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No descartemos vidas humanas

Jorge Aquino
Jorge Aquino MEDIO:
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16 de marzo de 2018  

La biología nos dice que el producto de la unión entre un espermatozoide y un óvulo humanos es una nueva vida, y que la misma es humana.

Ningún científico puede, desde una ciencia dura, afirmar cuándo comienza a ser persona, ya que no es cometido de la misma determinarlo. Sin embargo, desde el momento de la concepción podemos afirmar que estamos frente a un ser distinto de los padres que lo engendraron.

Por otra parte, no cabe duda de que ese nuevo ser contiene las propiedades que permiten identificarlo como de la especie humana: por ejemplo, los 23 pares de cromosomas de ADN humano presentes en la célula huevo o cigoto, que son distintos a los de sus progenitores.

Por ello, al estar frente a una nueva vida y al ser la misma humana es difícil no concluir que ya debería ser considerada como una nueva vida humana y, por lo tanto, como persona: sustancia individual perteneciente a la especie humana. O sea que la individualidad del embrión estaría fuera de duda y su condición de pertenecer a la especie humana también. Por lo tanto, considero que seríamos poco responsables si negáramos el tratamiento de persona al individuo de la especie humana que surge de la fecundación.

Si pensásemos en una semilla de árbol (o en cualquier otro ser vivo) no se nos ocurriría decir que esa semilla no es un árbol que se está gestando, y como tal debiéramos tratarla ya que no es algo distinto que un individuo de esa especie de árbol.

La conciencia me pide respetar la vida de todo ser de la especie humana, sea cual fuere su condición o estado: ello incluye a los no nacidos desde el momento de la concepción hasta su muerte natural.

Entiendo que la vida es el derecho humano más fundamental ya que cualquier otro derecho depende de este. Por eso, cualquier otra consideración que pudiera dar menos importancia a la vida de un embrión que a la vida de otro ser humano nacido, me parece inaceptable. Es por ello que entiendo que se justifica solamente la intervención médica que secundariamente, como efecto no querido, interrumpa un embarazo cuando el mismo sea ectópico y los médicos juzguen que la vida de la mujer corre peligro real.

Hasta que pueda darse esa situación entiendo que lo adecuado sería buscar salvar ambas vidas que son igualmente importantes y esperar al menos hasta que se juzgue que la criatura esté en condiciones de sobrevivir con alta probabilidad para realizar una cesárea, buscando salvar ambas vidas. Si actuásemos de modo diferente estaríamos sacrificando vidas que son de la especie humana por razones menos valiosas, por lo que nos estaríamos equivocando.

Una sociedad puede considerarse como más humana cuando defiende sus derechos en toda su integridad y según su orden de importancia. Si queremos ser inclusivos deberíamos cuidar la vida humana por nacer, que es la más desprotegida. La sociedad y lo más sagrado juzgarán nuestros actos; de cada uno de ellos somos y seremos responsables.

Busquemos, por favor, verdaderas soluciones a los problemas que empujan a las mujeres a realizar abortos, eduquemos en valores y en ejercitar la libertad con responsabilidad, en promover la cultura de la justicia, la humildad y la generosidad, y no descartemos vidas humanas con el dinero de todos los argentinos.

lnvestigador, director del Laboratorio de Biología del Desarrollo y Medicina Regenerativa de la Universidad Austral

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