De la glotonería y las artes de la buena mesa

Víctor Hugo Ghitta
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17 de marzo de 2018  

Digámoslo con un lugar común: el libro es una delicia. No ya por el desfile de manjares, sino por la elegancia y amabilidad de estilo con que Grimod de la Reynière -primer periodista gastronómico de la historia, entre fines del siglo XVIII y principios del XIX- consigna los detalles de la buena mesa de la época. Educado entre jesuitas, diletante literario, crítico de teatro y libertino en materia sexual (para algunos a la altura de Sade por su afán de provocación), fue un estudioso de ese arte en apariencia pequeño (el de la buena mesa) y fundador del célebre Almanaque de golosos, además de un anfitrión exquisito y excéntrico que sirvió mesas de una espléndida teatralidad a la intelectualidad y la burguesía parisina de su tiempo.

Parte de su legado está en este Manual de anfitriones y guía de golosos (Tusquets), una exquisitez de época en medio de tanta publicación gastronómica "modernista". La crónica de la historia mínima dejará opíparo al lector interesado, que acaso haya visto dos piezas de la colección: La mafia se sienta a la mesa y Por qué a los italianos les gusta hablar de comida.

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