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Y ahora, ¿cómo se levanta la moral, Boca?

Francisco Schiavo
Francisco Schiavo LA NACION
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14 de marzo de 2018  • 23:22

Cae la última gota de sudor. Hay una única pregunta: ¿dónde están los 23 puntos de diferencia en la Superliga? En ningún lado. Se esfuman. No existen. Y ambos caen en la realidad. En un partido único, una final en la que poco importa el nombre del trofeo, Boca vuelve a ser terrenal y River también. El conjunto millonario se eleva y abandona el subsuelo a costa de aquel que es líder del campeonato local desde hace casi 460 días. Es increíble, pero cierto. Boca es vulnerable. Muy vulnerable. ¿Y ahora, Guillermo? ¿Cómo levantar la moral y concentrarse en lo que viene?

A Boca no le queda otra más que ganar la próxima Copa Libertadores. Es cierto que, de no mediar nada raro, se quedará con el título en la Superliga, en la que le lleva ocho puntos de ventaja a Talleres. Pero eso no parece alcanzarle frente a la dimensión del partido que perdió anoche. Entiéndase bien: el partido, no la Supercopa en sí misma. Que el peor River del ciclo Gallardo le haya arrebatado el título es un síntoma grave. Los xeneizes seguramente sentirán el impacto anímico, pero la talla de los perseguidores en el certamen doméstico no tendría que poner en riesgo su corona. ¿No?

Boca debe lamentarse porque aquel equipo sólido no apareció ni por asomo. Boca debe inquietarse porque Carlos Tevez no tocó la pelota. ¿Justo él? Sí, Tevez, el que se fue de vacaciones a China y volvió casi como un héroe. Boca debe preocuparse porque ningún otro jugador le dio respuestas confiables. Ni Cardona, ni Pavón (lanzado en la carrera mundialista), ni Nández, ni Pablo Pérez. Boca debe lamentarse porque de los últimos tres enfrentamientos en los que había algo directo en juego siempre festejaron Gallardo y sus muchachos: Copa Sudamericana, Copa Libertadores (Panadero mediante) y Supercopa Argentina. Y esta vez ganaron sin faltas desleales ni situaciones extrañas. Boca debe desconfiar porque de ninguna manera tiene dos equipos como para regular energías en el futuro.

¿Qué más pasó? Boca no pudo de principio a fin. Ni siquiera en sus mejores momentos, allá por los primeros minutos del segundo tiempo, cuando las dudas le hicieron patear al cuerpo de Armani. Lo peor que podrá hacer será reprochar la actitud defensiva de un rival que llegaba en inferioridad anímica y futbolística. Es en el mismo instante en el que se acaban las suspicacias por la influencia del presidente Mauricio Macri; de Claudio Tapia, mandamás de la AFA y confeso hincha xeneize, y del presunto poder de lobby de Daniel Angelici. Esto es fútbol. La guardia alta o baja solo se ve en el boxeo.

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