasión dijo: 'El universo no sería gran cosa si no fuera el hogar de la gente a la que amas'. Siempre lo extrañaremos".

Explicaba los más abstrusos problemas de la física con un humor y en un lenguaje que atraían a los no científicos. Se las arregló para llevar una vida profesional y personal asombrosamente activa: postuló teorías científicas, escribió libros, se casó dos veces y tuvo tres hijos.

En 2016, anunció en Nueva Yotk una iniciativa de exploración espacial
En 2016, anunció en Nueva Yotk una iniciativa de exploración espacial Fuente: Archivo

Celebró su cumpleaños número 60 en un globo aerostático, y a los 65 experimentó la falta de gravedad en un avión especialmente equipado. Cuando se le preguntaba por qué se aventuraba a tales riesgos, contestaba que quería "demostrar que tener discapacidades físicas no significaba estar también espiritualmente discapacitado".

Aunque su familia vivía en Londres, Stephen llegó al mundo en Oxford, donde no caían las bombas alemanas, el 8 de enero de 1942. Su padre, Frank, era un biólogo especializado en enfermedades tropicales, hijo de un rico hacendado que había quebrado durante la depresión de principios del siglo XX. Su madre, Isobel, fue la segunda de siete hermanos y trabajaba de secretaria cuando conoció a Frank. Stephen tuvo tres hermanos: dos mujeres y un varón.

Aunque sus compañeros de clase lo apodaban "Einstein", se recordaba a sí mismo como un chico sin ninguna capacidad especial. "A los doce años, uno de mis amigos apostó con otro una bolsa de caramelos a que nunca llegaría a nada", contó en Agujeros negros y pequeños universos (Planeta, 1994).

Quería estudiar matemática, pero en su lugar eligió física. Su tutor recordaría que "no tenía muchos libros y tampoco tomaba notas. Por supuesto, su mente era completamente diferente".

Los primeros síntomas de ELA aparecieron a los 22 años, cuando llegó a Cambridge para hacer un doctorado. La noticia lo devastó: los médicos le pronosticaron solo algunos meses de vida y él pensó que no tenía sentido obtener un doctorado. Pero lentamente la enfermedad se fue estabilizando y en 1965 se casó con Jane Wilde, una estudiante de lenguas (que, según confesó, "le dio una razón para vivir"), se graduó y se convirtió en profesor del Caius College. Contrariamente a todo lo previsto, ese fue el punto de partida de una prolífica vida científica.

En los primeros años, se concentró en el estudio de los agujeros negros, una región del espacio llamada "singularidad", cuyo campo gravitatorio es tan fuerte (para la relatividad de Einstein) que ni la luz puede escapar de ella y en la que se llegaría al final del tiempo. La frontera de este objeto singular recibe el nombre de "horizonte de sucesos".

Una de las conclusiones más sorprendentes de Hawking fue que los agujeros negros no son completamente negros, sino que pueden escapar de ellos partículas y radiación, como si fuesen un cuerpo caliente. Esa radiación recibió el nombre de "radiación de Hawking".

Para el célebre astrofísico argentino Juan Martín Maldacena, que incluso firmó un paper con Hawking, su principal contribución fue este descubrimiento. "Los agujeros negros son una geometría del espaciotiempo -explica-. La teoría clásica afirma que el área del horizonte de un agujero negro siempre crece (este es un teorema que también probó Hawking). Pero para la mecánica cuántica el agujero negro pierde energía y el área del horizonte puede disminuir. De hecho, el agujero negro podría desaparecer totalmente. O sea que los agujeros negros se pueden 'evaporar'."

"Esto -añade Maldacena- no se verificó experimentalmente para estos objetos, pero hay un efecto muy similar que se produce en un universo en expansión. La radiación de Hawking nos dice que cuando hay un horizonte hay también una temperatura. En un universo en expansión constante, también hay un 'horizonte' que nos separa de lo que está tan lejos que una señal no nos puede llegar nunca. Esto es relevante para el principio del universo".

Maldacena sigue: "El horizonte da lugar a una temperatura y esto hace que el universo tenga pequeñas fluctuaciones en su geometría. A gran escala, nuestro universo es aproximadamente uniforme, pero a escalas más chicas, no. Un fenómeno muy similar a la radiación de Hawking opera al principio del universo y da origen a la formación de galaxias, estrellas y planetas".

Para Jorge Pullin, físico argentino que trabaja en la Universidad de Luisiana, Estados Unidos, al unir la mecánica cuántica (que rige en el reino subatómico) y la relatividad general, Hawking planteó "el problema más importante de la física teórica fundamental, porque pone a prueba la teoría cuántica, la teoría de la relatividad general y la termodinámica en sus regímenes más extremos".

Hawking también se destacó en la divulgación. Una breve historia del tiempo se mantuvo en la lista de best sellers de The Sunday Times durante 237 semanas y vendió diez millones de copias. Lo siguieron El universo en una cáscara de nuez, Brevísima historia del tiempo y George's treasure hunt ( Jorge y la búsqueda del tesoro cósmico), escrito con su hija Lucy.

Recibió innumerables distinciones. Se vio obligado a hablar a través de un sintetizador y a comunicarse por medio de una computadora que controlaba con un solo músculo de su mejilla, pero su mente le permitió remontarse hasta los confines del cosmos.

Una enfermedad progresiva

A los 22 años, a Stephen Hawking le diagnosticaron una esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad progresiva que afecta a las neuronas motoras. La patología compromete de manera completa el sistema motor voluntario, caracterizándose por atrofia y disminución de la fuerza de los músculos de los miembros, del tronco, de la deglución, de la fonación y de la respiración. En la Argentina se atienden por esta enfermedad 13 hombres por cada 10 mujeres.

Por: Nora Bär

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