Boca-River. El Muñeco copero: volvió a ganarle un mano a mano al Mellizo en una partida de ajedrez

El abrazo de Marcelo Gallardo con el Mellizo antes de la gran final
El abrazo de Marcelo Gallardo con el Mellizo antes de la gran final Crédito: Marcelo Aguilar
Juan Patricio Balbi Vignolo
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15 de marzo de 2018  

MENDOZA.- Marcelo Gallardo volvió a ser jugador. Por unos segundos, se vistió de futbolista para fundirse en un inmenso abrazo que encabezó Pity Martínez después de convertir el 1-0 de penal. Al festejo se sumaron parte de los titulares, todos los suplentes y el técnico, con su traje y zapatos negros impecables, que se colgó entre todos los hombros para desahogarse. Porque para River ganarle a Boca en la Supercopa Argentina era una necesidad absoluta en medio de un presente tembloroso. Y el Muñeco volvió a demostrar que su equipo dice presente cuando tiene que decirlo: sigue haciendo historia en el club por el que siente una pasión incomparable, ahora con 8 títulos como entrenador. Con un agregado: el sabor especial de sus triunfos sobre Boca en las copas, ya que el de anoche se suma a los de la Sudamericana 2014 y la Libertadores 2015. Esta vez, no a Rodolfo Arruabarrena, sino a Guillermo Barros Schelotto.

Fue un partido sin demasiado vuelo futbolístico, pero con decisiones que hicieron que el duelo se volviera una partida de ajedrez. River apostó por tapar el juego de Boca, ganando el mediocampo, buscando ser un equipo más compacto y evitando los ataques por los costados. Y por gran parte del primer tiempo lo logró, con un buen partido de Ponzio y Nacho Fernández, y mayor solidez defensiva cuando el rival lo intentó lastimar.

Luego, en el segundo, los embates del Xeneize hicieron que el Millonario terminara más retrasado y asfixiado, apostando a un contraataque que definiera el clásico: lo consiguió con una impecable corrida de Fernández, un centro de Pity y un certero toque de Scocco, quien había ingresado por Pratto. Claro, de no haber sido por el arquero Franco Armani, la gran figura de la noche, la historia hubiera sido diferente.

Los primeros movimientos

Ambos entrenadores vivieron el duelo a pura intensidad. A los dos minutos, el partido tuvo su primer cambio táctico. Boca dispuso el clásico 4-3-3, con Pavón por derecha y Cardona por izquierda, pero tras las primeras jugadas cambiaron de banda. Así, el Mellizo enfrentó a Pavón con Montiel y tuvo sus resultados: comenzó ganando ese duelo, hasta que River ajustó la línea de cuatro en el fondo y el que empezó a perder fue Fabra con Mora. En el segundo tiempo, ingresó Mayada por Montiel, pero el delantero no pudo desequilibrar.

¿Qué eligió plantear Gallardo? Un 4-3-1-2, con Ponzio de volante tapón, Nacho Fernández a su derecha, Enzo Pérez a su izquierda y Pity Martínez suelto como enlace. Más allá de Armani, los puntos más altos del Millonario fueron la dupla central Maidana y Pinola, Mora por su presión, actitud y presión para incomodar, Nacho Fernández por el equilibrio y saber qué hacer con el balón, Ponzio por la marca, y Pity por participar en los goles de forma directa.

El gran acierto del DT fue volver a juntar (ya lo había hecho en el primer semestre de 2017) a Fernández con Pity, una sociedad que derivó en el gol de penal del 10: Cardona bajó a Nacho tras una buena pared. La vieja escuela dio efecto, porque el 2-0 de Scocco también lo generaron ellos.

La diferencia central con la que llegaron ambos equipos al duelo de ayer fue la regularidad. Barros Schelotto no debió mutar demasiado en el último tiempo y su esquema 4-3-3 se transformó inamovible, aún con el regreso de Tevez. Variaron los nombres -especialmente en la defensa- y algunas posiciones específicas (Jara), pero el DT logró ubicar mejor sus fichas. Así, no tuvo que rotar y probar constantemente, algo que tampoco había hecho tiempo atrás, con el 4-2-3-1 que inició su ciclo. Ayer, hasta repitió el once que le había ganado el sábado 2-1 a Tigre.

Gallardo, en cambio, no logró el equipo ideal que lo conforme y los rendimientos individuales no afloraron en el inicio del 2018. Tan es así que utilizó cuatro esquemas (4-1-3-2, 4-2-2-2, 4-3-1-2 y 4-1-4-1) diferentes en el año y nunca repitió una formación: realizó 35 cambios de encuentro a encuentro en los primeros 9 partidos. Ayer, volvió a hacerlo: hubo 6 modificaciones respecto al equipo que le ganó 1-0 a Patronato.

La ausencia de Martínez Quarta y el ingreso de Pinola fue quizá la situación menos esperada, ya que el defensor de 21 años había sido titular en los primeros 7 partidos del año (el único en hacerlo) y no había participado del viaje a Paraná para tener descanso. Así, Armani se transformó en el hombre más regular: jugó los últimos 8 de los 9 juegos del 2018. Y fue la figura que River tanto necesitaba, después de penar tanto en un puesto que le dio muchos dolores de cabeza.

El Muñeco venía trabajando este partido hace semanas. Y lo profundizó con la reclusión en Los Cardales desde el lunes. Paz y tranquilidad, lejos del bullicio. Logró el resultado: su equipo respondió cuando más debía. Y él sigue escribiendo historia grande.

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