Los padres ante el dilema de los pijamas parties mixtos

Si una chica quiere invitar amigos a dormir en su casa o viceversa, ¿hay que establecer reglas o conviene respetar la privacidad de los hijos?
Si una chica quiere invitar amigos a dormir en su casa o viceversa, ¿hay que establecer reglas o conviene respetar la privacidad de los hijos?
Cecilia Acuña
(0)
17 de marzo de 2018  

Discutir acerca de la amistad entre el hombre y la mujer es un asunto viejo, casi como fumar, algo que está completamente demodé. La cuestión es que no solo se trata de un tema anticuado, sino que también tambalea en el precipicio de lo políticamente incorrecto. ¿Por qué? Porque hoy ya no hay sexos sino géneros, identidades que se eligen por voluntad y libertad propias al margen de la biología. Es la perspectiva de género la que convierte, por ejemplo, a la película Cuando Harry conoció a Sally en un film repleto de prejuicios y estereotipos -aunque ya sepamos que no se debe juzgar el pasado con criterios del presente-. El concepto de género llegó para incluirnos a todos en la igualdad y para enriquecernos con las diferencias. Sin embargo, a los adultos todavía nos cuesta entender la naturalidad con la que viven los hijos esta nueva paridad, sobre todo, respecto de las amistades.

Uno de los temas que pone en jaque todo lo modernos que intentamos ser son las invitaciones a dormir. Si una hija de quince años invita a una amiga, perfecto, que venga. Ahora si esa misma hija invita a dormir a su amigo, al amigo que conoce de toda la vida, las alarmas suelen encenderse y transitamos el confuso límite entre subirnos a la ola, apegarnos a lo que creemos que es bueno o, en el mejor de los casos, contemplar el nuevo panorama para comprenderlo mejor y así decidir con fundamento. No son todos los padres, algunos lo entienden perfectamente, mientras que para otros es un no rotundo. Los que sí parecen tenerlo todo muy claro son los hijos y las hijas que aseguran que conocen muy bien la diferencia entre un vínculo de amistad y uno donde se juega la atracción, el amor y las tensiones sexuales. "Cada vez es más normal tener amigos varones. Para mí es la amistad más sana que hay porque no hay competencias con ellos ni te peleás por pavadas, los varones son más simples. Dan buenos consejos, te dicen la verdad de todo. Ninguno de ellos gusta de mí ni yo tampoco, por eso, me da bronca que cuando otros me ven con un amigo ya piensen que somos novios y nada que ver", cuenta Martina Chizzini de quince años.

De acuerdo con la psicóloga Marisa Russomando desde hace unos años es una costumbre cada vez más frecuente. "Comienza a suceder desde la infancia y se traslada a la pubertad y a la adolescencia. El posible conflicto surge porque los adultos tenemos otra mirada del tema", señala la especialista en maternidad y crianza.

Desde el frente de las nuevas generaciones se confirma la mirada de la especialista. "Está bueno que todos dejemos de pensar que el único vínculo entre un hombre y una mujer es el de pareja. Yo no hago diferencias entre las amistades. Un par de veces se quedó a dormir una amiga en casa, pero mi mamá y la de ella hablaron por teléfono antes y decidieron que durmiéramos en cuartos separados", dice Facundo García Poultier, de 16.

"Hoy es un hecho la amistad entre personas de distinto género sin que eso implique una atracción y sin necesidad de que el vínculo sea una pantomima para ocultar un posible acercamiento alentado por otros motivos. Pero no todos lo ven así. Por un lado, la mayoría de los adultos cree que ser amigos de chicas o al revés es una pantalla de humo con segundas intenciones y, por el otro, hay muchos adolescentes que no consideran que pueda haber una amistad honesta sino que piensan que es una falta de agallas para superar la friendzone", explica Santiago Bergallo, de 19 años.

"La relación entre hombre y mujer no necesita ser puesta en pareja para que sea maravillosa. Las diferencias enriquecen y se complementan. Antes había un modelo mucho más rígido y patriarcal. Hoy vivimos una transición. Y los padres están un poco perdidos. En el consultorio veo que para los chicos y las chicas es una relación natural que se da de forma fluida sin prejuicios", explica Miguel Tollo, psicólogo y psicoanalista especializado en psicoanálisis con niños/as y adolescentes y docente de Flacso.

La paridad y diversidad que hoy tanto niños como adolescentes perciben como naturales no lo fueron hasta no hace tanto tiempo. "Tengo cuarenta años, fui a una primaria mixta, pero todo siempre era chicas con chicas y chicos con chicos. En el jardín, jugábamos al rincón de la mamá o al de los autitos, pero si eras nena no se te ocurría ir a los autos, en ese caso, te consideraban una varonera. Y si algún niño quería jugar a la mamá sufría el peligro de ser estigmatizado de por vida. Una crueldad. No sé bien cuándo pasó, pero hoy los chicos y las chicas son buenos entre ellos, tienen mucha conciencia de la amistad, se nota que se quieren y eso es mucho mejor que en mi época", relata Celina Ferrero, diseñadora, con una hija de trece años.

Alejandra Parodi (42), psicopedagoga, con dos hijos y una hija de entre 21 y 18 años, después de haber atravesado primarias y secundarias durante la década del 2000, confirma que hoy la relación es de paridad: "Antes estaba de moda el debate de la amistad entre el hombre y la mujer y todo eso hoy ya fue, ya fue como la canción 'No quiero ser más tu amigo' que sedimentaba el cliché de que la amistad entre un chico y una chica siempre terminaba en amor. Nadie se lo pregunta hoy. Mis hijos me dicen Salgo con Fulanita/o, y a veces les pregunto, ¿pero esa chica no tiene novio? Y me miran como si yo fuera una extraterrestre. Cuando era chica te sentaban en el colegio nena-varón porque pensaban que así no ibas a hablar y eso hoy no existe".

Pero, entonces, ¿se quedan o no?

Acá es depende. Todo depende, como dice la canción. Aunque los especialistas advierten que en el intento por ser padres modernos no terminemos siendo ingenuos respecto de lo que sucede durante las profundidades de la adolescencia. "Celebro la paridad en la amistad y los vínculos entre chicos y chicas, pero no se puede desconocer que en este período irrumpe el impulso sexual por lo que las relaciones pueden cobrar otra dimensión por más confianza y claridad mental que haya. Mientras que ese impulso es muy fuerte, todavía es precaria la integración de la sexualidad con el resto de la personalidad. Esto no significa prohibir salidas, pero sí implica saber a conciencia que la sexualidad es tentadora y que lo que pueda suceder no es inocuo. Se trata del sutil malabarismo entre estar presente y, a la vez, no ser intrusivo en la intimidad de los hijos", indica Ariana Levovic, psicoanalista de niños y adolescentes y miembro del Forum de Infancias.

La decisión de quedarse a dormir en la casa de un amigo/a termina, entonces, en el criterio de los padres que no es tan unánime como el de los adolescentes. "Mi mamá nunca tuvo problema con que tenga amigos varones y que se queden a dormir en casa. A los nueve años hice un pijama party mixto y hoy me sigo quedando en lo de mi amigo Pancho", cuenta Ada Piro (21) que terminó la secundaria y hoy estudia producción audiovisual. Alba, su mamá, coincide: "Fui criada en una escuela mixta durante la década del setenta, por eso para mí la interacción con los varones está naturalizada. Me parece fantástico que los niños y las niñas se críen sabiendo que hay otros vínculos, no solo el noviecito o la noviecita".

Marisa Russomando asegura que, de acuerdo con su experiencia en el consultorio, a los padres no les molesta en general, pero sí les cuesta "porque este tipo de planteos viene a conmover estructuras de su educación. Como padres hay que acompañar y, a la vez, respetar los propios límites sin exponernos a situaciones que nos resulten incómodas. Ser modernos no significa obligarse a sumarse a todas las modas". Andrea Nieto (42) tiene tres hijos, dos varones (14 y 16) y una hija de cuatro años y si bien celebra la amistad entre chicos y chicas está convencida de que los adolescentes no tienen todo tan claro como para saber manejar ciertas situaciones. "En la adolescencia, lo sexual todavía es prematuro y difícil de manejar. Se corre el riesgo de que vayan probando experiencias como si las personas fueran cosas y eso no está bien. Se puede ser moderno pero tampoco hay que pasarse de mambo", cuenta.

Entre tanta diversidad de criterios, hay padres que no juzgan ni se meten. "A muchas amigas de mis hijos no las dejan quedarse a dormir en grupo, yo los dejo pero sabiendo a la casa de quién van. Si la amistad es sincera, genial, y si no lo fuera, uno como padre tiene que respetar también la intimidad de sus hijos", asegura Fabiola Fontenla (47), abogada, con dos hijos adolescentes. Es la conclusión de Levovic que explica que uno como padre y madre conoce al hijo, que sabe quiénes son sus amigos y puede quedarse tranquilo/a respecto de dónde se va a quedar a dormir: "El vínculo con los hijos no aparece de manera espontánea en la adolescencia sino que se viene construyendo desde que nacieron".

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.