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Londres, con pocas opciones para castigar al Kremlin

Ishaan Tharoor
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16 de marzo de 2018  

Gran Bretaña emitió anteayer su represalia oficial contra el intento de envenenamiento en su territorio de un exespía ruso: la premier Theresa May ordenó la expulsión del país de 23 diplomáticos rusos considerados "agentes de inteligencia no declarados", una jugada que inmediatamente despertó comparaciones con la Guerra Fría.

Londres cree que Moscú está detrás del uso de un agente nervioso en el intento de asesinato de Sergei Skripal y su hija Yulia en la ciudad de Salisbury.

Según dijeron periodistas británicos, "May repitió la conclusión de los investigadores británicos, para quienes Rusia había empleado o perdido el control de un peligroso agente nervioso utilizado en el ataque contra el exespía y su hija, y expresó que la desafiante respuesta de Rusia ?demostró un desprecio absoluto ante la gravedad de los hechos'". Además de las expulsiones, las más resonantes que haya decidido ese país desde 1985, Gran Bretaña decidió imponer penalidades menores.

Moscú, que tiene antecedentes de ataques contra personas que viven en Gran Bretaña, negó cualquier vinculación con el episodio, y sus altos funcionarios ignoraron el ultimátum que les exigía dar explicaciones. Mientras tanto, los medios y los cuerpos diplomáticos rusos manifestaron su furia y también se dedicaron al escarnio.

Mientras una amplia gama de voceros del Kremlin denunciaron un brote de rusofobia en Occidente y la embajada rusa en Londres calificó las nuevas medidas punitivas de "totalmente inaceptables, injustificadas y cortoplacistas", la cancillería rusa se burló de la acusación británica.

Los rusos, lamentó May, "han tratado el asunto del uso de un gas nervioso de categoría militar en Europa con sarcasmo, desprecio y de una manera desafiante".

Las razones por las que los rusos se toman la situación a la ligera son muy claras. Vladimir Putin está en campaña para unas elecciones en las que pasado mañana casi con seguridad será reelegido, y difícilmente quiera emplear un tono conciliatorio contra los gobiernos extranjeros a los que tanto le gusta desafiar. Su política está construida sobre la base de un nacionalismo desafiante que tiene como objetivo revivir la gloria imperial perdida, así como hacer perdurar el resentimiento contra Occidente.

"El problema es que a Rusia probablemente no le importen las expulsiones diplomáticas, y las sanciones británicas seguramente le signifiquen poco en comparación con el amplio espectro de sanciones occidentales que ya han sido aplicadas contra Rusia como represalia por la anexión de Crimea", señaló The New York Times. "Sin embargo, si el mensaje de Rusia es que ningún ?traidor' puede estar a salvo en ningún lugar, cada nación debería enviarle un mensaje inflexible a Putin para hacerle saber que no puede usar sus armas de guerra en cualquier lugar".

Anteayer, la sesión del Consejo de Seguridad de la ONU empleó una retórica dura contra Rusia, pero pocas acciones concretas. Dentro de la Unión Europea (UE) no hay consenso sobre las nuevas sanciones potenciales contra Rusia, y las tortuosas negociaciones por el Brexit han afectado indudablemente la capacidad de May para coordinar una acción colectiva.

"El episodio pone de relieve hasta qué punto siguen sin resolverse las relaciones exteriores y de seguridad de Gran Bretaña con la UE en la era pos-Brexit", escribió Patrick Wintour, editor diplomático del diario The Guardian.

Lo que complica aún más la situación es el peso cada vez más importante de la presencia rusa en Gran Bretaña. Durante más de una década, Londres vio la llegada incesante de acaudalados inmigrantes rusos, incluidos oligarcas que huían del Kremlin y otros que todavía tenían el favor de Putin.

"Hoy, Rusia tiene en Londres más agentes de inteligencia que en la época de la Guerra Fría", señala The New York Times. "Cumplen una serie de funciones, incluido el establecimiento de contactos con políticos británicos. Pero la tarea más importante es vigilar a los cientos de pesos pesados rusos -los que están alineados con Putin y los que están en contra- que construyeron sus vidas allí".

El adversario más importante de Putin, el activista anticorrupción Alexei Navalny, también expresó su preocupación sobre la fuerza de la respuesta occidental. "Este escenario, me parece, es el más cómodo para Putin", dijo, en referencia a las sanciones simbólicas y a la serie de expulsiones ordenadas anteayer.

"Hay una segunda opción que sería verdaderamente dolorosa para Putin y su círculo corrupto, que consiste en aplicar sanciones contra los oligarcas y los funcionarios cuyas familias se han instalado hace mucho tiempo en Gran Bretaña", dijo Navalny. Esa todavía no parece ser una de las opciones que baraja el gobierno británico.

Traducción de Jaime Arrambide

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