Ama a tu prójimo como a tí mismo

Bernardo Stamateas
Bernardo Stamateas PARA LA NACION
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15 de marzo de 2018  • 01:33

Es bien conocido este dicho de Jesús en los Evangelios. Encierra, a mi entender, una gran verdad: No podemos amar al otro, si primero no nos amamos a nosotros mismos.

  • a. Todos estamos de acuerdo en que lo más importante es el amor. Es un medicamento poderoso que nos permite sanarnos, sanar al otro y establecer vínculos.
  • b. No podemos amar a los demás, si no nos amamos a nosotros mismos. Es interesante observar que no dice: "Ama a tu prójimo más que a ti mismo", lo cual significaría el desmerecimiento personal. Tampoco dice: "Ama a tu prójimo en lugar de a ti mismo", lo que equivaldría a la anulación de la propia estima. Y tampoco dice: "Ama a tu prójimo menos que a ti mismo", lo cual sería una clara definición de narcisismo. Cuando uno no se ama, es probable que salga a buscar en el otro, aquello que no se ha dado primero a sí mismo. Sabemos que muchas parejas se forman no por deseo, sino por necesidad. "Me falta estima y quiero que vos me la des". "Me siento solo y quiero que vos quites mi soledad". Cada uno espera que el otro le dé lo que no se da a sí mismo.

¿Qué quiere decir amarse a uno mismo?

En primer lugar, debemos aclarar que el amor no es un sentimiento. No es posible amar a alguien porque es un imperativo sentir algo hacia esa persona. "Ustedes tienen que amarse". Aunque el amor se siente, no es un sentimiento. Tampoco podemos reducirlo a "hacer el amor", pues la sexualidad puede ser el resultado del amor o un mero acto biológico (deseo sin amor). El amor va mucho más allá. El amor es un vínculo, un acto hacia todos los vínculos (padres, hermanos, amigos, etc.).

Tampoco debemos confundir amor con enamoramiento. El enamoramiento es una respuesta psicobiológica por la que idealizamos al otro y es "ciego". Uno ve al otro perfecto, maravilloso; incluso sus errores son buenos, porque lo idealizamos. Con el correr del tiempo, si surge el amor, este ve las debilidades y todo lo que el enamoramiento no veía.

¿Cómo definir entonces el amor a uno mismo, que es la plataforma para poder amar a otros. ¿Podemos definirlo como la transmisión de mis gustos hacia el otro? ¡De ninguna manera! Los gustos son personales. Avancemos en la definición.

Las dos facetas del amor:

Amarse a uno mismo es proveer para el propio crecimiento. Proveer en el sentido de cuidarme y darme las semillas y los nutrientes que me permitan crecer, desarrollarme y alcanzar la madurez. Pienso en mí y me brindo lo que necesito para crecer, tanto mentalmente (en sabiduría), físicamente (alimentándome saludablemente y haciendo ejercicio), relacionalmente (inteligencia emocional que me ayuda a llevarme bien con los demás) y espiritualmente (desarrollando valores y una vida trascendente). Cuando una persona no crece, no se desarrolla en estas áreas, no se está amando.

La otra faceta del amor es cuidarse. Cuando uno aprende a decirle "no" a lo malo: a las conversaciones que no construyen, a los amigos que nivelan para abajo, a la gente tóxica y a los ámbitos o situaciones que dañan a nivel emocional, y a decirle "sí" a lo bueno, en verdad se está cuidando.

Amarme a mí mismo es proveer para mi crecimiento en cada área de la vida y cuidarme. Y porque me amo, puedo amar al otro.

Amar al otro como a uno mismo es proveer todas las semillas y todos los nutrientes (actitudes) que pueda para que vos (mi pareja, mi hijo, mi padre, mi amigo) puedas desarrollarte y crecer. El amor saludable no aplasta al otro, no impide su desarrolle emocional, físico y espiritual, no compite con el otro, no envidia al otro. Por el contrario, da todo lo que está a su alcance para que el otro pueda alcanzar su plenitud.

Amarse a uno mismo consiste en cómo me cuido yo, diciendo "sí" a lo bueno y "no" a lo malo. Amar al otro es pensar cómo puedo cuidarte a vos: poniendo mi hombro cuando estás débil, preguntándote qué te sucede, acompañándote con mi escucha, ayudándote a reflexionar para que le digas "no" a la droga, a la mentira, al robo y a todo aquello que nos daña como seres humanos.

El narcisista no se ama a sí mismo. Como no tiene estima, construye un yo exagerado, inflado, y no piensa en el otro, no empatiza con el otro. Piensa: "Yo soy único y grandioso y no existe nadie más. "A mí tienen que tratarme de una manera especial". En cambio, alguien con la estima sana provee para su propio desarrollo y se cuida; y por eso, desea que el otro también se desarrolle y se cuide.

El lema de una persona con la estima sana es: "Yo valgo y vos también". No impone sus gustos personales, ni sus propios deseos, sino que otorga un marco de alegría, paz, encuentro e intimidad. La fe, la esperanza y el amor son tres elementos fundamentales para el ser humano pero, sin lugar a dudas, el más grande de ellos es el amor.

Es difícil que alguien que no se ama pueda amar a los demás de manera sana. Amar no es celar, ni dominar, ni controlar, ni imponerse. Amor es me cuido y te cuido voluntariamente y, porque me doy a mí mismo, puedo darte. El amor es una decisión que termina sintiéndose. El amor es una acción.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

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