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Collateral, un policial sobre la Gran Bretaña que dejó el Brexit

Carey Mulligan en Collateral, donde interpreta a una detective de Scotland Yard con serias dudas acerca de su profesión
Carey Mulligan en Collateral, donde interpreta a una detective de Scotland Yard con serias dudas acerca de su profesión Crédito: BBC/Netflix
Marcelo Stiletano
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16 de marzo de 2018  • 10:07

Collateral (Reino Unido-EE. UU./2018), serie dramática policial de cuatro episodios. Creador: David Hare. Fotografía: Balasz Bolygo. Edición: Jamie Trevill y Sacha Szwarc. Música: Ruth Barrett. Elenco: Carey Mulligan, John Simm, Nicola Walker, Nathaniel Martello-White, Billie Piper, Hayley Squires, Kae Alexander, Jeany Spark. Una producción de la BBC disponible en Netflix. Nuestra opinión: buena

La trama de Collateral arranca con el asesinato a sangre fría de un repartidor de pizzas de origen sirio, cometido en plena noche de Londres y envuelto en un misterio que nos lleva de inmediato a hacernos preguntas inquietantes sobre cuestiones muy sensibles: el drama de la inmigración (sobre todo la que llega a Inglaterra de países musulmanes golpeados por la guerra y las catástrofes humanitarias), el miedo al terrorismo fundamentalista, el deterioro en el funcionamiento del sistema policial y penitenciario en el Primer Mundo y sus efectos entre los sectores sociales más débiles, la falta de control sobre algunas instituciones (sobre todo las encargadas de garantizar el orden), la pérdida de lazos afectivos elementales, la marginalidad social.

Trailer de "Colateral"

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Un esquema parecido caracterizó hace un par de temporadas, pero del otro lado del Atlántico, el fascinante derrotero narrativo de The Night Of . Allí, otro representante de una comunidad de inmigrantes (en este caso, un hijo de paquistaníes establecidos en Nueva York) quedaba expuesto a un cambio radical en su conducta y en su temperamento luego de ser encarcelado, acusado y procesado por la muerte de una joven. En verdad, lo que mostraba esta extraordinaria serie creada por Steven Zailian y Richard Price era el inexorable proceso de deterioro social e individual de quienes terminan expuestas y sometidas a un sistema policial, penal y carcelario tóxico, autorreferencial y cargado de prejuicios y procedimientos dañinos.

Collateral optó por otro camino. Escrita por el prestigioso dramaturgo y guionista David Hare ( Las horas, El lector) en su primer aporte a las ficciones televisivas, instala a los personajes de este relato coral preferentemente en escenarios nocturnos o claustrofóbicos y los conecta alrededor de una serie de penurias, pérdidas y sufrimientos, disparada por el hecho de sangre. Por allí andan una atribulada mujer policía que se interroga en silencio por el sentido de su vocación (Carey Mulligan), un diputado expuesto a permanentes cambios políticos cuya ex mujer recibió la entrega del repartidor el instante previo a su muerte (John Simm y Billie Piper); una vicaria religiosa vinculada afectivamente en el pasado con ese mismo político (Nicola Walker, de River), hoy envuelta en una complicada relación amorosa con una joven mujer asiática que puede perder en cualquier momento su precaria residencia. Hay algunos más, con mayor o menor involucramiento en pero siempre conectados de algún modo con todos los demás en una suerte de micromundo casi perfecto.

John Simm y Nicola Walker, en el policial Collateral, de David Hare
John Simm y Nicola Walker, en el policial Collateral, de David Hare Crédito: BBC/Netflix

A diferencia de The Night Of, cuya evolución dramática está marcada por la transformación en la conducta de sus protagonistas para enfrentar en tensión constante las amenazas de un contaminado y dañino entorno institucional, Collateral mueve a sus personajes como piezas de un tablero que necesita mostrar todo el tiempo cuál es el contexto político que lo determina: ni más ni menos que la situación política y social de estos tiempos en el Reino Unido, con el Brexit, las acciones de inteligencia contra el terrorismo y la merma en los planes de asistencia social por parte del sector público como ejes. A este esquematismo se agrega la preferencia de la directora S. J. Clarkson por un innecesario exceso de preciosismo visual, caracterizado por juegos de iluminación y fundidos de imagen desde ángulos inverosímiles, y el endeble sostén de una machacona banda de sonido. Y para completar el cuadro hay agujeros en la acción que se tapan con sobreexplicaciones en primera persona de algunos personajes. No les queda otra que emplear ese recurso para mostrar quiénes son y qué están obligados a hacer. Tal vez por eso el competente elenco nos deja la sensación de que pudo haberse comprometido más. Parecen creer sólo hasta un cierto punto en lo que expresan, sin preguntarse en profundidad qué lugar ocupa cada uno en medio de tanta incertidumbre.

La hábil pluma de Hare consigue más de una vez sobreponerse a estos esquematismos y llevar la intriga a espacios inesperados y cargados de genuino suspenso. Pero son mucho más las instancias en las que Collateral funciona como un mero inventario del complicado cuadro de situación social y político que enfrenta hoy Gran Bretaña, expuesto ante los ojos de un público globalizado con las herramientas de una serie convencional de investigaciones, de las tantas que viene haciendo Hollywood, en vez de marcar diferencias con ellas.

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