Un Macri más realista

Patricio Carmody
Patricio Carmody PARA LA NACION
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16 de marzo de 2018  

La diplomacia presidencial es una poderosa herramienta para la conducción de las relaciones internacionales. Así, en un tiempo de explosión de las telecomunicaciones, y de un seguimiento continuo de medios electrónicos y gráficos, es entendible que el presidente Macri busque llamar la atención sobre determinados eventos, para resaltar sus prioridades en materia de política exterior.

La reciente gira del presidente Macri por Francia, Rusia y Suiza fue un nuevo esfuerzo por construir una política exterior de "horizontes diversos", es decir mantener relaciones positivas y simultáneas con las potencias establecidas, las emergentes y el exterior próximo. En efecto, Macri se reunió con el presidente de una potencia emergente como Rusia y con el jefe de Estado de una potencia establecida como Francia. También se presentó en la cumbre de Davos -Suiza- como el presidente del G-20, un instrumento ideal para implementar esta estrategia basada en la diversificación.

Una estrategia de "horizontes diversos" es relevante, si consideramos lo que decía Charles de Gaulle: "Un país pequeño o mediano no debe mantenerse demasiado cerca de una gran potencia, ya que se arriesga así a ser atraído a orbitar en torno a él". Esto vale en el caso de la Argentina, tanto para potencias establecidas como emergentes. Pero una estrategia de "horizontes diversos" no equivale a una estrategia de touts azimuts -escalar todas las cimas-, sino que hay que tener prioridades claras y ser selectivos en las geografías y en los temas donde queremos tener impacto.

En las visitas a Francia y Rusia, la misión fue, después de ciertos desencuentros, reencauzar en forma proactiva las relaciones bilaterales. En el caso galo parecería que, como decía el diplomático francés Hervé Alphand, "son las circunstancias y las situaciones las que han creado los desacuerdos, no los sentimientos ni las voluntades". Pero los buenos sentimientos entre los presidentes Macri y Macron no fueron suficientes para mejorar las circunstancias del acuerdo Unión Europea-Mercosur, aunque Macron manifestó voluntad por hallar una solución. La buena voluntad del gobierno de Macri sí sirvió para destrabar situaciones en el contexto del Ciadi, que podría llevar a mayores inversiones francesas. También sirvió para rever la decisión de desestimar la compra de lanchas patrulleras de origen francés. Por su parte, Macron manifestó su buena voluntad, apoyando la admisión de la Argentina en la OCDE.

En el caso de Rusia, la tarea era reencaminar la relación después del kirchnerismo, cuando se había considerado la construcción de una usina hidroeléctrica y de una sexta planta nuclear con tecnología rusa. Estos proyectos fueron diluyéndose del lado argentino, lo que provocó que la primera reunión entre Macri y Putin, en el G-20 en China, fuera de carácter transaccional, fría e inefectiva. Implementar una estrategia de horizontes diversos implica lidiar con líderes de regímenes diversos, como el gobierno autoritario de Putin. En diciembre hubo una invitación al ministro Jorge Faurie por parte del canciller Serguéi Lavrov a visitar Moscú. Ya con la visita de Macri se pudo reencaminar la relación, consiguiéndose inversiones rusas en el sector ferroviario y una mejora en las perspectivas del comercio bilateral. Pero el Presidente no pudo evitar mencionar su preocupación por Venezuela.

Macri se presentó luego en Davos como el presidente del G-20. Este grupo, al que pertenecen potencias establecidas, emergentes, y un miembro de nuestro exterior próximo -Brasil-, es un instrumento ideal para la implementación de una estrategia de horizontes diversos. La actividad en torno del G-20 fue, días más tarde, continuada por el sherpa del presidente ante el G-20, Pedro Villagra Delgado, quien visitó una potencia establecida como Canadá, una potencia emergente como Sudáfrica y la Unión Africana en Adis Abeba. En complemento a su dinamismo, la macridiplomacia parece a su vez incorporar mayores grados de realismo y tomar conciencia de que a veces, como decía crudamente De Gaulle, "la diplomacia es un combate sin cuartel, donde solo se obtiene lo que se arranca al otro, donde los sentimientos no cuentan para nada, y no hay peor situación que la del negociador en situación de debilidad". Esto ayudará a implementar una estrategia de "horizontes diversos", con mayores posibilidades de éxito.

Doctorando en Relaciones Internacionales y miembro consultor de CARI y del Cippec

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