Boca-River: Un golpe anímico que le generará secuelas al líder de la Superliga

Nada que celebrar: Boca se fue con las manos vacías de Mendoza
Nada que celebrar: Boca se fue con las manos vacías de Mendoza Crédito: Gustavo Garello/JamMedia
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15 de marzo de 2018  • 07:24

MENDOZA.- "Es una moneda al aire", decían antes del partido varios integrantes de la delegación que acompañó al plantel de Boca en esta ciudad. Y el destino esta vez le dio la espalda al conjunto xeneize. A diferencia de lo que ocurrió hace más de 41 años en Avellaneda, los que celebraron en la noche mendocina vistieron una camiseta blanca con una franja roja y los que lo padecieron utilizaron colores auriazules. La Supercopa Argentina quedó en manos de River y, por lógica, golpeará anímicamente a Boca.

Carlos Tevez busca explicaciones en el césped del Malvinas Argentinas. Para el Apache, esta era una oportunidad concreta para terminar de suturar la herida que había generado su partida a China, a fines de 2016. Incluso para terminar de extirpar para siempre de la memoria del hincha aquella flojísima noche copera frente a Independiente del Valle en julio de ese mismo año y su posterior pedido de licencia. Pablo Pérez y Cristian Pavón se miran. Para ambos hubiera sido extraordinario dar la vuelta olímpica anoche, justo antes de embarcarse al gigantesco desafío de ir a la gira de la selección por Europa, a buscar un lugar entre los 23 que competirán en el Mundial de Rusia. Fernando Gago y Darío Benedetto, que no quisieron perderse la final aunque no estaban lesionados, serán dos hombres importantes para levantar el ánimo de sus compañeros. Su presencia en Mendoza fue muy importante. Los dos son ejemplos a la hora de mantener el optimismo en tiempos donde las cosas no salen bien.

Las tribunas xeneizes, que fiel a su estilo no se callaron jamás, alentaron pese a todo. Como reza una de las canciones: "De Boca en las buenas, y en las malas mucho más". Algo similar había ocurrido hace dos años, en el Mario Kempes, tras la caída 4-0 frente a San Lorenzo, por esta misma competencia.

Aunque en la previa había expresado que no lamentaba perderse la posibilidad de jugar este encuentro porque él, como futbolista, ya se había dado muchos gustos frente a River, Guillermo Barros Schelotto vivió, palpitó y sufrió como si todavía tuviera la N° 7 en la espalda. Con la impotencia de no poder calzarse los botines para dar una mano desde adentro.

Además de graficar la final como "una moneda al aire", varios integrantes de la delegación boquense habían comentado que también había que estar preparado para un escenario negativo. En ese sentido, esta derrota no afecta en nada la percepción que la dirigencia tiene sobre la gestión de los Barros Schelotto, aunque ahora -más que nunca- el GPS azul y oro se enfocará en la Copa Libertadores. El primer compromiso a la vista será el próximo 4 de abril, en la Bombonera, frente al Junior de Barranquilla, con Teo Gutiérrez a la cabeza, por la segunda fecha del Grupo 8.

La derrota también duele por otra cuestión. En caso de ganarla, esta final era el escenario ideal para que el club, la dirigencia y varios integrantes de este plantel, entierren para siempre al monstruo que se había creado tras las dos eliminaciones consecutivas frente al River de Gallardo en el plano internacional: las semifinales de la Sudamericana 2014 y aquella bochornosa noche del gas pimienta, por los octavos de final de la Copa Libertadores 2015. No pudo ser. Los fantasmas volverán a revolotear las cabezas xeneizes hasta la próxima chance de revancha.

De todos modos, en Boca no hay tiempo para lamentos demasiado prolongados. Y la sonrisa está a la vuelta de la esquina. Salvo una catástrofe deportiva, su amplia ventaja (8 puntos) en la cima de las posiciones de la Superliga le permite estimar en un puñado de semanas otra vuelta olímpica. El bicampeonato es, desde ahora, el máximo foco del club en el corto plazo. El domingo, por la 20° fecha, visitará desde las 17.45 a Atlético Tucumán. Luego quedarán apenas 21 puntos en juego.

Pero todavía no es momento de proyectar el futuro. Es tiempo de asimilar el golpe lo más rápido posible, que inevitablemente se convierte en historia en un abrir y cerrar de ojos.

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