El enojo de Angelici aumenta la presión del plantel de Boca para ganar la Copa Libertadores

El presidente fue crítico con los jugadores y les exigió una mayor actitud en la Libertadores; el liderazgo de Barros Schelotto, bajo la lupa
El presidente fue crítico con los jugadores y les exigió una mayor actitud en la Libertadores; el liderazgo de Barros Schelotto, bajo la lupa Fuente: Archivo
Franco Tossi
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17 de marzo de 2018  

La bomba establecía un tiempo que corría con lentitud, a la espera de que llegara su hora de explotar o de quedarse sin efecto en la Copa Libertadores, el máximo objetivo que tiene Boca y el que determinará cosas importantes a partir de los resultados, sean positivas o negativas. Pero la derrota con River en la Supercopa generó un cortocircuito que la alteró. Hacía mucho que en el vestuario xeneize no se vivían horas de nerviosismo, broncas y enojos: al contrario, se habían acostumbrado a la paz y relajación. En esa última sintonía se mostraron los jugadores al momento de encarar el superclásico, acaso lo que más molestó a Daniel Angelici , el encargado de hacer detonar una situación tensa a la que había comenzado a darle forma Carlos Tevez con sus declaraciones (culpando a sus compañeros) tras el fuerte cachetazo en Mendoza.

Si hay algo claro es que la actuación de Boca ante River repercutió en los hinchas y dirigentes mucho más que en el propio cuerpo técnico. De hecho, Guillermo Barros Schelotto pondrá en su visita del domingo, a las 17.45, a Atlético Tucumán un equipo similar al que jugó los últimos dos compromisos, con variantes obligadas debido a las suspensiones de Edwin Cardona y Frank Fabra. En cambio, en la dirigencia pegó y duró. Es cierto que, para los Mellizos, en el clásico la prioridad era ganarle a River y no el título de la Supercopa, pero para quienes manejan el club también lo era alzar el trofeo, para hacer un poco más simpática la relación con los fanáticos, más allá de que son conscientes del significado que alberga la presente edición de la Libertadores para la institución de la Ribera.

La cara del presidente boquense, a medida que transcurrían los minutos del encuentro, lo decía todo. Todo lo que ayer por la mañana debieron escuchar los futbolistas del plantel que entre él y Guillermo Barros Schelotto vienen armando hace casi dos años, desde aquella derrota ante Independiente del Valle por la Copa Libertadores 2016. Todos se preguntaban el por qué de la ausencia de Angelici en la práctica del jueves: aquello se respondió con su presencia de ayer en el Complejo Pompilio que tanto revuelo trajo.

"Mientras Daniel (Angelici) habló, en el vestuario no voló ni una mosca", le detallaron a LA NACION desde las entrañas del club. Hasta Carlitos se dedicó a escuchar el descargo del presidente sin acotar ningún comentario. Palabras más, palabras menos, Angelici les dijo a los jugadores en tono elevado: "Jugaron como si fuera un partido de verano y esto era una final. No me va a temblar el pulso para echar a quienes no cambien la actitud. Ayer (por el jueves) no vine porque sino echaba a varios". Otra fuente agregó: "Fue a hablar con los jugadores y los trató con dureza. Se dirigió al grupo en general, pero está claro que siempre la ligan los más grandes, son los que más responsabilidades tienen".

La derrota también puede generar diferencias en la estructura. Porque la actitud de Angelici no conformó a todos sus pares de la comisión directiva ni tampoco están de acuerdo con que se haya hecho público algo que consideran privado. Hay quienes sienten que el presidente se equivocó, que le salió la imagen de hincha antes de la de dirigente. Aunque no lo juzgan: saben la bronca que viene masticando con el transcurso de los años, por tantas frustraciones de las que, obviamente, el presidente no está exento.

Se hartó de la ausencia de reacción y actitud en partidos importantes, esos que te marcan, que no entregan margen de error. En el ciclo de los Barros Schelotto es la cuarta vez que se falla en este tipo de contextos: eliminación en semifinales de Libertadores 2016 ante Independiente del Valle, dos derrotas ante Rosario Central (un rival con el que se empezaron a jugar partidos especiales) por la Copa Argentina 2016 y 2017 y la caída reciente en el superclásico. El presidente empieza a notar que esos partidos son típicos de Copa Libertadores y que en el actual plantel dejan la mandíbula a resguardo para que el rival golpee fácil. Y la competición continental que para Boca arrancó en Perú con un empate 0-0 ante Alianza Lima, hace algunas semanas, es la edición más importante del mandato por ser, posiblemente, la última chance que tenga Angelici para ganar la Libertadores y fortalecer al oficialismo rumbo a las elecciones de fines de 2019. Y siente que sus jugadores, esos por los que algún día apostó, nunca le responden en los días trascendentales.

Por otro lado, la bomba no solo se detonó en el vestuario a partir de las palabras del Tano: Tevez también convulsionó la vida del xeneize a partir de sus sensaciones, en caliente, tras la dura derrota. "Perdimos por dos errores nuestros, el penal y, en el arranque del segundo gol, no cortamos la jugada en el momento que debemos hacerlo", expresó el N°32, sin autocrítica por su mal desempeño. Indirectamente, parece apuntarle a Cardona, quien le cometió la infracción desde atrás a Nacho Fernández en el primer tiempo y quien soltó la marca del mismo futbolista en el contraataque del 2-0 que Scocco transformó en festejo.

Aquella jugada fue motivo de crítica periodística hacia el dueño de la camiseta N°10, pero el Apache expuso ese reproche ante la prensa y no dentro del vestuario. Ese accionar molestó a varios integrantes del plantel. Uno de los experimentados se le habría acercado para preguntarle por el motivo de sus dichos. Hace poco, Ricardo Centurión, exhombre del club, había preferido no responder cómo era Carlitos como compañero: "¿Cómo es Tevez?, paso...", se limitó a decir. Este último, lejos de imponer una imagen de líder, con actitudes como tras la derrota con River solo fue dándole la derecha a los dichos de Ricky. Y en el plantel eso no gustó.

Esta situación también salpica al Mellizo, pone en juego su liderazgo. Porque debe levantar el ánimo de los jugadores, conseguir que el equipo se recupere enseguida para intentar ganar en Tucumán y también porque está en el medio, entre los retos de su presidente y las reacciones que puedan generar en sus futbolistas. El entrenador, hasta antes del traspié con River, estaba convencido del juego del equipo, viendo algunos detalles por corregir pero conforme e identificado con el andar de Boca. Habrá que ver ahora si produce algún cambio (más allá de las modificaciones obligadas por suspensiones) o busca generar una reacción renovando la confianza en sus dirigidos. Guillermo, junto con Tevez, quedaron en el centro de los cuestionamientos.

En la previa, una posible derrota ante River no auguraba mares embravecidos durante el tranquilo viaje boquense. Pero Boca perdió con una imagen desdibujada y eso generó coletazos: primero, declaraciones desafortunadas de Tevez, machacando errores de sus compañeros. Y, después, con los retos de Angelici al plantel, ya que el presidente entendió que Boca pareció negociar la actitud. Acto seguido, se produjo un ultimátum que hizo más grande la obligación de obtener la Copa Libertadores.

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