Inteligencia de las cosas, o el inicio de una nueva revolución

Los dispositivos de la vida diaria con inteligencia artificial incorporada conforman un "próximo adyacente": un futuro que ya está ocurriendo con solo una frontera de por medio
Los dispositivos de la vida diaria con inteligencia artificial incorporada conforman un "próximo adyacente": un futuro que ya está ocurriendo con solo una frontera de por medio
Sebastián Campanario
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18 de marzo de 2018  

La etiqueta que se le da a un nuevo híbrido de moda entre dos tecnologías exponenciales bien podría ser el título de una novela, al estilo de "La soledad de los números primos", "La inteligencia de las flores" o "La posibilidad de una isla". De todas las combinaciones que se están produciendo entre tecnologías disruptivas tal vez una de las más potentes y cercanas en el tiempo sea la de la "inteligencia de las cosas", la cruza de Internet de las Cosas (IoT, según sus siglas en inglés, con el mismo acrónimo que la mezcla) y la inteligencia artificial (IA).

"Por distintos motivos, es muy probable que la inteligencia de las cosas tenga en el corto plazo una velocidad de despliegue más rápida de la esperada", cuenta Soon Lee, ingeniero a cargo del área de innovación en productos, servicios y contenidos de Samsung América. Esta subestimación se produce en parte porque se trata de una avenida ancha de avances en miles de pequeños dispositivos o sensores cada uno de los cuales por sí solo no da un título rimbombante, pero a nivel agregado pueden producir más impacto en los negocios y en la vida cotidiana que otras tecnologías más espectaculares.

Los dispositivos de la vida diaria con inteligencia artificial incorporada conforman lo que en innovación se denomina un "próximo adyacente": se trata de un futuro que ya está ocurriendo o está muy cerca, con solo una frontera de por medio. Y, al contrario que otras tecnologías previstas, como los vehículos autónomos o las criptomonedas, su velocidad de adopción masiva no depende de cuestiones regulatorias ni de la resistencia de industrias incumbentes (automotrices, choferes, bancos, en los dos casos mencionados), y por lo tanto Lee cree que la combinación entre inteligencia artificial e Internet de las Cosas fluirá naturalmente y con corriente cada vez más intensa.

En una presentación ante clientes, Lee muestra cómo con sensores muy pequeños, baratos y casi imperceptibles ya se pueden dar "órdenes" a una mesa, una planta o cualquier objeto inanimado de la casa o de la oficina. En una industria que mide al milímetro cada palabra que se dice (a pesar de que el Mundial de Rusia es el principal driver de ventas de Samsung en América Latina este año, la firma no puede mencionarlo porque su competencia es sponsor oficial), la compañía coreana tiene un discurso frontal en el campo de la IA: el ingeniero muestra un video donde Alexa (la propuesta de Amazon) se equivoca todo el tiempo (pone heavy metal para despertar al usuario, abre demasiado las ventanas) y Bixby, el asistente de Samsung, no.

Este camino de una multitud de pequeños cambios que propiciará la inteligencia de las cosas en el corto plazo es lo que lleva a tecnólogos como Marcelo Rinesi, del Instituto Baikal, a pensar que podemos estar errando, en términos de atención y de recursos destinados, a la hora de proyectar cuáles serán las tecnologías exponenciales con mayor impacto real en el corto plazo, aunque tal vez con menos glamour.

"Cada vez se consolida más la idea de que la mayoría del impacto de la inteligencia artificial no va a venir necesariamente a través de las aplicaciones sofisticadas en industrias específicamente de tecnología, sino en su difusión más bien banal en la 'materia oscura' económica, que son todas las industrias y servicios tradicionales", explica Rinesi. Por ejemplo, es muy probable que el mantenimiento preventivo universal de equipos de transporte sea más importante (en términos económicos) que el de camiones sin conductor, o vehículos automanejados en general, que hoy se llevan mucha más cobertura mediática.

O en el área de reconocimiento de textos e imágenes el impacto masivo será mayor para procesamiento semiautomático de formularios que en reconocimiento facial para políticas de seguridad, aunque todos estemos hablando de cómo la policía china identifica delincuentes con lentes con cámara e inteligencia incorporadas.

En estos caminos incrementales y menos estridentes no solo hay menos incumbentes que resisten el cambio (justamente la multitud de pequeñas modificaciones hace que se atomice también la resistencia), sino que aparecen "aliados" en sectores tradicionales dispuestos a apalancar los avances. Luego de recorrer la última megaconvención CES de tecnología en Las Vegas, el experto en innovación Benjamin Joffe, socio de la consultora Hax/Sosv (uno de los estudios privados que en la actualidad mejor siguen el terreno de hardware e Internet de las Cosas), sostuvo que una de la movidas más interesantes vinculadas al campo de la IoT y la IA era justamente el apoyo e interés de las grandes aseguradoras tradicionales para apurar este modelo preventivo al que hacía alusión Rinesi, en lugar del reactivo (cuando se rompe, se arregla) que imperó en lo que va de la historia del capitalismo.

Para Rinesi hay un océano enorme de oportunidades, porque los avances de la inteligencia artificial se concentran demasiado en la industria del software, que es la que está más cerca de los desarrolladores. "La gran mayoría de los esfuerzos de aplicación de IA van justamente a esa industria (salvo Amazon, que sí se enfoca sistemáticamente en aplicar IA a cada paso de logística y ventas, por trivial que parezca) y hay muy poco en las fricciones, en el día a día de procesos en sectores más tradicionales", dice Rinesi. Esa es la brecha que los sensores cada vez más baratos, la Inteligencia de las Cosas, pueden cerrar. "Otro factor es que todo el mundo persigue la oportunidad de un billón de dólares: las hay y son revolucionarias, pero el impacto de la electricidad no fue solo el foco, sino las miles de aplicaciones puntuales, como válvulas y motores industriales, sensores y cintas transportadoras", agrega el científico de datos.

¿Otro ejemplo de subida del escalón de Internet de las Cosas a inteligencia de las cosas? Pasar en el campo de la salud de sensores que avisan al médico cuando algún indicador anda mal a dispositivos que directamente administran y proveen tratamiento. Es lo que se está denominando "medicina 4P": preventiva, predictiva, personalizada y participativa.

Si tiene que elegir un dato para resumir el último CES, Joffe cuenta que, aunque la feria supuestamente es un "show de electrónica para consumo" (de ahí la sigla en inglés), lo más relevante de lo que vio pasa por la galaxia B2B (de negocio a negocio). "Los productos tienden a ser menos llamativos, pero van directo a una necesidad concreta de un negocio", explica el socio de Hax. Aunque los medios se focalizaron en robots que hacen el baile del caño, lo importante, para Joffe, pasó por otro lado. En ese aspecto, es terminante: a casi 250 años del patentamiento de la máquina de vapor por James Watt, en 1769 (considerado un hito fundacional de la Revolución Industrial), "hemos llegado a un punto inicial de una nueva revolución, una evolución de un ecosistema que trae toda una nueva ola de productos que nos cambiarán la vida".

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