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El Kremlin lleva al mundo a las puertas de una nueva Guerra Fría

Luisa Corradini
Luisa Corradini LA NACION
May saludó hoy a la gente después de inspeccionar el lugar donde supuestamente fue atacado Skripal
May saludó hoy a la gente después de inspeccionar el lugar donde supuestamente fue atacado Skripal Fuente: Reuters
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15 de marzo de 2018  • 15:24

PARÍS- Demasiado enorme para ser verdad. Tanto, que muchos expertos comienzan a preguntarse si el envenenamiento del exespía ruso Sergei Skripal en Gran Bretaña, no habrá sido una maniobra de desestabilización interna contra Vladimir Putin. Como sea, la vertiginosa escalada de tensión que desató ese ataque entre Rusia y Occidente está empujando al mundo a una segunda Guerra Fría.

Putin tiene que explicar si su gobierno estuvo directamente implicado "o simplemente perdió el control de sus depósitos de armas químicas", dijo la primera ministra Theresa May, el lunes pasado ante la Cámara de los Comunes. La frase no pasó inadvertida. Los expertos saben que, a ese nivel, los dirigentes no utilizan la ironía.

La negativa del Kremlin a dar las explicaciones exigidas aceleró la ya considerable degradación de relaciones entre Moscú y Occidente, desde que el líder ruso decidió invadir la península de Crimea en 2014, después de la llegada al poder de un gobierno proeuropeo. Un episodio al que se sumaron después las acusaciones de interferencia en las elecciones de Estados Unidos en 2016 y los comicios de Francia, Alemania y Gran Bretaña, a través de las redes sociales, así como el indefectible apoyo de Moscú al régimen sirio de Bashar al-Assad.

El envenenamiento de Skripal y de su hija Yulia parece haber actuado como la gota que rebalsó el vaso. "Había un acuerdo implícito entre los servicios de inteligencia de numerosos países de dejar tranquilos a los espías que fueron objeto de un intercambio. Si ese pacto fue violado, marcaría un cambio de comportamiento de los rusos incluso durante la Guerra Fría", analiza Jonathan Eyal, director adjunto del Centro de Análisis Londinese (RUSI).

En todo caso, casi un cuarto de siglo después de la caída de la Unión Soviética, la nueva Rusia de Putin se encuentra ahora en una situación análoga. Después de 14 muertes sospechosas en Gran Bretaña y otra decena de episodios en diversos países de Occidente, el ataque contra Skripal logró que Rusia vuelva a ser contemplado como un rogue state (Estado canalla).

La prueba definitiva de la implicación del Kremlin "justificaría una escalada inédita", agrega.

Las últimas horas parecen haberle dado la razón: en un comunicado conjunto, Gran Bretaña, Estados Unidos, Alemania y Francia exigieron hoy a Rusia que explique los detalles del ataque con gas neurotóxico contra Sergei Skripal y su hija.

En el texto subrayan que "este es el primer ejemplo ofensivo de utilización en Europa" de un arma química de esa naturaleza "desde el fin de la Segunda Guerra Mundial".

"Se trata de un ataque contra la soberanía británica y toda utilización por parte de un Estado miembro de la Convención de Armas Químicas constituye una violación de ese acuerdo y del derecho internacional. Se trata de una amenaza a la seguridad del mundo", declaran los firmantes.

En medio de esa lluvia de condenas, Estados Unidos anunció nuevas sanciones contra Moscú -que se sumarán a las que ya pesan sobre el Kremlin desde la crisis de Crimea-, mientras Francia hizo saber que también estudia otras medidas de represalia.

Moscú persiste en negar su implicación en el envenenamiento del exespía ruso y de su hija, y advierte que no dará ninguna explicación hasta que Gran Bretaña no le de acceso a la información confidencial obtenida por sus servicios sobre el agente letal utilizado, conocido bajo el nombre de Novichok.

El Kremlin también advierte que no ha de quedarse de brazos cruzados ante las nuevas sanciones anunciadas por Londres. Entre otras, la posibilidad de que Gran Bretaña retire las licencias concedidas a medios rusos para operar en el país.

"Si los medios de comunicación rusos pierden sus licencias para operar en el Reino Unido, ningún medio británico podrá hacerlo en Rusia", advirtió hoy Maria Zakharova, vocera del Ministerio de Relaciones Exteriores de ese país.

Y agregó con amenazante osadía: "Ningún país debería atreverse a amenazar a una potencia nuclear".

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