Dos grandes noticias para River: tuvo un plan y funcionó

El reconocimiento de Rodolfo D''Onofrio para Marcelo Gallardo tras la consagración de River Fuente: LA NACION Crédito: Marcelo Aguilar
15 de marzo de 2018  • 07:17

L a caja del fútbol nunca deja de sorprender. Nada, o casi nada, de lo que podía preverse sobre la final de la Supercopa se cumplió. El que llegaba mejor prácticamente nunca pudo expresar su teórica superioridad , y aquel que venía golpeado dio muestras de una fortaleza que brillaba por su ausencia en los últimos meses.

Pero más que ninguna otra cosa, el encuentro ofreció una novedad fundamental: River volvió a tener un plan de juego, una idea a la que aferrarse durante todo el partido, algo que hacía un tiempo largo que no sucedía. Y lo ejecutó con una convicción notable.

Marcelo Gallardo corroboró que en las series cortas o las finales a partido único encuentra sus escenarios favoritos. Esta vez, los antecedentes inmediatos de su equipo le aconsejaron ser prudente antes que atrevido. Todo el énfasis fue puesto en la cuestión defensiva, en desconectar al rival en la zona de volantes y ser directo en la salida una vez producida la recuperación.

El técnico millonario ubicó a Martínez alrededor de Barrios para reducir su radio de acción y su influencia en el juego, pero también para ganarle la espalda cuando Pratto y sobre todo Mora lograban controlar los pases largos que llegaran desde su defensa. Los volantes interiores, Enzo Pérez y Nacho Fernández, vivieron preocupados por Nández y Pablo Pérez ; Ponzio se movió cerca de Cardona, los centrales encerraron a Tevez y todos se empeñaron en un enorme esfuerzo para retroceder y achicar espacios.

El gol, un penal inocente de Cardona en una de las escasas jugadas en que Nacho Fernández se soltó en ataque, reforzó el plan de River y dejó sin reacción a Boca casi hasta que llegó el entretiempo. Las incomodidad y falta de rebeldía de Tevez, siempre de espaldas, dejó la velocidad de Pavón como exclusivo faro de salida y generación de peligro. Y fue demasiado poco.

En el complemento, Franco Armani y la contundencia en el área de enfrente terminaron de bordar el diseño pensado por un entrenador cuya leyenda volvió a agigantarse.

El arquero resultó clave con sus atajadas y su dominio del área y sus alrededores durante los primeros 20 del segundo tiempo, único lapso en el que Boca logró abrir huecos en la granítica defensa de River. La capacidad para lastimar arriba cerró ese momento: le bastó una contra para poner el 2-0 y liquidar el pleito.

La Supercopa fue para el que mejor ejecutó el plan que traía desde el vestuario. La caja del fútbol nunca deja de ofrecer sorpresas.

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